martes, junio 21, 2011

De Buñuel

Bella en la sala
Belle du cinéma

(Belle du jour, 1966. Dir. Luis Buñuel)

“Bella de día” es la historia de una joven Séverine (Catherine Deneuve), casada con un joven médico cirujano (Jean Sorel), con quien lleva al parecer una vida tranquila, particularmente recreada por los primeros instantes del filme, no tiene que pasar mayor tiempo para que la aparente vida tranquila de esta pareja se nos revele con el particular estilo de Buñuel: una vida más controversial, completada por los sueños de la protagonista, las visiones que a cada paso nos permiten avistar que hemos llegado al universo de Buñuel, donde un argumento como el que nos expone nos lleva a todo lo contrario de una novela rosa.

Basada en la novela de de Joseph Kessel, la historia de Séverine es vista por Buñuel como un marco posible para narrar una historia desde las imágenes de sueños, fantasías, visiones y deseos de la protagonista. Esta película, de la que se ha dicho constituyó un hito en la carrera del director debido a su éxito comercial, además de recibir el León de Oro en Venecia, posee también el sello característico de Buñuel en cuanto a la perversión, a la sensualidad, visto en el transcurrir de la protagonista, los impulsos morbosos que imagina, los símbolos propios de un análisis freudiano y el propio temperamento de la actriz durante la ejecución.



Según avanza el filme las interpolaciones entre los sueños de la protagonista y los hechos que van transcurriendo se dan de tal modo que el espectador tiene incluso la posibilidad de establecer al final dos posibles desenlaces, pues ha pasado tanto del pensamiento de la protagonista a la pantalla que resulta más que difícil extraño poder apartar la fantasía constante de Séverine de la realidad. La historia de una joven con una vida perfecta, a quien presuntamente han agredido sexualmente durante la infancia y tal situación la ha dejado imposibilitada para aceptar el contacto físico, en todo caso la intimidad con quien es el estereotipo de marido perfecto; esta mujer quien más adelante conserva la curiosidad que se hace interés, por adentrarse en otra forma de ver la sexualidad, asistiendo voluntariamente a una casa de citas de Madame Anaïs, con el propósito hasta ese momento no velado de practicar la prostitución no con alguna intención de sacrificio, si no con el único interés de satisfacer un deseo. Asiste a la cita, asumiendo que saldrá de ahí todos los días a las cinco de la tarde sin falta, por lo que recibe el sobre nombre de Bella de día, pues su horario de entrada es a las dos de la tarde y se retirará antes que oscurezca. Los acaeceres de la protagonista nos son mostrados sin pausa, sus dudas, sus placeres, su imaginería, en algún momento hasta su arrepentimiento. Al estilo de Buñuel nos vemos conforme pasan los minutos en la mente de la protagonista, y en ese entramado cuando la película ha terminado algo ha pasado dentro, tanto como para suponer que hemos visto tal o cual objeto que no ha estado allí, así es la película nos ha crecido dentro.

El amor loco, el amor por el amor mismo tenemos oportunidad de verlo entre la protagonista y quien será el último amante de la misma, ese amor que la hace temblar y la paraliza a un tiempo, pero que no por ello la hace pensar en quedarse con él. El amor maduro, visto a través de la relación con su esposo, con quien ella ha decidido quedarse siempre, pero sobre todo al finalizar la película, quizá únicamente porque se ha quedado quieto, más quieto que nunca, más dependiente de ella, más profundamente doloroso, después de enterarse lo que su amada esposa ha hecho cada día desde hace unos meses y aún en la condición en que está reconocer que es precisamente la actividad recreativa de Séverine lo que ha motivado que ahora él esté siempre paralizado ante ella, dependiente de ella, quieto para ella, cuidado por ella, tal como antes, pero ahora la realidad objetiva es manifiesta de lo que antes podríamos afirmar sólo era el estado mental de la relación en que la joven pareja se encontraba.

