martes, julio 13, 2010

Don Quijote y Sancho Panza

I

Con frecuencia tardo en dormir, en fechas últimas puede llegar a ser peor. Carezco de sueño. Supongo que es como aquella expresión: carezco de sueño porque siempre estoy soñando. Tal vez haya verdad en esta afirmación. Más joven solían decirme que pasaba todo el tiempo entre fantasías y mundos posibles, mi madre sigue afirmando que si me dieran a elegir actividades diversas, mi elección eterna sería contar historias. Quizá una de las que más me ha impresionado es la aventura de Don Quijote frente a los molinos de viento; mal contada por mi padre en mi niñez, me parecía más que extraña un tanto insólita. La sola idea que un hombre como él peleara contra molinos de viento los cuales había confundido con gigantes o monstruos, se escuchaba tan descabellada como maravillosa a un tiempo.

Don Quijote... ahora que ha pasado el tiempo, creo que en alguna parte de nuestra imaginación todos tenemos cierta sangre del viejo Hidalgo, ese rasgo heroico, comparable sólo a la locura naciente. No me cabe duda que hay quienes lo poseen con más fervor, con más ahínco, con mayor fe. 

Mi padre me hablaba de Don Quijote y casi nunca mencionaba a Dulcinea, no sé por qué; quizá con la omisión describía su propia soledad a través de Don Quijote. Hacía énfasis en Sancho Panza, me hablaba de amistad y de lealtad; y así, sin saberlo -porque esas son las palabras que importan las que no se pronuncian o llegan sólo a leerse con los ojos del alma-, fue dejando a Dulcinea entre líneas mientras narraba las hazañas de Don Quijote y Sancho.

II

En fin que con el transcurrir de los años me acostumbré a imaginar la vida al lado de un gran amigo, como Sancho, o bien a vigilar a Don Quijote, a estar pendiente por si un día aparecían los molinos de viento y enceguecida no bien miraba qué eran y comenzaba a arremeter contra ellos. El tiempo pasó... ahora comprendo por qué mi padre no habló de amor, no mencionó la Dulcinea de Don Quijote, no destacó lo importante del amor que sentía el caballero andante. No lo hizo porque amar es comprometerse, entregar la promesa viva de compañía, esa exacta sensación de saborear el pan con la persona amada y saber que es compañera, con quien se comparte el pan. Amar también es amistad, el gesto cómplice de la sonrisa que refresca, la mano que se roza o se estrecha, el esfuerzo compartido o la carcajada precisa. Mi padre no me habló del amor de Don Quijote, pero me reiteró, tanto como le fue posible, acerca de los molinos de viento; me explicó tantas veces lo fantasmal y monstruoso de esas criaturas y lo ridículo que, tras mirar con el corazón, podrían parecer. Y así es, en el amor, en el amor sincero, de cuando en cuando se presentan los ridículos molinos de viento como monstruos sin razón y sin por qué, que pretenden tragárselo todo, absorberlo, minarlo, pero cuando son dos, simplemente uno es Don Quijote y el otro es Sancho Panza y ¡cabum! los molinos de viento se reducen a figuras geométricas en la lejanía, no más dudas ni agresividad innecesaria, quedan pues diluidas, sin sentido.

III


Yo sé qué mi padre no me habló de las conversiones de los personajes de esta historia; no me dijo que Dulcinea es el amor en verbo, la inspiración, el motivo, el motor... que en el día con día la pareja es tan Sancho y Don Quijote una mezcla de lealtades sin necesidad de probanza, y con la diaria razón para hacerlo ante parajes desiertos y molinos de viento. No lo dijo mi padre, pero comencé a aprenderlo un día 13, como el día de hoy, hace casi dos años; no de golpe ni en una sola lección si no al lado de mi amor, este miamormío, como le llamo yo, quien más de una vez ha sido Don Quijote de la Mancha y yo su leal compañero Sancho, o bien, ha sido mi leal compañero Sancho Panza, pero siempre y sin dudarlo ha sido y he sido Dulcinea, porque así es también: cuando el amor es verdadero transforma. 

