lunes, enero 11, 2010

Reuters

A mí me encanta la fotografía, y hace un tiempo me di a la tarea de buscar ese tipo de fotografía que "dice", da noticia, revisa la realidad, la examina... así fue como me tropecé con los aportes de la Agencia Reuters de noticias, la compartía por aquel entonces, pero después entre el trajín de la vida se fue empolvando ese compartir. Ahora redimensionando lo que veo regreso a ella, como he regresado a dar registro de lo que veo en este sitio. Quizá no sé si alguien comparte esto conmigo, ni siquiera sé si alguien me lee, porque he escrito acá jugando al malabarista hacia el futuro y hacia el pasado. Tal vez como en esta foto que he elegido hoy, "pasar de un punto a otro", para seguir en movimiento: Panta rei.



Un joven palestino ejerce sus habilidades parkour en Khan Younis, en el sur de la Franja de Gaza 31 de diciembre 2009. Parkour, o "el arte de moverse", implica pasar de un punto a otro tan eficiente y rápidamente como sea posible, mientras que superar los obstáculos, involucra principalmente la capacidad de la constitución humana.
Crédito: REUTERS / Mohammed Salem

domingo, enero 10, 2010

El pez dorado -Le Clézio



Hace un año por estas fechas aproximadamente me obsequieron dos libros, uno de ellos de Jean- Marie Gustave Le Clézio, el otro de Doris Lessing; supongo que es parte de lo que ocurre conmigo cuando hay que darme un obsequio, es inmediato saber que un libro será un excelente regalo, porque así es, la cuestión acá es que se trataba de "El diluvio" y "El cuaderno dorado", respectivamente, ambos libros son excelentes, creo que los comentaré en otro momento. Los autores que he mencionado tenían la no coincidencia de ser premios nobel, como ahora deseo el libro "El columpio de la respiración" de Herta Müller.


Regresando al tema de todo esto, meses más tarde, en mi grupo de amigos se comenzó a comentar sobre el interés de un libro, "El pez dorado" de Le Clézio, comentaban que era muy hermoso o que podía serlo, que narraba una excelente historia, la cuestión era el interés que mostraban hacia él, decidimos leerlo, pero la verdad es que no todos cumplimos con el propósito, sólo dos de nosotros que aún no lo hemos comentado lo hicimos.


El pez dorado(Poisson d'or) Jean-Marie Gustave Le Clézio Traducción: Mercedes Corral Editorial: Tusquets Colección Andanzas (392) Género: Novela


La novela narra la historia de Laila quien es una joven marroquí que fue secuestrada a los seis años. Laila hará todo lo posible para sobrevivir gracias a la pasión que tiene en la literatura y la música, esta niña que fuera secuestrada, vendida, violada y maltratada, ante los ojos de Le Clézio, posee un deseo impasible de lucha, de coraje, la narrativa de Le Clézio es maravillosa, pues más allá del morbo, el dramatismo fácil, el clisé está el coraje, el amor por la vida, por la luz.


El autor puede diseccionar el carácter de este personaje, transparentar el espíritu de Laila, desde la primera página: "Cuando tenía seis o siete años, me raptaron. En realidad no me acuerdo muy bien de cómo fue, porque era demasiado pequeña y todo lo que he vivido después ha borrado ese recuerdo. Es más bien como un sueño, como una pesadilla lejana, terrible, que se me repite algunas noches y me deja alterada durante todo el día. Hay una calle blanca por el resplandor del sol, polvorienta y vacía, el cielo azul, el grito desgarrador de un pájaro negro y, de pronto, unas manos de hombre me arrojan al fondo de un gran saco y me ahogo."


La novela está narrada en primera persona, ese estilo intimista, genera un acercamiento particular entre lector y autor, una relación así como en una conversación frente a frente. Conforme la novela se tiende en el escenario presenciamos una verdadera tragedia, un cúmulo de emociones humanas, y lo humano a veces es también lo terrible, y la vida de Laila es vigorosa y tierna, cruel y abrumadoramente intensa. No podemos ser "El pez dorado", pero sabemos que ese personaje de papel, conforme transcurren las páginas, está dotado de una fuerza y una sensibilidad más propia de las pasiones, de lo que somos. Laila era un pez dorado, como los peces, tal cual, pero no podré decir en este espacio por qué podría serlo, pues de hacerlo te perderías leerlo, saber, saborear, escuchar y comprender la terrible y por cierto luminosa visión de "El pez dorado" de Le Clézio.

sábado, enero 09, 2010

Un jueves 7

Nací un siete de junio, mi padre solía recordarlo siempre. Y fue un jueves 7, cuando me sentía bastante mal en resumen y sin mucha idea de ahondar en lo que ocurrió, me dormí gastada y cansada de hacer lo mismo y esperar resultados diferentes. Amaneció y ya entrada la tarde me entregaron un regalo, maravilloso: mi padre había grabado un cd en audio y en éste se encontraba un poema, de Mario Benedetti, justamente me lo había dedicado y yo pensé y pensé que no había casualidades... la parte final del poema me sonó más a, en su momento, un espacio para acercarnos, pero ahora en una lección por aprender. Y con eso me quedo. Hace un año y dos meses que mi padre murió, desde entonces, cuando en un momento de abrazo lo necesito alguna señal como este poema que consigo adivinar, él viene de regreso aquí, conmigo. Mi padre, me duele mi padre, pero extrañamente hoy consigue hacerme sonreír.