Contrario a lo que me ha ocurrido en otras ocasiones este filme ya lo había visto, quizá en dos ocasiones; ello no constituyó un obstáculo para maravillarme con algunas secuencias de corte –según mi opinión- completamente psicoanalítico, no obstante desde la primera vez que tuve la oportunidad de verlo, lo que más me maravilló fue la reacción que suscita en el público tras su exhibición, y ésta no fue la excepción. Bella de día, creció desmesuradamente en la sala, posterior a la palabra “fin”. Supongo que la discusión es sorprendente cuando se trata de ostentar moral y buena conducta, o bien cuando permite cuestionarnos sobre la prostitución. Personalmente me agrada más la segunda postura, porque el cinismo me parece maravilloso en más de una ocasión, el sarcasmo me merece admiración cuando conlleva buena dosis de inteligencia, es por lo tanto  más interesante, permite ampliar la mira sobre el mundo; lo otro me aburre desmesuradamente, porque hablar de culpa, moral, buena conducta, ante un filme de la naturaleza de Bella de día, me resulta igual de absurdo que pensar si quiera que Buñuel filmaría una novela rosa, folletinesca, que lleve una moraleja, más allá de lo que hay en la mente de Séverine.

Bella de día, se transforma en Bella en la sala, se convierte en el pretexto para argumentar lo que debemos de ser, y afirmar con ello que estamos salvos. Todos tenemos “un cuarto de las ratas”, ese lado oscuro donde se guarda lo que pno es agradable, lo que no garantiza nuestra entrada a la sociedad, lo censurable, lo perverso –dicho sea el término como fue acuñado por S. Freud, el comportamiento que se desvía de lo habitual-, pero gozamos pensando que no existe, y entonces Bella de día es la mejor forma de censurar lo que saliendo de la sala, de cualquier modo sabemos que existe, no se mira en el espejo, no tiene un horario de de 2 a 5 de la tarde y quizá tampoco está dotado de ensoñaciones clave, símbolos psicoanalíticos, pero estoy segura que allí donde se alza la voz para argumentar contra lo perverso que hay en Bella de día, se trata de no escuchar el ruido a montones que hay en el cuarto de las ratas que todos llevamos dentro, y no se silencia por más que lo deseemos. Bella de día, Bella en la sala, y en la vida cotidiana Bella por todos lados, mala suerte porque no será tan bella como Séverine y quizá no tan enigmática como la cajita cuyo contenido es un misterio ni tan tintineante como las campanas de entrada y salida del filme, pero es nuestro, habrá que mirarlo, escucharlo y aprender a vivir con él sin Anaïs, qué desdicha, sin horario, pero con todo el deseo porque no nos paralice.

lunes, junio 20, 2011

Comer, rezar y Amar

Comer, sanar y amar
“(…)
en la cocina con el café
en la ventana que cerré
en la puerta que atranqué
en la boca que besé
en esta mujer que soy y no la que fue.
(…)” Cotidianas, Creaturas Cotidianas.


“Ya no disfruto lo que hago”, escuché decir a una mujer. No podía creerlo. Se trataba de la misma persona que me hablara siempre sobre la fe –como sentido de confianza- en el mundo, en las personas, en las situaciones, en el tiempo, en la vida, en cada uno de sus pasos. Inevitablemente recordé la película de “Comer, Rezar, Amar” (2010), dirección de Ryan Murphy, basada en el best seller de las memorias de Elizabeth Gilbert, Comer, Rezar Amar (Eat Pray Love).

Pasé algunos días pensando en la frase que escuché, a ratos pensaba que más que una frase sencilla se tratada de una sentencia: la verbalización de lo que en adelante ocurriría sin que nadie pudiera detenerlo, pues hay decisiones que sólo nos competen a cada una. Decisiones que tienen que ver con una elección, y elegir ya lo he dicho en este espacio es renunciar al mismo tiempo. Luego medité si no me pasaba que estaba siendo radical; recordé si me había sentido del mismo modo en algún momento… es decir si conseguía olvidar los sabores en general, el sabor del chocolate, el sabor de la pasta, el sabor del viento en el cabello, el sabor de la fuerza de mis piernas y el sostén de mis manos… el sabor de la vida. Supongo que fue hace mucho tiempo y que ahora me era extraño, ajeno. La situación acá era diferente, no disfrutar, más allá de sentirse triste o enojada, radiante o entusiasmada, pero de cerca a ese filo entre el vacío y la angustia. Seguí recordando la película, Julia Roberts interpreta a la protagonista, la misma que puede tomarse como el modelo del sueño americano femenino, si es que esto es posible, posee todo lo ambicionado y así es como inicia la película, ella lo tiene todo, y lo que tiene a terminado por poseerla a ella sin que le deje un espacio para reconocerse. Así decide viajar, recuperarse. En esa travesía alrededor del mundo, busca el cambio en su vida.

