viernes, mayo 08, 2009

Sigue la música

Por estos días escribo por todos lados; la cosa -¡caramba!- es que no han llegado acá las letras recientes; entre otras cosas preparo un homenaje con una obra que tá bueno el reto; trabajo un texto interesante e investigo lo que puedo sobre los códigos estéticos en el cine del '36; por estos días las voces y los tambores se multiplican y se diversifican, así que me pongo música y me dedico a cantarla, mientras golpeteo el sillón este en el que permanezco leyendo durante horas.

Este estadio se ha ido prolongando de enero a la fecha, supongo que es parte del número de horas que paso trabajando entre un libreto de teatro y una parte de textos que amenazan con doler mucho, y le doy vueltas y vueltas a la que ya está escrita y hay que trabajar.


Sé que llevo días con la lengua y la cabeza revuelta, engrapada a las hojas; una razón es completamente absoluta lo estoy pasando muy bien. Esta cosa de tener libros abiertos de mil temas es un poco confusa, pero es interesante el resultado. Quiero mostrar unos textos sobre relato en el que trabajo de un tiempo a la fecha, ponerlos acá, pero como los estoy trabajando y no traigo mucha cabeza más que pa' la revolución mexicana, pues prefiero dejar esta canción que nada que ver con mis ganas pa' adentro, pero que me ha gustado de recién, tal vez es por todo lo que no quise que me pasara, o simplemente no estaba preparada para hacerlo, y se llama:


El satánico Dr. Cadillac
Intérprete: Los Fabulosos Cadillacs



Voy a tomar por vos
pasa un trago para olvidar
que el miedo te comió los pies
y que ahora sos un tipo más
y que poco a poco te fuiste yendo
y que poco a poco te fuiste yendo de nuestro lugar

Te sienta bien el sol,
te sienta bien ser cool,
te sienta bien el mal,
te sienta bien ser Dios,
te sienta bien mentir y decir
que te fuiste yendo de nuestro lugar

Que es lo que ha pasado con tu corazón
ya no marca el paso que marcaba ayer
nunca fuiste libre y esa es la razón
siempre hay un idiota para convencer
hablas toda la noche como un boy scout
hablas sobre mi vida como tu papá

Los Cadillacs tocando para vos
los Cadillacs tocando para vos
los Cadillacs tocando para vos
los Cadillacs tocando para vos



jueves, mayo 07, 2009

Pausa musical

Me gusta montones esta canción. El cantautor se llama Roque valero, venezolano. La comparto. Así nomás.





Nuestra historia




Nuestra Historia es tan extraña y divertida
que no creo que nadie se atrevería
a contarla, emularla o discutirla
pues carece de sentido y melodía
nuestra historia no es tan buena ni es tan mala
y aunque lo parezca no es la equivocada
solo es una rara historia que va, que regresa
que sueña y promete, ser un poco diferente.

Nuestra historia es tan compleja y dispareja
absoluta, relegada e inocente
que si tuvo algún pasado, no hay presente
y el futuro se me hace inconsistente
esta llena de reclamos olvidados
fueron muchos los errores oxidados
esta es una rara historia que va y que regresa
que sueña y promete, ser un poco diferente
(chorus):
Nuestra historia es tan extraña que aunque quisiera cantarla
no podría, mi garganta esta vencida y desgastada
de tanto gritar tu nombre al llegar y no verte en casa
se me gasta la memoria, recordándote en la cama
Nuestra historia es tan absurda, es tan loca, inhumana
que el final es un comienzo y tengo que aguantar mis ganas
de abrazarte por las noches y buscarte en las mañanas
se me acaban los recuerdos esperando tu regreso

Nuestra historia tonta y de telenovela
esta llena de altibajos y condenas
no es tan larga, no es tan corta ni es eterna
cuesta mucho sacrificio mantenerla
hay problemas serios con las emociones
tiene inmadurez y precipitaciones
esta es una rara historia que va y que regresa
que sueña y promete, ser un poco diferente

Nuestra historia es de venganzas y mentiras
estrategias y de falsas reconquistas
hay llamadas que nunca han debido hacerse
y miradas que el tiempo las desvanece
esta historia me ha hecho perder la cordura
ella empieza, se termina y continua
esta es una tonta historia que va y que regresa
que sueña y promete, ser un poco diferente




Fuente: musica.com


Roque Valero

martes, mayo 05, 2009

Estampas de otredad 4

Regina
- ¿Miraste mi nombre?
- Lo dejé en la escalera, pensé que... tal vez...
- Lo olvidaste.
- ¡Regina!

¿Sabes algo acerca del cáncer?
No es sólo signo de muerte. Creo que le llaman culpa, miedo, resentimiento, ventaja. Le llamo la ley del tiempo, se cumple sin que intervenga la voluntad, así, y ayer por la tarde el tiempo tocó a mi puerta, me llamó por mi nombre.