Bienvenida


Se me ocurre que vas a llegar distinta
no exactamente más linda
ni más fuerte
ni más dócil
ni más cauta
tan sólo que vas a llegar distinta
como si esta temporada de no verme
te hubiera sorprendido a vos también
quizá porque sabés
cómo te pienso y te enumero
después de todo la nostalgia existe
aunque no lloremos en los andenes fantasmales
ni sobre las almohadas de candor
ni bajo el cielo opaco
yo nostalgia
tú nostalgias
y cómo me revienta que él nostalgie
tu rostro en la vanguardia
tal vez llega primero
porque lo pinto en las paredes
con trazos invisibles y seguros
no olvides que tu rostro
me mira como pueblo
sonríe y rabia y canta como pueblo
y eso te da una lumbre inapagable
ahora no tengo dudas
vas a llegar distinta y con señales
con nuevas
con hondura
con franqueza
sé que voy a quererte sin preguntas
sé que vas a quererme sin respuestas.

viernes, enero 08, 2010

Tristán Tzara

"Cómo podría olvidar
soy sólo un hombre
hecho de tejidos y de años
de días rebasados
a mitad de la tormenta."

jueves, enero 07, 2010

Los días y las horas






Pasan los días y las horas y sigo pensando si tomo una cerveza o prefiero el whisky y recuerdo a mi hermano y sonrío, porque su voz son todos los vientos y él es el mismo Zeus... mi hermano tan hombre entero.

Y los días y las horas y recuerdo a mi madre y sus ojos verdes, cuando ella sonríe el mundo se pone de pie, pero cuando llora hay grietas en toda la tierra, no hay nada que hacer.
Y los días y las horas, y nada se queda, porque todo ha pasado la inmanencia de las cosas, la verdad es que sólo se queda la experiencia, la vida colmada hasta el tope, porque el pasado, pasó y no regresará.

*Tan como él, donde quiera que esté, siempre - aquí existe el siempre-, está conmigo
Y no me tomo ni cerveza ni whisky, termino como siempre con un libro en la mano y una taza de café, así es la vida y es lo que yo quiero.

Gracias por eso.

miércoles, enero 06, 2010

Hoy

Es el día de los reyes magos y no verás esto, pues porque te pedí que no lo vieras y llevas casi un mes aceptando hacerlo... (aunque no cuenta que digas que no hablamos)
Te regalo:
  • Una idea que no repita en plural nuestros nombres, como ese poema que escribí y que no recuerdo.
  • Un eclipse lunar que no ha pasado, pero que me crees que pasará
  • Dos cucharadas de luna que te pedí que tomaras para dormir.
  • Un abrazo como cuando te mueves y tienes frío y nomás tiritas y abrazas.
  • Un espacio para tu cepillo de dientes en mi baño.
  • Un juego de ganas porque despiertes a la hora en que prometes

Te regalo todo eso, y sigo esperando a que un día desobedezcas (o digas la verdad) y abras este lugar para que sepas que llevo este tiempo con el catarro constipado, escribiendo porque estás en alguna parte y me dices Sí, ¿recuerdas?... dices sí y el agua se ahoga.

martes, enero 05, 2010

Hará historia

Esta es una de mis canciones favoritas, de mis momentos filmicos favoritos también. En suma estoy segura, consciente que un día pasará, porque no será una historia de amor, si no un amor que hará historia.


lunes, enero 04, 2010

Sin abrazos rotos

Me han hablado de los abrazos rotos, apenas voy que lo veo y no. Por si no lo sabes es la película reciente de uno de mis directores favoritos: Pedro Almodóvar. El caso es que lo que entiendo es que los abrazos no se rompieron y el beso alcanzó a llegar y completa la espera. Mas también sé que mucho de la vida está en la vida y tengo hartas ganas de verla.