Dos lugares se encuentran presentes en particular en la historia de Gilbert: Italia e India, paisajes hermosos y la única preocupación de esta mujer es su autodescubrimiento. Para bien o para no tan bien, no nos es posible a todas tomar esa cruzada viajera, y para ser sincera no sé qué tanto haga falta, es verdad que me encanta el placer del paseo, pero en este caso ¿cómo podemos darnos el autodescubrimiento sin salir de casa o de nuestra ciudad? Sólo tengo una respuesta: el viaje interior. No hablo en el sentido esotérico si no íntimo. La relación más sincera que tenemos comienza en nuestro interior, para con nosotras mismas, con nuestro corazón. En la película observamos como la protagonista redescubre los sabores y su propio sabor, encuentra en su recorrido el sabor que la sacia y paladea, en la comida italiana que me atrevería a afirmar no coincidentemente disfruta primero a solas y luego en compañía. Más adelante en India descubre la oración y el arte de la sanación personal atreviéndose a tomar  el boleto del viaje más profundo, la travesía hacia su pasado, los recuerdos más dolorosos, el espiral en descenso hacia su espíritu.

Finalmente en Bali le es posible aceptar el amor, como ese puente que se construye entre dos seres que se aman, que debe poseer dos orillas, de otro modo es un callejón sin salida. Y esta es mi lectura de la película, ahora mi lectura sencilla sobre lo que escuché, lo que vi, lo que también viví, parece evidente: la vida es un instante, largo y penoso, breve y encantador, pero en ese instante elegimos el viaje, el equipaje, somos pasajeras que vamos convirtiendo nuestro día a día en una travesía personal; somos también seres que pueden permitirse ser “tocadas”, por los lugares, las personas que nos llevan a otros sitios. Como la mujer con la que he comenzado estas palabras, ella también es un sitio. Somos un sitio y en ese sitio que aceptamos convertirnos para otros seres humanos, hombres y mujeres, aprendemos un paso a la vez, a comer como alimentarnos, deleitarnos de lo que el exterior nos brinda; a sanar, lento y seguro, para amar intensamente, construyendo puentes, túneles, pero nunca más  laberintos sin salida. 

domingo, junio 19, 2011

De Buster Keaton

La condición humana

“Sherlock Jr.”( 1924)
Buster Keaton

Las ganas de aplaudir al finalizar la proyección del film Sherlock Jr., en particular se convierten en el personal recuerdo sobre conocer este filme, personal sí, pues de las imágenes que se han deslizado en la pantalla cobra sentido pensar en el gag, la belleza en cada uno de los gags delineados en el film, la exacta sincronía de la ejecución y la narración precisa en cada una de las escenas, son sólo alguna de las impresiones que puedo observar tras haber participado de una de las películas más espléndidas del cineasta.

“Sherlock Jr.”, en sus cuarenta y cuatro minutos más allá de narrar una historia nos lleva a observar la propia condición humana, frente a la modernidad con la imagen del tren –una constante en su obra,  esa máquina maravillosa para la época, tanto como la propia cámara del cine, los vagones de tren son tal vez los engranajes de la propia cámara de Keaton, y ambos instrumentos son consonantes para escribir las palabras que en el cine de Keaton no se pronuncian, pero se dicen en cada imagen, que miran al espectador. Personalmente me parece gloriosa la imagen de la modernidad a través del tren, esa modernidad que da servicio a lo humano, a las acrobacias que vistas en el film nos remiten a la metáfora de las peripecias de la condición humana.


Más allá de cualquier interpretación del filme el saber –como sabor- que nos deja Keaton en esta ejecución, a la que antes he llamado espléndida, es de frescura, aliento sobre aquello que si bien nos importa en lo cotidiano, como el dinero, puede ser desechado “barrido” y hallado como un papel más o como un objeto perdido sin mayor importancia más que la de no poder adquirir un objeto que no vale por sí mismo si no en proporción del regalo que puede brindarse al ser amado.

