viernes, junio 17, 2011

En voz alta

“…una es la mujer que vive en el mundo, con muchos nombres, pero sigue siendo una…” 



Escribir es un oficio, pero también es un permiso para conversar, para aventurarse hacia el exterior, para permitirse “el decir”, sí, el libre ejercicio retórico en el que nos descubrimos “hablando en voz alta”. Hace tiempo, más de un par de décadas, la mujer no tenía esa posibilidad como conquista del espacio público, como ahora es llamado. Aquello que decía o hacía, eran palabras emitidas sin el eco necesario, para saberse escuchada. En la actualidad los espacios se abren, las permanencias se generan y la continuidad pende y depende de nuestra capacidad para sujetarla, para asirnos de la pluma, del teclado, de dar forma a nuestras ideas, al libre ir y venir de nuestro quehacer cotidiano, a través de la palabra. 




Mientras pensaba en el derecho a expresarnos, en esta conquista, en esta libertad ganada a fuerza de macerar la piel y esculpir en el tiempo nuestra expresión, llegaba a mi mente también la sensación concreta de poder, porque en el sentido más generoso la mujer se ha empoderado, nos hemos empoderado con diversos vehículos, puntualmente desde la palabra –vehículo maravilla de nuestras ideas-, en los diferentes espacios que hoy hay quienes no pueden imaginar si quiera que eran más que privados, restringidos al sector masculino. Es inevitable recordar en este contexto a la escritora inglesa Virginia Woolf, su obra, y en especial aquella titulada “Una habitación propia” resaltaba en ella, la importancia del espacio femenino, para pensar, crear, soñar, proponer, y… ¿por qué no? El espacio indispensable para amarse, para amar, también en voz alta. 

Decía la autora inglesa, Virginia Woolf, “Porque todas las comidas se han cocinado, los platos y las tazas lavado; los niños enviados a la escuela y arrojados al mundo. Nada queda de todo ello; todo desaparece. Ninguna biografía, ni historia, tiene una palabra que decir acerca de ello.” Y tal es lo que durante décadas ocurrió, ese libro donde se escribe la historia del día a día, donde la banda sonora es el movimiento en el hogar, no tuvo un mérito público, no obtuvo un reconocimiento equivalente a un grado académico, pero su existencia permitió lo que hoy se hace vivencia, experiencia, estilo de vida. El espacio cotidiano es donde “el saber” es sabor me atrevo a decir, es el espacio primero, el espacio de la ama de casa, el espacio del hogar, el espacio en que se zurce la realidad, se cuece el alimento, se plancha la apariencia, se hierve la bebida que nos conforma, que nos remite al origen, a saber quiénes somos, hacia dónde vamos. 

Esta vez no escribo para el análisis y la crítica, no escribo para la interpretación, escribo lúdica y directamente como un homenaje a la mujer, aquella de quien alguna vez dijera Virginia Woolf escribe desde siempre, sólo que deja su nombre guardado con la palabra “Anónimo”, la misma que mira la vida desde la ventana o desde el gentío en un centro comercial o en la acera de enfrente, que a esta hora acude presurosa a su segundo encuentro con la cocina, pero que sabe que soñar no es sólo mientras duerme, si no cuando cobija, abraza o consuela, después de todo: una es la mujer que vive en el mundo, con muchos nombres, pero sigue siendo una; la mujer entera que hace mucho tiempo sabe que su media naranja se hizo jugo en la mañana, y ella sigue completa, diestra, entendiendo que el mundo es tanto y la vida una, que en todos los rostros y en todas las palabras, se pone de manifiesto su derecho, nuestro derecho, a vivir en voz alta.

jueves, junio 16, 2011

Mirar al cielo

“…para reconocer nuestra estatura en la tierra."
A Liz.luna

Constantemente imagino que en el cielo hay formas diferentes, más allá de las figuras halladas en las nubes. Pretendo que en el cielo hay verdades por descubrir. Me complace la idea. Hace mucho tiempo en los años de adolescencia pensaba que en todas partes había señales, símbolos de aquello que buscamos que nos indican o sugieren qué camino tomar, hacia dónde ir… más de una década después sigo pensando lo mismo. Al principio pensaba que más allá de la filosofía, como base suprema del conocimiento, estaba siempre de la mano la ensoñación, sigo pensando en ello lo confieso. Entiendo también que este no es el sitio para discernir acerca de la filosofía y la ensoñación, pero sí el sitio adecuado para hablar del cielo como receptáculo y emisor de señales, alumbramientos, ensoñaciones. 