Pasé un mal rato sabiendo que diciembre no era el día para verla, pero entiendo que es así, espera y paciencia. Me gusta la idea, aunque el trailer de tanto ver cómo todo se rompía, algo me recordó y sin dudarlo, si no rompió dentro, se movió y bueno... los procesos son así, no tan iguales, pero traen recuerdos.

sábado, enero 02, 2010

No puedo contar hasta tres

Esta es la hora en que es más difícil seguir. La hora en que el cielo y el infierno se funden y me confunden. Esta es la hora de la mezcla, del jaleo, la hora en que se queda la tristeza expandida por todo el cuerpo. La hora en la que falto a mi cita, la hora en que me quedo por todos lados: rota y fúnebre. Es la hora en que no encuentro sentido a lo que escribo, pero es a lo que me dedico, es la hora en que me cuestiono, como la vieja traducción inglesa: question = tortura. Es la hora en que me complico y desacredito lo que hago. 22:36.






Es la hora en que me canso de mis ganas por inventarme un mañana, una rutina, los asuntos por resolver, la misma cara, la misma pregunta. Es la hora en que me platico que no tengo ganas y pretendo no escucharme. Es la hora en que reviso mi cepillo de dientes y pienso en que no necesito otro. Es la hora en que me encuentro aquí, con los dedos engarrotados y el dolor en las rodillas es la hora que habrá de pasar para que llegue la siguiente y sé, bien lo sé que el reloj avanzará, aunque mañana llegue la hora y vuelva al mismo lugar, sólo por una hora que bien vale la pena escupir hacia el suelo, porque el cielo está ocupado cubriéndome de bendiciones por el resto de las horas que vendrán.

viernes, enero 01, 2010

Iniciando

Dentro de los recuerdos que han venido a mi mente en estos días, hay uno en particular: el dolor. Creo que de las emociones humanas, esta es una de las más fuertes, porque más allá del dolor emocional, existe un punto, un umbral físico, y si la mezcla es precisa entonces la condena es larga y propicia: la frustración, la locura, el maltrato, la violencia, y no sé qué cosas más que ciertamente si no matan a la persona, exterminan su voluntad, su espíritu.


Conocí a una mujer que sufre de un dolor físico severo, posee un padecimiento de herpes en la córnea hace más de cinco años, con el tiempo ha perdido el sentido del humor o es más sencillo, el humor no tiene sentido para ella, no tiene más de sesenta años y su manera de caminar se ha transformado, vigilando siempre que la claridad no la alcance del lado derecho, sus ojos claros de nacimiento ya se lastimaban con el exceso de luz desde temprana edad, pero un incidente sin importancia hizo que cayera específicamente en el ojo derecho, un poco de polvo, ese suceso, sumado al descuido parecen explicar el padecimiento físico que la aqueja, el dolor físico con el que cada día se recuesta y amanece. La notable amargura, el cambio agresivo de conducta, la forma autoritaria con la que interactúa... ¿qué no quiere ver?



Tal vez hasta aquí no haya sentido a lo que he dicho, el dolor físico explica la condición y su destino, es decir: la condición de ojos claros, lleva a la determinación del cuidado permanente, de lo contrario el destino es más que definitivo: el padecimiento; mas no es esta la razón para explicarlo si no la forma en que se puede sobreponer al dolor y reconocer qué es lo que falta, qué es lo que pasa, le llaman "darse cuenta", le llamo "cacharse"; pienso en la ceguera, en la interna, en los pasos complicados y en evadir la luz, pienso en ello como una metáfora, como una parábola precisa que explica cómo esa mujer pudo entender qué le pasaba, ver cómo era su vida, aprender de ella y asumir la luz, primero la de adentro, más tarde la de afuera, la que podía ayudar a que su paso no fuera cansado, porque sé bien por quienes la conocen que su paso es cansado y atormentado, su manera de relacionarse complicada y sus comentarios revestidos de una agresividad que es más de cerca a la violencia que a la fuerza interior.

Conocer a esa mujer me permitió darme cuenta de una extraña paradoja, pues como una aparente contradicción, durante mucho tiempo no pude usar lentes oscuros, la razón tiene que ver con una condición natural, fisiológica o no sé cómo llamarla, sobre la oscuridad, es decir mis ojos, algún mecanismo extraño como "bastón" no alcanza a abrir a tiempo, así que no consigo acostumbrarme a la oscuridad, como actualmente por más que duela no consigo no ver lo que en mi entorno ocurre.

En el recorrido de esta historia, debo aceptar que conversar con ella y verla me dolió profundamente, ella me duele, me dolieron sus ojos, me dolió más su ojo derecho, casi enceguecido, me dolió su falta de serenidad y su agresión hacia sí misma, hacia los demás, por todas partes, por toda ella. No conseguí la autocomplacencia a través de la comparación entre mi vida y la suya, mi padecimiento y el suyo. Conseguí, a cambio, la empatía por el otro/la otra que se abisma hacia la ceguera, la personal, la íntima, la propia, esa que no nos permite trazar ningún otro camino, más que la desesperanza y el dolor.