En “Sherlock Jr.”, la brillantez de las escenas soslayan cualquier comentario, Buster Keaton de quien Ricardo Vinós dijera “Sabe recibir la vida en el cine”[1], nos deja una vez más pensando sobre el metalenguaje en el cine: la secuencia donde entra en sueños dentro del film proyectado, nos hace ver de dónde posiblemente surge la “idea” para realizar muchos años después “La Rosa Púrpura del Cairo” del director genial Woody Allen. Probablemente se pueda aludir que esta secuencia es una visión del propio Keaton acerca de lo que pensaba de los filmes de la época, detalles como la mención de Veronal, marca de un somnífero, podrían decirnos lo que el llamado “Cara pálida” podría pensar acerca del cine de su época, esa paciente y alegre transgresión que le permiten “entrar y salir” del cine como espectáculo, como sitio, como lugar de encuentro con el ser humano y su condición como tal.



El cine de Keaton se vive dentro del cine ¡Con qué frescura entrega finales felices! Despreocupado. No sobreestima la relación de pareja, deja que cada cosa se quede en su lugar y un lugar para cada quien, pero no evade el problema ni lo magnifica, lo enfrenta sin mayor duda, sin mayor conflicto interior que no sea el que en cada imaginería ya ha depositado. Sin lugar a dudas estamos de acuerdo en cuanto se afirma que con Buster Keaton: “ la vida si vale la pena vivirla”[2], pues bien es cierto que la vida es, con su lista de cosas horribles, desaciertos, sentimientos, venganzas y juegos de poder, pero es también un llamado a vivirla, tal como es, porque la condición humana en Buster Keaton es frágil, sensible, ingeniosa, en peripecia eterna, pero también es con las propias manos y el universo posible que sólo en Keaton se transforma en maravilloso.


[1] VINÓS, Ricardo. Notas de la discusión posterior a la exhibición del film “Sherlock jr.” Curso de Apreciación Cinematográfica: Cine de autor. Centro Cultural Universitario/ Casa de la ciencia, Mayo 18, 2010; Cuernavaca, Morelos. México.
[2] VINÓS, Ricardo. Notas previas a la discusión: Buster Keaton.

sábado, junio 18, 2011

Este beso que me das...

Hace algún tiempo en este lugar, escribí un texto sobre el beso. Hoy lo recuperamos para la memoria.


"Cuando era niña pasaba el tiempo pensando en aquellas preguntas que no podía formular abiertamente ¿Por qué besar?, era una de ellas. El tiempo transcurrió y comencé a observar a las personas cuando éstas intercambiaban miradas y el paso siguiente era el beso. Tal vez fue el inicio del vouyer, pero había una curiosidad genuina por conocer el porqué llegaban al beso, qué caricia era que el deleite se reflejaba en los ojos, en los gestos, en las manos. 

Y así llegó a mi vida el primer beso... el segundo, el siguiente del siguiente, el sin número, el robado, el verdadero, el a destiempo, el concreto, el húmedo, el seductor, el que habla, el que encuentra, el que calienta, el que entibia, el que sumerge, el que come, el que muerde, el que truena, el que hunde, el que atrapa, el que grita, el que calla, el que ata, el que libera, el que sangra, el que calma... el tuyo, el mío, el nuestro; el de labios tercos, el cortito, el profundo, el que traga, el que avanza, el que no suelta, el que marca, el que cierra los ojos, el que abre los brazos, el que abre los ojos, el que cierra la puerta, el que apaga la luz, el que moja la piel, el que suelta las ganas, el beso que das... y que es sólo uno porque es en proporción de la persona que besas, del beso que besas al besar. Y hoy lo sé: la caricia inicial, la que dice, la que habla, la que deja, la que se queda rozando las pestañas... la que no provoca silencios incómodos es el acto en que dos bocas y el aliento se cobijan, coinciden, se humedecen, mientras la lengua danza a un sólo compás, dentro, de lado, pero con el aliento encadenado. 

Tal vez es tiempo que me plantee que no importa cuántas veces he besado sino que besar bien -besarme bien- no es posible, es el beso que nos damos, es el beso que es tu beso, que es el mío, que es tan nuestro, es el beso lo que damos, lo genuino y no lo supuesto." 