Hoy sólo quiero decirlo: no es que seas aguerrida ni terca, no es que puedas ser capaz de llevarle la contraria al más argumentado, es que hay demasiados molinos de viento y no todas las veces es posible permanecer victoriosa, porque la empresa en que acometes todo tu esfuerzo no es simple, es quizá las más compleja (este mundo está muy jodido, alguien tiene que hacer justicia; la gente ya no sabe escucharse), pero ¡mi vida! si lo que haces lo pudiera hacer cualquiera qué haría yo con tanta poesía para acariciar más de una vez tus heridas, esas que no sangran, pero que duelen, -¡cómo te duele el mundo y cómo me duele que te duela! 


Imagino qué habría pasado si mi padre me hubiera explicado que a veces Sancho y Don Quijote se duermen abrazados sin pensar quién es quién y entendiendo tan sólo que ambos son Dulcinea, y cada mañana volverán a la carga, a escuchar que si los perros ladran es señal que avanzamos; y sí, también de vez en cuando a vencer a los molinos de viento, una vez y otra más, como tú, como yo, cada día. Imagino que mi padre no quiso decirlo, para él algunas cosas se quedaron en el tintero, para ti y para mí, la vida es ese camino largo, ancho que se tiende para hacer de cada día una nueva hazaña, como Don Quijote y Sancho Panza, como este amor tan nuestro que nos ha ido creciendo en el alma. 


lunes, julio 12, 2010

La princesa chocolate




















Hoy volví al cine, volví a ver Toy Story 3, pero como siempre ocurre: fue distinto. Hoy fue el examen de ingreso a la secundaria de mi sobrina la mayor. Inevitablemente recordé que cuando apenas contaba con dos o tres años estaba sentada en mis piernas viendo la película de Toy Story 2, tenía algún rato de estrenarse en pantalla, así que la veíamos en video, mi sobrina permanecía atenta a la pantalla y se convirtió desde entonces en su película favorita y yo me convertí en ese momento en tía para siempre. 

Hoy hizo su examen de ingreso a la secundaria y tuve oportunidad de saber cuántas preguntas eran en total (50), cuántas correspondían a cada área de conocimiento; cuáles le resultaron complicadas y cómo se sintió al entrar y al salir del examen. Sé en qué fecha le darán los resultados y sé que está nerviosa y que... ha crecido. 

Cuando aún estaba en el vientre de su madre solía cantarle una canción del disco de Miguel Bosé "Once maneras de ponerse un sombrero", no tengo idea quién la cantaba en su versión original, pero llevaba por título "Sólo pienso en ti", me gustaba mucho dedicársela cuando estaba haciendo locución, era un poco extraño ella no sabía que lo hacía, de hecho nadie de la familia, son estados de la República diferentes, pero yo lo hacía como un ejercicio cósmico. Deseaba que mi sobrina supiera que era bienvenida al mundo desde el momento de su concepción y le cantaba todo el tiempo:


Me pongo a pintarte
y no lo consigo
después de estudiarte lentamente termino
pensando
que faltan
sobre mi paleta
colores intensos que reflejen tu rara belleza.
No puedo
captar tu sonrisa,
plasmar tu mirada
pero poco a poco
sólo pienso en tí...
Tú sigues viniendo
y sigues posando
con mucha paciencia porque siempre mi lienzo
está en blanco
las horas
se pasan volando
y hay poco trabajo adelantado para tu retrato
sospecho
que no tienes prisa
y que te complace
ver que poco a poco
Sólo pienso en tí...


Sí, en ocasiones sentía que pensaba todo el tiempo en ella e imaginaba cómo se podía pintar su rostro, cómo se escucharía su voz, cómo caminaría y qué pensaría... el tiempo pasó, no sé si rápido o lento, pero aún recuerdo la primera vez que pudo estar de pie sin sujetarse "el solito", yo tenía por esos azares de la vida la cámara muy cerca y pude tomarle una foto, exactamente antes que perdiera el equilibrio. Ahora es más alta que yo... su voz es media y ronquita como la voz de nosotras en la familia, camina muy bien y es sumamente inteligente, recuerda la película de Toy Story 2 y sabe que soy su  tía, lo que quizá ignora es que ella me hizo tía, fue con ella que me hice tía. La princesa chocolate que entrará a la secundaria y a quien le sigo cantando bobadas, pero como además de inteligente es sensible sigue riéndose, entre cierra los ojos y cruza los dedos de las manos, el mismo gesto que cuando tenía dos años y miraba a Woody, a Buzz y me decía: "Tía, te quiero hasta el infinito y más allá". Yo también, princesa, siempre.