Desde hace un par de años conozco a otra mujer que no únicamente describe como yo imaginerías en el cielo, sino que lo estudia. No es ella una científica, en sentido estricto, su labor no tiene que ver con la astronomía ni la ciencia exacta; pertenece a la clase de conocimiento que la realidad occidental no le concede crédito: la astrología. La astrología que en su definición más próxima aparece como el conjunto de creencias que pretende conocer y predecir el destino de las personas, y con ese conocimiento pronosticar los sucesos futuros. Escrita de este modo es eso una creencia, un conjunto de creencias, pero también es un conocimiento; cuanto he leído un poco acerca de la astrología me asombra que haya sido prohibida, si se afirma tan inofensiva, tan carente de veracidad, ¿por qué prohibirla, condenarla y castigarla en su práctica o simplemente en la atención que se le prestaba? 

En la actualidad, la comunidad científica la considera una falsa ciencia o superstición, sin mayor valor. No obstante, a mis treinta y tantos, sigo recordando mis paseos adolescentes mirando al cielo, los años que llevo compartiendo las largas conversaciones con esta mujer astróloga; todas las anécdotas que se desprenden de “si mirar al cielo”, la forma en que le da fuerza conocer acerca de ello y saberse enriquecida con ello. Las tantas ocasiones en que una predicción suya me ha hecho reconsiderar una situación personal. Sigo creyendo que debemos mirar al cielo de cuando en cuando, no sólo para conocer una predicción sino también para reconocer nuestra estatura en la tierra. Mirar al cielo para mantener durante el día la cabeza erguida, aquí, en el suelo, con nosotros que estamos llenos de planetas y causas próximas, plenos de razones que la ciencia no alcanza a explicarse; de sueños que las diversas disciplinas dan forma, pero que desde hace mucho, mucho tiempo es sabido que en ellos se consagra nuestro paso por el mundo. Aquí me quedo yo, creyendo en planetas y posiciones lunares, escuchando como la influencia de Saturno, la de Júpiter, explica más de una vez lo que siento, al final, Lizluna, me lo ha dicho tantas veces: en los astros está la predicción, en la voluntad personal la última decisión; el destino, se construye con voluntad, con carácter, mirar al cielo es también un acercamiento personal a lo divino que hay en nosotros, a nuestra estatura personal, después de todo ¿a quién no le ha parecido alguna vez que la luna es la responsable de algo inexplicable?

miércoles, junio 15, 2011

Doble asesinato


“El enigma de Kaspar Hauser”
(Cada uno para sí, y Dios contra todos; Dir. Werner Herzog, 1974)

“Madre, estoy tan lejos de todo”
El enigma de Kaspar Hauser

El «delito contra el alma es separar a un hombre de los otros seres racionales y de la naturaleza, dificultar su acceso a un destino humano y privarle de alimentos espirituales. Es el más criminal de los atentados puesto que va dirigido contra el patrimonio más auténtico del hombre, su libertad y su vocación espiritual».
Anselm von Feuerbach

¿Se puede morir dos veces? Es posible ¿Se puede matar dos veces el alma? Al observar el filme de Herzog una puede formularse esta hipótesis, pues recorriendo lecturas aparte como “Memorias de un enfermo de nervios”[1], “El loco impuro”[2] y, en este orden, “El asesinato del alma”[3], es posible afirmar que asistimos a un doble asesinato: el hombre en su primer descubrimiento, encadenado, recordando el mito de la caverna de Platón y tomando apenas un caballo de madera como única propiedad y objeto afectivo, una suerte de caballo de troya diminuto que lo llevará hacia otro espacio ya determinado por su captor: “jinete, como tu padre…” Y el otro asesinato, el del hombre que ha descubierto el arte, que se afana en tocar el piano, en sembrar su nombre con flores que tras ser mancilladas le provocan un dolor indescriptible.

Así llegan las imágenes a mi mente de lo que han mal llamado: “El enigma de Kaspar Hauser”, afirmo que han mal llamado porque el título original es el adecuado, según mi punto de vista. Las imágenes del filme son una suerte de evocación, cada una y en unidad, revistiendo una tonalidad diferente en mi memoria, pero una a una tienen el rostro descubierto de Bruno S. En este punto me detengo para afirmar que es difícil concebir que Kaspar Hauser no haya sido Bruno S., tan inverosímil como imaginar que Kaspar Hauser quedara reducido a ser sólo uno de los “4 enigmas” que en una especie de demostración circense de provincia se nos presentan en la propia película.