Supongo que fui yo quien dejó a una niña mirando por la ventana sintiéndose gota de lluvia, tiempo de agua clara, cielo reventado; sólo sé que comenzó a evaporarse con cada verano, y sus ojos se hicieron tormenta y su voz se hizo mi nombre. La abandoné, es cierto, pero no soy culpable. Ella, era por sí un desierto, un aire grisáceo que apretaba la garganta, y los médicos la nombraron “asma”.

Cáncer; no comprendo la palabra, el médico repite las posibilidades, miro sus labios, pero no comprendo lo que dice, lo que busca; él sonríe, yo me quedó seca con los labios entreabiertos y la boca tumorata, afirma una y otra vez: “Regina, tienes posibilidades...”. Posibilidad, no existe la palabra, el cielo es verde como entonces, como cuando él se marchó. Le llamaron mi padre, lo bauticé mi verdugo, y me quedé cada día en la ventana a esperar que olvidara… que olvidara el dolor, la vergüenza; que olvidara la rabia de mi madre, los ojos de mi abuela; que olvidara cualquier cosa, pero que no se olvidara de mí. No lo conseguí.

Ahora es tarde, el tiempo se viste de derrota y… no, no me siento culpable: debía dejar a esa niña, aunque después, veinte años después olvidaría de nuevo mi nombre en la escalera, esperando que seas tú quien lo encuentre. Cáncer. Lo sé, me llaman Regina. Mi nombre se quedó en la ventana, mientras me evaporaba.

lunes, mayo 04, 2009

Estampas de otredad 3

Miranda



“Las mejores promesas son esas que no hay que cumplir”.

Joaquín Sabina




-¿Por qué no te quedas y buscamos el silencio?
-No puedo.

Miranda cerró la puerta, dentro, alguien, un “alguien” que ya no seguirá esperando. Ella lo sabe, camina, cuenta los escalones, revisa la forma en que las grietas de las paredes del lugar que abandona le llaman: son rostros sin sosiego que claman un lenguaje que ella hoy no consigue entender.

De súbito, sin comprenderlo, sin razonarlo, se detiene, hay una grieta que ella había notado cada tarde mientras recorría este camino, pero ha desaparecido. Solloza, no tiene claro si es por su ausencia o por su presencia. Miranda llora, su llanto le entrega la grieta que faltaba en el rostro, le zanja el último artificio de distancia entre la puerta que ha dejado y aquélla grieta desaparecida.

Antes de irse, justo en el momento de abrir la puerta, mira por último los escalones, -aquellos que descendiera y ascendiera por tantas veces al encuentro de alguien a quien ella consideraba su promesa- los cuenta, sorprendida se percata que falta uno, el mismo en donde más de una vez se detuvo a intentar comprender qué haría, a dónde iría sin él, recuerda:
- Prometo quedarme siempre, siempre contigo.
- Siempre es un lugar que no conoceremos. No lo digas más.
- Me quedaré contigo, Miranda, moriré a tu lado. Lo prometo.
- Sólo quiero silencio. Un espacio en el tiempo adonde guarecerme. No prometas nada. No lo digas.
- Miranda, escúchame, no te faltaré… seré tu tiempo.
- No lo digas. Olvídalo. Las mejores promesas son esas que no hay que cumplir.

Miranda regresa del tiempo; sacude su cabello, cierra los ojos y se concentra en salir, se percata entonces que el escalón de ascenso no aparecerá, porque ella no seguirá allí, no lo consiguió: se atrevió a prometer y la vida le regresó la grieta en el rostro, una pequeña arruga en el entrecejo que la hace saber que todo ocurrió, su madre decía: “Las cicatrices son gratas, nos recuerdan que el pasado, las heridas del pasado existieron”.
Con cuidado abre la puerta, detrás el tiempo, las campanas de “te quiero”, “no te vayas”, “me quedaré contigo”, han cesado. Ella respira, nada prometió y lo que antes haya dicho, fue lo mejor, se quedó sin cumplir.

domingo, mayo 03, 2009

Estampas de otredad 2

Adrián

"¿Afuera llueve? Aquí, adentro, también".


Adrián se detuvo frente a la puerta del dormitorio para mirar otra vez, recién lo compró y no hace más que mirarlo, le ha puesto nombre contra las indicaciones de su madre, quien enfadada le dice: “Adrián, estás loco, es sólo un paraguas”.

Adrián cree que no es así, sonríe mientras lo toca; con el paraguas reciente se suman treinta, tal pareciera que deseara uno por cada año de su vida.