viernes, julio 09, 2010

Pintar el cielo

Hace tiempo en una clase de pintura me explicaron la gama de colores, me dijeron de las enormes posibilidades que posee la pintura, que tiene cada espacio en el entorno de la plástica, después de mucho explicarme la profesora terminó con una afirmación que, para la edad con la que contaba entonces, me pareció un tanto exagerada, ahora lo medito y me doy cuenta que había un poco de razón en ello. Dijo que no conocía mejor pintor que Dios, sólo a él se le ocurría la gama de colores con los que pintaba el cielo, el amanecer y lo recuerdo ahora porque estos días nublados nos crean la desgana y la melancolía. También el abrazo y la buena compañía, una buena película o sólo un concierto por escuchar o nada, pero una buena compañía. Las ganas de cobijarse y un cigarrillo, el café humeante o una copa de vino, son esos momentos perfectos que una imagina, tal cual. 


Creo, ahora que ha pasado el tiempo, que si bien no soy del toro monoteísta, pintar el cielo tiene que ver con la mirada que posees. Los ojos de quien mira, la buena fe en el tiempo, aunque esté con lluvia o el cielo aborregado, aunque haya no mucho que mirar entre grises y suelo mojado. Sí, el buen pintor, pinta con la mirada, como el músico, el verdadero músico toca con el corazón. Necesito ahora pintar el cielo, como lo hago cada día, liberando la presión que si no la canalizo terminará por estallar. 

Una paleta de colores diferente, un espacio, como un hueco en la pared -que no haré- para mirar una vez más aquello que sólo he hecho al pasar sin mayor preámbulo que lo que ha quedado allí sin prestarle mayor atención que la que se presta al doblez de la cama, al cepillo de dientes, al chorro de agua que fluye, cuando si somos suficientemente fértiles, el color y las formas brotan por sí misma. 

Yo quiero recuperar los colores, mañana es sábado es día de grandes distancias y música al oído y ver pasar los autos... es día de fantasía y no de la diaria rutina. Pintaré el cielo, porque por hoy ha oscurecido y no me quedan muchos colores.

jueves, julio 08, 2010

Tendría que...

Haber llorado, cuando valía la pena llorar.
Olvidar lo que vale la pena recordar.
Decidir con ganas, con verdadera entereza
Aceptar la mentira, la falta de fe, el pesimismo.

Sí, tendría que... pero no lo hice.

Ahora lloro, cuando ya no vale la pena
Recuerdo lo que se ha olvidado
El desgano comienza a llegar
Ignoro si mienten, si no hay fe.


Tendría que...
Debería de...
Querría que...
Elegiría si...
Protestaría para...

Pero... hay tantas cosas que han dejado de importarme.


Sólo tengo ganas de llorar, como hace un par de días. Sin por qué, sin para qué y sin con quién. Y eso... tampoco importa.

miércoles, julio 07, 2010

Yo también conozco un lugar








Me gusta mucho esta letra... Fito&Fitipaldis, del álbum "Antes de que cuente diez". En realidad no hay una razón específica, si bien me concentro y lo pienso no entiendo por qué podría gustarme, porque... pues no lo sé. En fin, creo que lo que me gusta de esta canción en particular es la música y no la estoy compartiendo.


(Pausa:_ Tengo ... o quiero decir un par de palabras que no sé dónde colocar, por eso lo pongo acá. Ya sé que trabaje mi inconsciente que siempre ha sido el más consciente de todos).





Conozco un lugar, no muy lejos
a unas tres o cuatro cervezas de aquí
es un buen lugar para caerse muerto
nada parece malo desde allí
perdimos la cabeza pero no el sombrero
quizás llego el momento de quedarse así
alguien cruzara mi corazón desierto
y se perderá i me perderé por seguirte a ti
y no conozco otra manera de vivir
no voy a ser más complicado q una flor
ya sé que mientras tenga fuerte la raíz
el propio llanto regara mi corazón

Y si me quieres dibujar prefiero el gris
Y si me quieres olvidar me marcho yo

Y estaba todo tan oscuro, tan profundo y negro
dentro de mi boca donde me caí
nadie se curó, sino se puso enfermo
y es tan frecuente como extraño
si no puede hacerte daño, no te hará feliz.