Tras las imágenes de la película surge una interrogante sencilla, casi ingenua: ¿Quién sonríe en la película? Sin embargo, la considero tan larga como el equivalente a preguntar ¿Quién en verdad es Kaspar Hauser, qué representa; tiene otro lugar en otro universo que no sea el de Herzog? Irremediablemente asistimos a un asesinato del alma y no sólo ocurre en el momento de la muerte propiamente dicha de la película, sino que podemos observar las facetas del crimen en variados momentos y no sólo en el primer intento mientras Kaspar Hauser come un huevo como una pequeña travesura, un gusto que se permite dentro de su libertad.

El crimen quizá ocurre en el momento en que es sometido a ver cómo un gallo se aquieta al pintarle una raya, o bien sucede cuando siente por primera vez el dolor de la llama, ese pequeño objeto luminoso, bello, pero doloroso, como la vida, como la convivencia  humana, como el intercambio social con quien desea “educarlo” que lo “domestica” con lo que “debe de ser” y no lo que “desea” o es.

Al filme se le pueden ubicar referencias tanto bibliográficas como fílmicas en torno a la socialización, que van desde “El Emilio” de J. J. Rousseau, y de modo más cercano como “El niño salvaje”(Wild Child Dir. Francois Truffaut, 1970); y frente a ello es posible destacar la maestría de Herzog observada directamente en la ejecución histriónica sin paralelo de Bruno S. No admite punto de comparación la agonía en su mirada o lo provocador de sus manos frente al piano que intenta una y otra vez tocar, sin conseguirlo, tal pareciera que ha elegido este instrumento como catalizador de su alma, de aquello que posee y al mismo tiempo lo desposee.

Escribir entorno a la película de W. Herzog es asistir a una mezcla de instantáneas posteriores a su proyección; preguntarse de modo persistente cuántas personas sonríen en esa película, constituye también afirmar cabalmente que es prácticamente imposible separar al personaje Kaspar Hauser, de la persona – la representación rebasa el histrionismo para dar forma, color y humanidad al propio mito. Bruno S., quien al parecer puede palpar su propia historia y afirmar sin mayor reflexión: “Madre, estoy tan lejos de todo”. Porque en este filme, como en pocos, el bien y el mal no se pueden definir, pero el dolor… el dolor cabe como el primer dolor que tiene la inocencia, la primera inocencia, la única inocencia. Y la muerte no es una agonía constante es el futuro y como tal –inexistente- es el presente.



Sin duda damos razón a quien afirma que este es el caso de un doble asesinato[4], pues durante el filme ya se dibuja la creencia que Kasper era hijo ilegítimo de la casa real de Baden, apartado y mantenido encerrado a favor de otro heredero. Una nota importante a mi parecer surge en la escena previa al final, Kasper aparece sangrando por múltiples heridas de arma blanca, en los pulmones y el hígado, afirmando que un extraño lo ha atacado, el mismo que antes de herirlo, le había entregado una nota en la que escribió: “soy de la orilla del río... mi nombre es MLO”, más tarde Kasper muere, no sin antes decir: “No lo hice yo”.



Es desde cualquier punto un doble asesinato: del alma inocente y del hombre que ha adquirido conciencia de su presencia en el mundo. Damos razón a que se puede matar el alma, pero soslayamos cualquier interpretación inmediata de carácter psicológico, que por inmediata podría conseguir que nos apartáramos de la mirada pétrea y al mismo tiempo etérea de Kaspar S.- Bruno Hauser, quien sumado en una misma esencia parece que con su existencia nos repitiera como un rezo la vida es así: Cada uno para sí, y Dios contra todos.