- Llueve madre, y llueve suficiente para buscar guarecerme

Adrián piensa en la estatua de mayo, una columna que en su pensamiento convirtiera en estatua, para admirarla, para quedarse detenido frente a ella como una obra de arte. Esa tarde llovía, Adrián transitó la avenida sin cuidarse de la lluvia, al llegar a la esquina tuvo necesidad de recargarse en su sombra, se sujetó a una columna, y al separarse miró en ella su sombra petrificada, se supo entonces lluvia y se sintió reventado, chorreado siempre con agua en los cabellos, en el cuerpo, en los ojos. Desde entonces se propuso un paraguas por cada año en que se sintiera lluvia, se aferró a esta idea y comenzó a transitar por la calle con un paraguas distinto al que ponía un nombre y un destino.

- ¿Adrián, qué sucedió aquella tarde, lo recuerdas?
- ¿La estatua de mayo?
- Sí, era mayo, ¿qué sucedió?
- Afuera llovía, llovía mamá, yo llovía también.
- ¿Y María?
- Fue un accidente. Ella era de viento, voló y, despedazada, se volvió viento en mis ojos. Desde entonces, no hay días sin lluvia.
- Adrián...
- Entiende ¿Afuera llueve?
- Sí, pero...
- Aquí, adentro, también. Tal vez si compro otro paraguas... le llamaré Mónica.
- ¿Y María?
- Sólo llueve.

sábado, mayo 02, 2009

Estampas de Otredad

Ana
Abril 9, 2004

¿Leyó los periódicos?


Recogieron frente al ángel de la independencia una nube quemada y en silencio. Dicen que llevaba bordes rojos, tornasoles; también se escucha entre las calles los gritos de algunos diciendo que todo es mentira, que el hueco de un dragón la esfumó y se trataba de la cabellera de una niña -ya ve, la verdad no reside en el silencio.

Se llamaba Ana, sé su nombre porque algún periódico lo colocó en el encabezado: "El corazón de Ana es una Nube roja", decía. Sin embargo, en esa foto, no es su cabeza la que me alertó, lo que realmente puedo considerar como una señal de alarma fueron sus ojos, algo en sus ojos que no atino a comprender, algo como temor o viento negro. Una pesadilla para una mujer de su edad.

Y sus manos… vi sus manos en la foto de la primera plana, se adivinaba en la textura de su piel, el peso de la edad, sumado a ello, se encuentra el hecho de llevar entre ellas una escultura de madera, exacto no sé decir el volumen; supe que era de madera porque fue la nota que impresionó a los periodistas: estaba intacta.

¿Qué cree que llevaba entre las manos? Yo no lo sé... Me gusta pensar que se trataba de su propio cuerpo tallado, lo conservó mientras todo ardía, y el corazón no terminaba de secársele. Ana, debía de tener 8 ó 10 años de edad, no la preciso porque no la nombraron en los titulares, ya no quise indagar, suficiente es que todo nos arda, para embestir en apuntes necrófilos. Después de todo, con el infierno como cabellera, qué más daba si tenía la edad de una niña, la sed de una mujer, y el corazón aterido de una anciana.

Ana y su cabeza de nube roja, debió de ser una gran batalla. “Sus padres siguen sin entenderla”, decía el reportero; y yo pregunto ¿por qué habrían de hacerlo? Cuando miro la foto comprendo que el delirio es tan grande, que el dolor es un vestigio que inunda lo que toca, que alcanza la piel; y que en la cabellera, tan cerca del pensamiento se arrumacan uno contra otro todos los "te quieros" no pronunciados... ¿Cómo no arder, si por dentro y por fuera llueve, pero no apaga lo que consume, lo que se ha convertido en fuego?

jueves, abril 30, 2009

C A L M A

Anda por allí la palabra revoloteando... en el aire. Yo digo PAZ. Grandote. Soberbio. Tranquilo. Con el alma. Digo: P A Z.





Me gusta la sensación: P A Z.








P


A


Z





Es así, como sentir el vuelo de un papalote, y yo soy el papalote, pero hay suficiente cuerda para que no me sienta atada. .






Libre... sí, soy libre. De cuando en cuando respiro y sin parpadear extiendo los brazos, segura estoy: hay con quien mirar el cielo y saber que estamos a salvo volando, en el aire, porque el tiempo estorba y las formas sobran.


P
A
Z










[Cambio y fuera]

martes, abril 07, 2009

La versión de Joaquín Sabina

Amo a Sabina, hay una canción de su disco "Esta boca es mía" que me fascina particularmente, seguro que a más de una nos identifica, tengo mi propia versión de esta canción en un poema reciente, así que ahora pondré la letra de "Mujeres fatal" y después mi versión como tal ja-ja-ja



Mujeres Fatal
"Hay mujeres que arrastran maletas cargadas de lluvia,
hay mujeres que nunca reciben postales de amor,
hay mujeres que sueñan con trenes llenos de soldados,
hay mujeres que dicen que sí cuando dicen que no.
Hay mujeres que bailan desnudas en cárceles de oro,
hay mujeres que buscan deseo y encuentran piedad,
hay mujeres atadas de manos y pies al olvido,
hay mujeres que huyen perseguidas por su soledad.