¿Cómo besas? ¿Cómo te besas?

viernes, junio 17, 2011

En voz alta

“…una es la mujer que vive en el mundo, con muchos nombres, pero sigue siendo una…” 



Escribir es un oficio, pero también es un permiso para conversar, para aventurarse hacia el exterior, para permitirse “el decir”, sí, el libre ejercicio retórico en el que nos descubrimos “hablando en voz alta”. Hace tiempo, más de un par de décadas, la mujer no tenía esa posibilidad como conquista del espacio público, como ahora es llamado. Aquello que decía o hacía, eran palabras emitidas sin el eco necesario, para saberse escuchada. En la actualidad los espacios se abren, las permanencias se generan y la continuidad pende y depende de nuestra capacidad para sujetarla, para asirnos de la pluma, del teclado, de dar forma a nuestras ideas, al libre ir y venir de nuestro quehacer cotidiano, a través de la palabra. 




Mientras pensaba en el derecho a expresarnos, en esta conquista, en esta libertad ganada a fuerza de macerar la piel y esculpir en el tiempo nuestra expresión, llegaba a mi mente también la sensación concreta de poder, porque en el sentido más generoso la mujer se ha empoderado, nos hemos empoderado con diversos vehículos, puntualmente desde la palabra –vehículo maravilla de nuestras ideas-, en los diferentes espacios que hoy hay quienes no pueden imaginar si quiera que eran más que privados, restringidos al sector masculino. Es inevitable recordar en este contexto a la escritora inglesa Virginia Woolf, su obra, y en especial aquella titulada “Una habitación propia” resaltaba en ella, la importancia del espacio femenino, para pensar, crear, soñar, proponer, y… ¿por qué no? El espacio indispensable para amarse, para amar, también en voz alta. 

Decía la autora inglesa, Virginia Woolf, “Porque todas las comidas se han cocinado, los platos y las tazas lavado; los niños enviados a la escuela y arrojados al mundo. Nada queda de todo ello; todo desaparece. Ninguna biografía, ni historia, tiene una palabra que decir acerca de ello.” Y tal es lo que durante décadas ocurrió, ese libro donde se escribe la historia del día a día, donde la banda sonora es el movimiento en el hogar, no tuvo un mérito público, no obtuvo un reconocimiento equivalente a un grado académico, pero su existencia permitió lo que hoy se hace vivencia, experiencia, estilo de vida. El espacio cotidiano es donde “el saber” es sabor me atrevo a decir, es el espacio primero, el espacio de la ama de casa, el espacio del hogar, el espacio en que se zurce la realidad, se cuece el alimento, se plancha la apariencia, se hierve la bebida que nos conforma, que nos remite al origen, a saber quiénes somos, hacia dónde vamos. 

Esta vez no escribo para el análisis y la crítica, no escribo para la interpretación, escribo lúdica y directamente como un homenaje a la mujer, aquella de quien alguna vez dijera Virginia Woolf escribe desde siempre, sólo que deja su nombre guardado con la palabra “Anónimo”, la misma que mira la vida desde la ventana o desde el gentío en un centro comercial o en la acera de enfrente, que a esta hora acude presurosa a su segundo encuentro con la cocina, pero que sabe que soñar no es sólo mientras duerme, si no cuando cobija, abraza o consuela, después de todo: una es la mujer que vive en el mundo, con muchos nombres, pero sigue siendo una; la mujer entera que hace mucho tiempo sabe que su media naranja se hizo jugo en la mañana, y ella sigue completa, diestra, entendiendo que el mundo es tanto y la vida una, que en todos los rostros y en todas las palabras, se pone de manifiesto su derecho, nuestro derecho, a vivir en voz alta.

jueves, junio 16, 2011

Mirar al cielo

“…para reconocer nuestra estatura en la tierra."
A Liz.luna

Constantemente imagino que en el cielo hay formas diferentes, más allá de las figuras halladas en las nubes. Pretendo que en el cielo hay verdades por descubrir. Me complace la idea. Hace mucho tiempo en los años de adolescencia pensaba que en todas partes había señales, símbolos de aquello que buscamos que nos indican o sugieren qué camino tomar, hacia dónde ir… más de una década después sigo pensando lo mismo. Al principio pensaba que más allá de la filosofía, como base suprema del conocimiento, estaba siempre de la mano la ensoñación, sigo pensando en ello lo confieso. Entiendo también que este no es el sitio para discernir acerca de la filosofía y la ensoñación, pero sí el sitio adecuado para hablar del cielo como receptáculo y emisor de señales, alumbramientos, ensoñaciones. 