[1] SCHREBER, Paul. Memorias de un enfermo de nervios. Tr. de Ramón Alcalde, Sexto Piso, Madrid, 2008
[2] CALASSO, Roberto. El loco impuro. México, Sexto Piso, 2003.
[3] MORTON, Schatzman. El asesinato del alma.  México, Siglo XXI, 1986.
[4] En las memorias de Anselm Von Feuerbach. un famoso abogado que estudió el caso de Kasper Hauser.  El autor echa pronto de menos la mención de un delito hasta entonces nunca registrado: el que atenta a fondo contra el alma de un hombre. En el estudio de Feuerbach se constatan dos delitos perpetrados en la persona de Kasper, el de detención ilegal y el de abandono.

martes, junio 14, 2011

Las otras caras

Hace tiempo me regalaron unas máscaras de barro, tres máscaras; la verdad que hacía mucho tiempo que veía máscaras por todos lados y me atraían, pero aquel día mientras miraba las máscaras colgadas en la tienda me dieron muchas ganas de quedarme con ellas. Primero busqué en los bolsillos y supe que podía quedarme con ellas, luego las pagué y me quedé sin dinero, así que sin preguntarme nada más me devolvieron el dinero sin problemas, como si jamás las hubiera pagado, un poco lenta, me tardé en entender que era un regalo. 


Las pioneras (2008)

Luego llegaron las de barro negro, muy típicas de teatro, con motivo de mi cumpleaños, hace dos años, y se convirtieron en las máscaras que determinaron lo que hacía y lo que quería en ese momento, pero también en lo que creería siempre, el teatro. 
Las que determinaron una pasión (2009)


Para entonces ya estaba convencida que me encantaban las máscaras, me fascinaba su estructura y me remitía a los años más dulces de la infancia, mi llegada a vivir con mi abue y las primeras leyendas que me fascinaron y ejercitaban mi imaginación. Así que la siguiente la compré yo, desde que la vi me fascinó, era agosto del mismo año (2009), me gustó el rojo y la expresión y me quedé con ella. 
En agosto, 2009.

Luego uno de mis amigos llegó una tarde con una máscara de latón cuya expresión se amoldaba al espíritu de la tarde, ni siquiera se atrevía a decirme que era para mí, así que sólo buscó un clavo en la pared de la casa donde vivía en aquél entonces y la colocó sin decir nada más. Me miró y sonrío. 
Febrero 2009
El tiempo seguía su curso y en un nuevo cumpleaños de manos de una ilusión que se veía perdida llegó la siguiente máscara, ésta tenía la particularidad de las primeras: alargada, una expresión semejante y dos tortugas unidas. 
En el siguiente cumpleaños

Iniciando el año, en la actualidad, nos fuimos a un paseo acostumbrado a Tepoztlán y al entrar en un típico lugar de artesanías coincidimos con tres máscaras de madera tallada, decidimos quedarnos con aquella que tuviera la expresión que por entonces nos dejaba sin palabras. De algún modo funcionó porque la expresión quedó congelada y nosotras intactas. 
La que se quedó con el desconcierto (2011)

Y bueno, tal parecía que salvo dos máscaras que no están en casa, estas eran mi compañía, pero recientemente nos fuimos de viaje a Valle de Bravo, alias "El dorado", y nos encontramos otra de barro, mucho más grande que las anteriores y pesada y esmaltada, el reto era cargarla cuatro horas o un poco más, así que lo acepté y ya está en casa, no puedo decir que está intacta, porque uno o dos rasguños se llevó en el trajín del viaje, pero esta es la capitana ahora. 

La capitana 2011
Y bueno, hasta ahora con un par de salvedades que ya estarán en casa próximamente esta es mi colección de caras, de expresiones y que me remiten a la infancia y a la querencia por este mundo en el que vivimos, aún no sé cómo, pero lo consiguen. 

lunes, junio 13, 2011

El dorado

Hace tiempo, quizá más de un par de años, me pareció que el nombre "Valle de Bravo" sonaba más de lo que geográficamente me decía. Así que decidí "adoptarlo" como un destino; sin embargo el tiempo transcurría y cada vez se parecía más a un momento imaginario que a un sitio al que pudiera acudir; así que me conformé con la sonoridad del nombre pronunciado en voz baja, como lo único que me quedaba del lugar. Solía pensar que el día que finalmente llegara no lo reconocería, o bien sería uno de esos largos sueños que una vive y que no quedan huellas materiales al respecto, el tiempo, siempre el tiempo, hizo que la idea se arraigara. A veces expresaba mi deseo de ir, otras lo olvidaba.  Un par de ocasiones los planes versaban sobre ese viaje, pero no llegaban a un resultado. Así que un día lo nombre "El dorado", ese lugar imaginado por los españoles al que nunca llegaron; así, en el mismo sentido. Sin embargo, mis cariños no estaban de acuerdo con plantearme metas imposibles, así que no sólo no aceptaron el nombre sino que me pedían que lo replanteara por la distancia a la que me encuentro, la posibilidad. Ya para esas alturas sabía que no se trataba del sitio como tal, llevaba aparejado algo más profundo, entrañable, lo que el lugar me había crecido dentro, la idea, el sueño, pensar en la compañía, en la forma. 