Y no conozco otra manera de vivir
No voy a ser más complicado que una flor
Ya se que mientras tenga fuerte la raíz
El propio llanto regará mi corazón

Y si me quieres dibujar prefiero el gris,
Y si me quieres olvidar me marcho yo…








viernes, julio 02, 2010

Pendientes

En diciembre tuve la oportunidad de participar en una expo colectiva de foto, fue muy emocionante estar allí. A mi trabajo lo titulé "Pendientes" y se trataba justo de aquello que había dejado pendiente, pendiendo, suspendido para una mejor oportunidad. Con excepción de una pieza, el resto tenían esta temática. Ahora, cuando pienso en el título recuerdo sin duda que un pendiente puede ser algo que está así suspendido, quizá a la espera de ser aterrizado, de plantarse como una realidad.

Por estos días me percibo con muchos pendientes, uno tras de otro voy resolviendo, ninguno se va de mi mente. Los más importantes los resuelvo y no los más urgentes; probablemente es el tiempo que ha pasado que ya no me permito salir corriendo cuando sé que aún no puedo resolver, le dejo macerar, le permito que las cosas me muestren los diversos matices que poseen y así poco a poco puedo entender qué hacer.

Sin embargo, hay algunos pendientes que se han convertido en deudas para conmigo y esas, justamente, se convierten en impagables. No sé qué hacer con ellas. Me dejan intranquila todo el tiempo. Hacen que me duela el estómago y me regrese la náusea tan característica de mis días en que no hallaba consuelo, allá en 2006.


Supongo que no es ser retrógrada ni involucionada, simplemente es que hay situaciones que siempre, siempre nos revuelven el estómago, nos provocan la náusea y nos remiten no a preguntarno ¿por qué? si no ¿para qué?

Estoy tratando de dar la respuesta a lo segundo, pero entre tanto sigo con náusea, como en 2006, sólo sin los deseos de aquel entonces.

martes, junio 29, 2010

Los grillos

Me gusta mucho tocar la armónica, recientemente me percato que me gusta cómo suena al compás de los grillos de mi casa. En realidad no sé cómo ocurre que al primer sonido de la armónica todo se silencie en la mente. La calma se reestablece, tras varios intentos nada vuelve a ser como era. No creo que producir grandes melodías, sólo es el sonido... suave, largo, dulce o sobrio, es esa exacta mezcla de nostalgia que me deja tocar la armónica, lo sabía desde antes que la tocara, puedo reconocer la frase de Joaquín Sabina como mía: "... no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió." 

Con mi llegada a este nuevo lugar pensaba constantemente en la ausencia del sonido de motores y en suma la calle, en su lugar llegó el sonido de los grillos, las risas de los niños, la conversación de los adultos que pasan cerca de mi apartamento. La vida ahora es como el sonido de los grillos, todo en calma y ellos "cantando". No sé cuándo comenzó a ser de este modo, pero bien sé que es grato vivirlo de ese modo. Todo va pasando, cada palabra y cada gesto, pero lo esencial permanece, como los grillos, como mis libros, como el agua que fluye.  

domingo, junio 27, 2010

<< La costilla>>

“...He sido un hombre que busca y lo soy aún, pero no busco ya en las estrellas ni en los libros: comienzo a escuchar las enseñanzas que mi sangre murmura en mí. Mi historia no es agradable, no es suave ni armoniosa como las historias inventadas; sabe a insensatez y a confusión, a locura y a sueño, como la vida de todos los hombres que no quieren mentirse más a sí mismos...” Hermann Hesse




He estado pensando que me duelen  las costillas, aunque bien no sé cómo funciona. En realidad no sé si es la costilla o algo no funciona del todo, debería quejarme correctamente de mi problema con la piel. Llevo un mes casi en que me rasco como condenada a muerte, mes y medio en que me molesta todo en la piel, incluyendo la ropa y no es como la idea de estar al desnudo. He meditado si hay alguna cuestión psicosomática al respecto y la verdad que no la encuentro. La molestia persiste, como los moscos en mi casita, como un par de cosas más, pero lo que realmente no encuentro es por qué siento que me duele la costilla... ahora la he colocado en singular y no en plural... pero es que en realidad es una costilla.