Desde hace un par de años conozco a otra mujer que no únicamente describe como yo imaginerías en el cielo, sino que lo estudia. No es ella una científica, en sentido estricto, su labor no tiene que ver con la astronomía ni la ciencia exacta; pertenece a la clase de conocimiento que la realidad occidental no le concede crédito: la astrología. La astrología que en su definición más próxima aparece como el conjunto de creencias que pretende conocer y predecir el destino de las personas, y con ese conocimiento pronosticar los sucesos futuros. Escrita de este modo es eso una creencia, un conjunto de creencias, pero también es un conocimiento; cuanto he leído un poco acerca de la astrología me asombra que haya sido prohibida, si se afirma tan inofensiva, tan carente de veracidad, ¿por qué prohibirla, condenarla y castigarla en su práctica o simplemente en la atención que se le prestaba? 

En la actualidad, la comunidad científica la considera una falsa ciencia o superstición, sin mayor valor. No obstante, a mis treinta y tantos, sigo recordando mis paseos adolescentes mirando al cielo, los años que llevo compartiendo las largas conversaciones con esta mujer astróloga; todas las anécdotas que se desprenden de “si mirar al cielo”, la forma en que le da fuerza conocer acerca de ello y saberse enriquecida con ello. Las tantas ocasiones en que una predicción suya me ha hecho reconsiderar una situación personal. Sigo creyendo que debemos mirar al cielo de cuando en cuando, no sólo para conocer una predicción sino también para reconocer nuestra estatura en la tierra. Mirar al cielo para mantener durante el día la cabeza erguida, aquí, en el suelo, con nosotros que estamos llenos de planetas y causas próximas, plenos de razones que la ciencia no alcanza a explicarse; de sueños que las diversas disciplinas dan forma, pero que desde hace mucho, mucho tiempo es sabido que en ellos se consagra nuestro paso por el mundo. Aquí me quedo yo, creyendo en planetas y posiciones lunares, escuchando como la influencia de Saturno, la de Júpiter, explica más de una vez lo que siento, al final, Lizluna, me lo ha dicho tantas veces: en los astros está la predicción, en la voluntad personal la última decisión; el destino, se construye con voluntad, con carácter, mirar al cielo es también un acercamiento personal a lo divino que hay en nosotros, a nuestra estatura personal, después de todo ¿a quién no le ha parecido alguna vez que la luna es la responsable de algo inexplicable?

miércoles, junio 15, 2011

Doble asesinato


“El enigma de Kaspar Hauser”
(Cada uno para sí, y Dios contra todos; Dir. Werner Herzog, 1974)

“Madre, estoy tan lejos de todo”
El enigma de Kaspar Hauser

El «delito contra el alma es separar a un hombre de los otros seres racionales y de la naturaleza, dificultar su acceso a un destino humano y privarle de alimentos espirituales. Es el más criminal de los atentados puesto que va dirigido contra el patrimonio más auténtico del hombre, su libertad y su vocación espiritual».
Anselm von Feuerbach

¿Se puede morir dos veces? Es posible ¿Se puede matar dos veces el alma? Al observar el filme de Herzog una puede formularse esta hipótesis, pues recorriendo lecturas aparte como “Memorias de un enfermo de nervios”[1], “El loco impuro”[2] y, en este orden, “El asesinato del alma”[3], es posible afirmar que asistimos a un doble asesinato: el hombre en su primer descubrimiento, encadenado, recordando el mito de la caverna de Platón y tomando apenas un caballo de madera como única propiedad y objeto afectivo, una suerte de caballo de troya diminuto que lo llevará hacia otro espacio ya determinado por su captor: “jinete, como tu padre…” Y el otro asesinato, el del hombre que ha descubierto el arte, que se afana en tocar el piano, en sembrar su nombre con flores que tras ser mancilladas le provocan un dolor indescriptible.