Cascada "Velo de novia"
Con el paso de los años le llamé "El dorado", significando todo aquello que reclamaba: compañía, palabras, miradas, un sueño en común, eso... un acto en común, como la palabra conspiración que indica respirar el mismo aire... y lo olvidé. Como dije antes, alguna vez lo comenté en voz alta, más de una vez si soy honesta, así que mientras yo olvidaba la idea, alguien más la recordaba y le daba forma. Valle de Bravo no podía ser "El dorado", no de ese modo. Así que el fin de semana que correspondía a mi festejo de cumpleaños, casi dormida tomé una mochila y subí al autobús en un acto de completa conspiración contra mi cadena de derrotas y llegamos: "El dorado" efectivamente no existe. En su lugar encontré un poblado cálido y pleno de leyendas. Paseos por el lago, por las cascadas, por el bosque, comida deliciosa, artesanías, mucha risa, gente buena... "El dorado" se desintegraba y las pocas imposibilidades con las que contaba, también. Jamás regresó la que se fue, como decía Heráclito "panta rei", "nadie se baña dos veces en el mismo río". No podía regresar, porque ya no tenía la aldaba de la incertidumbre, el tropiezo de lo imposible, así que no regresé, el reto es mayor si lo medito y lo trato de comprender, porque no regresar es ser otra, con el mismo nombre, pero otra, con un pasado y también con un futuro. 

Y "El dorado" seguro está allí, para muchos, pero no para mí, ahora no. Quizá después medite si tener un "Dorado" es prudente, finalmente soy tan afortunada que cada vez que planteo uno, lo alcanzo, pero a diferencia de la leyenda, me siento satisfecha, me congratulo, eso es un poco lo que me hace dudar si no he pasado de convertir al "Dorado" en la forma paradójica de acercarme a una meta. 

En fin, sigo agradecida por el viaje, por las ganas, por el entusiasmo, por el cariño, por la fuerza, por el coraje, la sonrisa y el amor, sobre todo el amor. 

martes, junio 07, 2011

Hoy que es mi cumpleaños

Recordé que hace 7 años mi padre me llamó en punto de la hora en que nací y me dio serenata, los kilómetros que aparecían entre él y yo hicieron de esa serenata memorable para siempre. Recordé hoy su voz, su acento, las palabras que me dijo, el poema que tantas veces repitió ("Bienvenida" de Mario Benedetti), y su emoción al repetirme el diminutivo tan acostumbrado ("Mines"). Años después haría un rito semejante, porque siempre lo hizo desde que tengo memoria, no importaba el desvelo, mi padre llamaría a la hora que nací, como desde el mismo día que ese hecho ocurrió. 

Más tarde soñé con mi Abue, que no era una santa, que era una bruja para muchos, pero para mí, era mi hechicera, la vi de nuevo aproximarse a la mesa del comedor donde desde los ocho años yo me sentaba a hacer la tarea; nuevamente sentí su beso en la frente, su alegría y su perfume, se regresó a su habitación y me dio un perfume, "uno de señorita", porque ya era para ella, desde ahora y para siempre una mujercita, que debía llevar perfume siempre, que debía cuidarse... mi abue. 

Ahora ellos ya no están, pero se quedaron en mis sueños, en mis recuerdos y son parte de esta mujer que soy, de la persona y del ser humano en que me he convertido. Mi madre ha estado conmigo desde que tengo memoria, es quien llama cada vez y me vuelve a contar la historia de mi nacimiento, vuelve a abrazarme a distancia y a repetirme las circunstancias de mi nacimiento, la forma maravillosa en que la hice mamá y lo orgullosa que se siente de saber que estoy y vivo, mi vida diferente a la suya, a veces repite que ella escribe con los pies -refiriéndose a su caligrafía,  y le fascina que sea yo quien escriba con las manos, mi mamá y sus metáforas -¿cómo no nacer poetisa? 