Hay mujeres veneno, mujeres imán,
hay mujeres consuelo, mujeres puñal,
hay mujeres de fuego,
hay mujeres de hielo,
mujeres fatal.
Mujeres fatal.
Hay mujeres que tocan y curan, que besan y matan,
hay mujeres que ni cuando mienten dicen la verdad,
hay mujeres que abren agujeros negros en el alma,
hay mujeres que empiezan la guerra firmando la paz.
Hay mujeres envueltas en pieles sin cuerpo debajo,
hay mujeres en cuyas caderas no se pone el sol,
hay mujeres que van al amor como van al trabajo,
hay mujeres capaces de hacerme perder la razón.
Hay mujeres que compran a plazos un nicho en el cielo,
hay mujeres que cambian abrazos por ramos de azahar."


Joaquín Sabina

lunes, abril 06, 2009

"Al amor no se le pone pausa": ¡Patrañas!

Dicen que yo contaba a la de tres y como una buena magia las cosas desaparecían y todo era más sencillo de ver al día siguiente:
1. "A la de tres me estreso", solía decir y era una realidad, algo que pasaba tres veces seguidas me estresaba suficiente para no desear saber nada más.
2. "A los tres días ya estaré bien", y así era la gripa peor cuidada sanaba con cafiaspirina y reposo.
3. "Dame tres semana y te olvido", y mi memoria era cubierto de olvido que no recordaba lo que sentía.
Y como todo es a la de tres sólo eran tres frases recurrentes... hace no muy poco alguien me dijo el encabezado de esta entrada, me conmovió tanto que accioné, la propuse como detonante y decidí re-pensarla muchas veces hasta que la comprendiera y le diera su justo valor. Lo cierto es que las palabras son palabras y se redireccionan a conveniencia, el arma siempre apunta hacia otro lado, pero no a la propia cabeza.
Ahora pienso y reflexiono esta frase, me parecen verdaderas patrañas, utilizadas a conveniencia, deshonestas y sin la fuerza que les encontraba, tal vez porque (siguiendo con la idea de las frases) "cada quien habla como le va en la feria" y a mí la frase no me funcionó. Sé admitir cuando me equivoco, sé manejar la deriva, como los barcos y sé que cuando hay "temporal" la lluvia se cierne y nomás hay permiso pa' llorar... No se trata entonces de ponerle pausa, stop, rewind o cualquier otra palanca, se trata de honestidad y en este mundo tan bizarro... no queda mucha. No seré yo la más honesta donde me autonombro "farsante" de pies a cabeza, al menos conmigo lo saben quienes me lean, es "farsante",mi tristeza puede durar medio día, el parasiempre me dura una noche, y el amor ... el amor lo considero a perpetuidad, tantos como palabras en un diccionario.
Así que esto de las pausas o las falsas "grabaciones", a mí al menos no me funcionó... lo tengo sabido, porque el olvido está siempre tan lleno de memoria que asusta al más obstinado.
Hoy ando desmemoriada, no sé quién me dijo la frase ni si estaba en contexto, sólo sé que quien lo haya hecho vio la paja en el ojo ajeno sin mirar el propio.


[cambio y fuera.... ni siquiera aquí le pongo pausa]

viernes, abril 03, 2009

El color y una despedida

El color es un sueño que se viste rojo

El color es el ladrido de Morgan

Es el absurdo de mis ojos en la madrugada

el color es este grito y la noche que cae

el color se mira lento y no funciona



prrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrp!




Plaf!


No quiero seguir escribiendo las mismas formas obscenas, las palabras son aullidos de una historia concluida que no deseo seguir escribiendo. "Despedirse de lo que ya se ha ido" decía el hombre, no termino de hacerlo. Hoy me canso y descanso de esta historia que no tiene fin, porque no tiene comienzo.



Escribamos sobre Campbell o la película que he visto, hablemos de Yalom y el nuevo cd de Ismael Serrano, expliquemos el ladrido de mi cachorro que es mìo y se llama Morgan y es negro y es feliz y despierta a las siete buscando un poco de leche, un poco de abrazos, como yo que mientras le sirvo la leche, busco un libro y un nuevo comienzo.


Buena tarde y hasta siempre... porque a este dolor, le canto la despedida: no te vuelvo a ver.






Mua!





[Para lo de siempre: cambio y fuera]