Así llegan las imágenes a mi mente de lo que han mal llamado: “El enigma de Kaspar Hauser”, afirmo que han mal llamado porque el título original es el adecuado, según mi punto de vista. Las imágenes del filme son una suerte de evocación, cada una y en unidad, revistiendo una tonalidad diferente en mi memoria, pero una a una tienen el rostro descubierto de Bruno S. En este punto me detengo para afirmar que es difícil concebir que Kaspar Hauser no haya sido Bruno S., tan inverosímil como imaginar que Kaspar Hauser quedara reducido a ser sólo uno de los “4 enigmas” que en una especie de demostración circense de provincia se nos presentan en la propia película.

Tras las imágenes de la película surge una interrogante sencilla, casi ingenua: ¿Quién sonríe en la película? Sin embargo, la considero tan larga como el equivalente a preguntar ¿Quién en verdad es Kaspar Hauser, qué representa; tiene otro lugar en otro universo que no sea el de Herzog? Irremediablemente asistimos a un asesinato del alma y no sólo ocurre en el momento de la muerte propiamente dicha de la película, sino que podemos observar las facetas del crimen en variados momentos y no sólo en el primer intento mientras Kaspar Hauser come un huevo como una pequeña travesura, un gusto que se permite dentro de su libertad.

El crimen quizá ocurre en el momento en que es sometido a ver cómo un gallo se aquieta al pintarle una raya, o bien sucede cuando siente por primera vez el dolor de la llama, ese pequeño objeto luminoso, bello, pero doloroso, como la vida, como la convivencia  humana, como el intercambio social con quien desea “educarlo” que lo “domestica” con lo que “debe de ser” y no lo que “desea” o es.

Al filme se le pueden ubicar referencias tanto bibliográficas como fílmicas en torno a la socialización, que van desde “El Emilio” de J. J. Rousseau, y de modo más cercano como “El niño salvaje”(Wild Child Dir. Francois Truffaut, 1970); y frente a ello es posible destacar la maestría de Herzog observada directamente en la ejecución histriónica sin paralelo de Bruno S. No admite punto de comparación la agonía en su mirada o lo provocador de sus manos frente al piano que intenta una y otra vez tocar, sin conseguirlo, tal pareciera que ha elegido este instrumento como catalizador de su alma, de aquello que posee y al mismo tiempo lo desposee.

Escribir entorno a la película de W. Herzog es asistir a una mezcla de instantáneas posteriores a su proyección; preguntarse de modo persistente cuántas personas sonríen en esa película, constituye también afirmar cabalmente que es prácticamente imposible separar al personaje Kaspar Hauser, de la persona – la representación rebasa el histrionismo para dar forma, color y humanidad al propio mito. Bruno S., quien al parecer puede palpar su propia historia y afirmar sin mayor reflexión: “Madre, estoy tan lejos de todo”. Porque en este filme, como en pocos, el bien y el mal no se pueden definir, pero el dolor… el dolor cabe como el primer dolor que tiene la inocencia, la primera inocencia, la única inocencia. Y la muerte no es una agonía constante es el futuro y como tal –inexistente- es el presente.



Sin duda damos razón a quien afirma que este es el caso de un doble asesinato[4], pues durante el filme ya se dibuja la creencia que Kasper era hijo ilegítimo de la casa real de Baden, apartado y mantenido encerrado a favor de otro heredero. Una nota importante a mi parecer surge en la escena previa al final, Kasper aparece sangrando por múltiples heridas de arma blanca, en los pulmones y el hígado, afirmando que un extraño lo ha atacado, el mismo que antes de herirlo, le había entregado una nota en la que escribió: “soy de la orilla del río... mi nombre es MLO”, más tarde Kasper muere, no sin antes decir: “No lo hice yo”.



Es desde cualquier punto un doble asesinato: del alma inocente y del hombre que ha adquirido conciencia de su presencia en el mundo. Damos razón a que se puede matar el alma, pero soslayamos cualquier interpretación inmediata de carácter psicológico, que por inmediata podría conseguir que nos apartáramos de la mirada pétrea y al mismo tiempo etérea de Kaspar S.- Bruno Hauser, quien sumado en una misma esencia parece que con su existencia nos repitiera como un rezo la vida es así: Cada uno para sí, y Dios contra todos.