Este año no hice una lista de regalos en este sitio, pero la vida se empeña en seguirme sorprendiendo a cada instante, hay tanto por aprender de cada espacio y yo apenas que voy a la mitad de todo. Este año no sigo al poeta Sabines, no me receto tiempo, ni abstinencia ni soledad, no quiero. Este año tengo a mis hermanos Quique y Miri, mis hermanos por la sangre que nos une, Alvaro y Ángeles; mis sobrinas y sobrino, Dafne, MaryJo, Alexa, Mía y Alvaro, cada una, cada uno; a mis amigos, a mis amigas que son la familia que elegí, el corazón llenito de amor, porque aún cuando me duelo que ya no estén, aún cuando me duele que ya no pueda abrazarlos, siempre tendremos los sueños, la posibilidad de encontrarnos en otro plano, en otro lugar, en otro espacio. 

Reconozco todo lo que me gusta, por todas partes en mi casa, cuánto me gusta lo que me gusta, cuánto ha dolido lo que ha dolido, pero es maravilloso vivir con los ojos abiertos y el corazón tibiecito. Vivirme, vivir, porque vivir vale la pena, la alegría y lo que haya que seguir. 

Gracias vida, gracias, por este año que no sólo se suma y no se resta, sino es tan parecido a la cima. 

martes, mayo 24, 2011

Tarareando

Me gusta mucho la letra de las canciones, en general y sin escrúpulo. Cada día traigo alguna en mente y paso la mayor parte del día tarareando, ahora Sabina que era el más mentado en las semanas  le ha dado el turno a Silvio Rodríguez: "Me decido a tararearte todo lo que se te extraña/desde el  siglo en que partiste hasta el largo día de hoy..." La canción llamada "Tu fantasma" me parece de una belleza poética y visual indescriptible. Total que lo inusual fue afirmar que extraño. Inusual porque en fechas últimas ha estado de lo más polémico que no me aventuré a extrañar, de todo un poco ha determinado ese hecho, incluyendo la acusación de propios que no se me da eso como si fuera un freak o un poco menos, alguien sin emociones. Voy a dejar acá la canción con la que desperté, mientras me llevo la sensación de extrañar en el bolsillo izquierdo de la blusa y en cuanto la haya madurado la devuelvo a este sitio, como siempre escribiendo sobre ella. 



lunes, mayo 23, 2011

Todos los días

Al caminar hacia la tienda o a tomar un taxi, la esquina obligada es el cementerio. En realidad iniciar de este modo es un poco tétrico, pero me he dado cuenta que miro constantemente hacia el lugar y una parte de mí se silencia. El panteón, el cementerio de la colonia. No tengo nada qué hacer, porque los muertos de esta colonia, de este ciudad y de este estado no son los míos, pero me silencio. Dicen que del silencio nació la palabra, y yo me silencio y me planto frente a la entrada; un año ha transcurrido y no entro, sólo miro. No entiendo cómo, cada tanto, me detengo. Creo que me gustaría que mis muertos no estuvieran tan lejos y poder entrar un fin de semana cualquiera. Apenas ayer estuve a punto de hacerlo, miré de frente la entrada y me pregunté si sería válido entrar y rezarle a cualquier tumba, como si fuera la que no tuvo mi padre. Con el paso del tiempo he ido comprendiendo lo que significa el último lugar de descanso, el lugar de reposo, expresiones que antes me parecieran eufemismos absurdos y que ahora cobran sentido, mi padre decidió que sus cenizas se esparcieran por la carretera, consideraba este gesto romántico el más simbólico, pues gran parte de su vida transcurrió viajando. Decidió el lugar y el camino y ahí esparcieron sus cenizas. El sitio no es cercano a ninguno de sus familiares y ni con mucho al de sus hijos, pero para él era lo más cercano a lo que amó en vida y en lo que creía. Ahí se cumplió su última voluntad. A ratos me pregunto si nuestra ansiada última voluntad colabora para que los vivos descansemos. 

Ahora que cada día, todos los días, tengo que ver el panteón, me pregunto si no habría sido más cómodo para quienes amamos a mi padre llegar a un lugar para estar ahí, recordarlo, pensar que allí los restos descansan, que incluso a la mexicana se puede hasta conversar con él. Entiendo la última voluntad, el respeto a la misma como un acto de amor, pero ¿y nuestro amor, ese espacio egoísta donde convivimos con quien amamos, ese espacio que nos permite la calma, el aceptar el dolor y la pérdida? Eso, justo, lo que llamamos Duelo. 