¿Qué son las costillas? Debe ser metafóricamente hablando como lo que le da estructura al cuerpo... mmmm o debe ser como la de Adán... no, en realidad no. Las historias biblícas no son como de mi gusto en fechas últimas, pero antes me encantaba la historia de Jacob... un poco antes me gustaba mucho la de Caín, por aquellos años adolescentes me encantaba Herman Hesse y su "Demián", recuerdo que me lo presentaron y me emocionaba "Abraxas", todo el asunto del Dios del bien y del mal, luego gracias a mi amiga eterna, y eterna hermana, me emocionó aún más "El juego de abalorios", no sé por qué pero "El lobo estepario" no me marcó como esperaba... pero bueno... estaba hablando de la costilla, da igual, porque si la costilla sostiene el cuerpo a mí me sostienen mis lecturas.




Tal vez eso ocurra, me duele la costilla porque la estructura se lastimó... alguna lectura que no alcancé a digerir, alguna palabra que se me quedó a la altura, pero no salío, no emergió. Pensando un poco leí por afición "La sombra de viento" y me gustó, sí me gustó mucho. Algunas frases más que otras, pero me gustó mucho la historia, reconozco ese brote de erudición en Ruíz Zafón, pero también la cabal maravilla de los lugares que devela para el lector, reconozco la utilización de técnica y esa sensación de angustia al mostrar la trama.

He dicho en otra parte que si no escribo no entiendo lo que ha pasado, así que ahora voy comprendiendo que me duele la costilla porque no había confesado lo de Ruíz Zafón. Antes de leer "La sombra del viento", leí lo que corresponde a la segunda parte, pero que en realidad es la primera -según me ha explicado una seguidora del escritor- "El juego del ángel", nada de trabajo para leerlo. Una vez que lo tuve entre manos no hice más que recargarlo en la mesa -porque está pesado-y terminar con él sin mayor apuro, como si fuera un vaso con agua largo, me gustó y me dejó deseando leer más del escritor. Ciertamente no existe la profundidad que hay en otros textos, como el de Paul Auster, "Leviatán", qué libro más maravilloso, no hay otra palabra, me fascinó... pero de ese hablaré más tarde... ahora ya entendí lo de la costilla y me siento mejor... puedo seguir respirando. La vida continúa.

sábado, junio 26, 2010

Hace tiempo

Escuché una canción de un soundtrack que me llamó la atención, quizá era la película o que estaba ligeramente suave la trama o no lo sé... el caso es que así como me llamó la atención la olvidé, ahora la recuerdo: "Cantante de bodas", también titulada como "La mejor de mis bodas", la canción me gustó en aquel momento, pero ahora... algo me ocurre con ella. Es agradable, al menos eso se percibe.



Debo confesarme seguidora irremediable de los soundtrack, podría mencionar varios, pero no tiene caso porque lo he hecho latente en este espacio con los videos que elijo, quizá lo mejor sea seguir contando como vienen a mente, o bien como en algunas ocasiones llegan a mi vida. Tal vez ahora no es el caso y es sólo que es sábado y tengo ganas de escucharla... o tal vez es un deseo.

domingo, junio 20, 2010

Lo he pensado

Suficiente tiempo. Lo que más me gusta en la vida es CONVERSAR, bueno entre otras cosas, pero es que me parece que en una conversación cabe la vida entera. En el intercambio de palabras, en lo que se comparte. Con un poco de suerte una se halla ante personas que entienden esa magia y pueden pasar horas, equivalentes a la lectura de un libro, a una buena película. No cabe duda, conversar es un arte.

Si lo pienso un poco, el silencio también es un arte. El más delicado, el más sencillo, donde cabe todo lo que de tanto sentirse ya no es posible pronunciarse. El silencio que une, no ata; el silencio escampado porque los ojos han cesado de llover, el silencio que no dice más, porque todo está dicho. El silencio que encuentra, el silencio que halla. El silencio que no es de nadie, como el paso de un ángel, según Silvio. Como el agua que fluye, como la mirada de Mía, como la sonrisa de mi padre; como los ojos de mi madre, como las manos de mi hermano. Como el sol que ilumina lo que alcanza; el silencio es la caricia posible, la aventura inextinguible.

El silencio y la conversación, son un arte en sí mismo, "... porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada."

¿Qué le vamos a hacer? Me encanta conversar, pero en fechas últimas sé que lo que dicen mis ojos posee una mejor sintaxis que lo que dice mi palabra escrita o hablada.