Aún sigo pensando, pero creo que en uno de estos días me resolveré a entrar, con un poco de tino me encuentro a alguien como yo, a quien nadie visite y acepte mi visita de buen agrado. 

viernes, mayo 20, 2011

De todo

Ha pasado de todo en fechas últimas, como suele ocurrir en la vida de cualquiera. Supongo que soy como cualquier otro ser humano egoísta que considera que lo que le ocurre es más intenso o abundante en proporción a lo que debería de ocurrirle, pero después de mucho pensar me doy cuenta que la mitad de las cosas que ocurren siguen magnificadas por mi mente. Así que ante esto no hay mucho por decir. Perdí las llaves de mi casa estando dentro de ella, con el cerrojo puesto en cada puerta y la sensación de colgarlas en alguna parte, al día siguiente olvidé por completo dónde. Lo que ocurrió después es hilarante, una búsqueda frenética y nada. Al final el cerrajero, la sensación de la estupidez en el rostro y los días pasaron, siguen sin aparecer las llaves que se perdieron dentro de un apartamento pequeño, lleno de libros y de papeles, objetos valiosos únicamente para mí y definitivamente eso trajo otras cosas. Pesarosa, enojada, enfadada por el gran lío que armé buscando las llaves, definitivamente sigo pensando que el inconsciente es sabio y yo llevaba demasiados días "encerrada" lo único que hice fue materializarlo. 

Algunas veces me da por pensar que allí donde en todos lados descubro una metáfora está mi soledad erguida riéndose de mí, porque no se trata de otra cosa sino de intentar explicarme lo cotidiano con mis ojos y mis oídos pues no tengo otros más para compartirlo. Eso no me pesa, a ratos duele, pero no pesa, lo que pesa es estas ganas de escribir que ya me estaban doliendo y cómo lo postergaba porque no quería leerme monotemática, pero no voy a acabar con el tema hasta que no asuma que es un tema largo, así que me decido a escribir de vuelta y a armar todas esas frases que están en mi mente, pero acá, pa' que no pesen y me dejen dormir y me dejen estar. 

Tras la pérdida de las llaves, vino el enojo porque la publicación que esperaba no salió, la cancelación de un concierto o que se ha pospuesto, un proyecto que se vino abajo, tres o cuatro máscaras que alcancé a quitar a tiempo, pero no necesariamente para montarlas en mi pared, uff! En fn, en realidad no es que haya pasado mucho, lo que ha pasado es mío y me di chance estos días-semanas de magnificarlo, pero ya estuvo, porque no puedo seguir en eso. 

De todo lo anterior consigo sustraer que lo que en verdad me gusta es leer, analizar lo que leo y exponerlo; me embelesa la literatura y recién me descubro con un gusto particular por la literatura hecha por mujeres y eso es como diría alguien "magnífica", propositivamente coloco en femenino, pues porque en esas ando y ando bien. Otra conclusión maravillosa es que ver películas, no precisamente buen cine es maravilloso mucho mejor que una sentida borrachera, una tras de otra provocan ese efecto diletante, pero a la vez me permiten formular un destino y olvidarme de profecías, porque como diría Joaquín Sabina: "... en tiempos tan oscuros nacen falsos profetas..." Así que yo me olvido de ellos y me sigo con lo que sigue. 

jueves, mayo 05, 2011

Feliz... así es.

Y finalmente después de tanto agobio, ya puedo repetirlo: Estoy todo lo iguana que se puede... Gracias Maestro Carlos Pellicer.


Estoy todo lo iguana que se puede.
La tierra es como el cielo. Todo es fruto
de una máquina de soledad. El viento
campea displicente. Nada tiene
sino una enorme juventud. El tiempo
carece de estatura. Por el día
pasa la flecha que todo lo hiere.
El lugar de las cosas sobrevive
a cada instante. De una palmera
salen altas sonrisas y en el agua
sonríe la tristeza. Quieto a fondo,
miro la destrucción de mi espesura.
Y es la tierra, mi tierra, el polvo mío,
el árbol de la noche sollozada,
las puntuales blancuras de la garza,
las luces de mis ojos, el trayecto
de una mirada a otra mirada. El cielo
que vuela de mis ojos a los cielos
de unos ojos terrestres y las nubes
que desbordan el canto.
Nada vive
para morir sin dar. En todo encuentro
algo de mí y en todo vivo y muero.
Estoy todo lo iguana que se puede,
desde el principio al fin.
Hay ya un lucero.