[1] SCHREBER, Paul. Memorias de un enfermo de nervios. Tr. de Ramón Alcalde, Sexto Piso, Madrid, 2008
[2] CALASSO, Roberto. El loco impuro. México, Sexto Piso, 2003.
[3] MORTON, Schatzman. El asesinato del alma.  México, Siglo XXI, 1986.
[4] En las memorias de Anselm Von Feuerbach. un famoso abogado que estudió el caso de Kasper Hauser.  El autor echa pronto de menos la mención de un delito hasta entonces nunca registrado: el que atenta a fondo contra el alma de un hombre. En el estudio de Feuerbach se constatan dos delitos perpetrados en la persona de Kasper, el de detención ilegal y el de abandono.

martes, junio 14, 2011

Las otras caras

Hace tiempo me regalaron unas máscaras de barro, tres máscaras; la verdad que hacía mucho tiempo que veía máscaras por todos lados y me atraían, pero aquel día mientras miraba las máscaras colgadas en la tienda me dieron muchas ganas de quedarme con ellas. Primero busqué en los bolsillos y supe que podía quedarme con ellas, luego las pagué y me quedé sin dinero, así que sin preguntarme nada más me devolvieron el dinero sin problemas, como si jamás las hubiera pagado, un poco lenta, me tardé en entender que era un regalo. 


Las pioneras (2008)

Luego llegaron las de barro negro, muy típicas de teatro, con motivo de mi cumpleaños, hace dos años, y se convirtieron en las máscaras que determinaron lo que hacía y lo que quería en ese momento, pero también en lo que creería siempre, el teatro. 
Las que determinaron una pasión (2009)


Para entonces ya estaba convencida que me encantaban las máscaras, me fascinaba su estructura y me remitía a los años más dulces de la infancia, mi llegada a vivir con mi abue y las primeras leyendas que me fascinaron y ejercitaban mi imaginación. Así que la siguiente la compré yo, desde que la vi me fascinó, era agosto del mismo año (2009), me gustó el rojo y la expresión y me quedé con ella. 
En agosto, 2009.

Luego uno de mis amigos llegó una tarde con una máscara de latón cuya expresión se amoldaba al espíritu de la tarde, ni siquiera se atrevía a decirme que era para mí, así que sólo buscó un clavo en la pared de la casa donde vivía en aquél entonces y la colocó sin decir nada más. Me miró y sonrío. 
Febrero 2009
El tiempo seguía su curso y en un nuevo cumpleaños de manos de una ilusión que se veía perdida llegó la siguiente máscara, ésta tenía la particularidad de las primeras: alargada, una expresión semejante y dos tortugas unidas. 
En el siguiente cumpleaños

Iniciando el año, en la actualidad, nos fuimos a un paseo acostumbrado a Tepoztlán y al entrar en un típico lugar de artesanías coincidimos con tres máscaras de madera tallada, decidimos quedarnos con aquella que tuviera la expresión que por entonces nos dejaba sin palabras. De algún modo funcionó porque la expresión quedó congelada y nosotras intactas. 
La que se quedó con el desconcierto (2011)

Y bueno, tal parecía que salvo dos máscaras que no están en casa, estas eran mi compañía, pero recientemente nos fuimos de viaje a Valle de Bravo, alias "El dorado", y nos encontramos otra de barro, mucho más grande que las anteriores y pesada y esmaltada, el reto era cargarla cuatro horas o un poco más, así que lo acepté y ya está en casa, no puedo decir que está intacta, porque uno o dos rasguños se llevó en el trajín del viaje, pero esta es la capitana ahora. 

La capitana 2011
Y bueno, hasta ahora con un par de salvedades que ya estarán en casa próximamente esta es mi colección de caras, de expresiones y que me remiten a la infancia y a la querencia por este mundo en el que vivimos, aún no sé cómo, pero lo consiguen. 

lunes, junio 13, 2011

El dorado

Hace tiempo, quizá más de un par de años, me pareció que el nombre "Valle de Bravo" sonaba más de lo que geográficamente me decía. Así que decidí "adoptarlo" como un destino; sin embargo el tiempo transcurría y cada vez se parecía más a un momento imaginario que a un sitio al que pudiera acudir; así que me conformé con la sonoridad del nombre pronunciado en voz baja, como lo único que me quedaba del lugar. Solía pensar que el día que finalmente llegara no lo reconocería, o bien sería uno de esos largos sueños que una vive y que no quedan huellas materiales al respecto, el tiempo, siempre el tiempo, hizo que la idea se arraigara. A veces expresaba mi deseo de ir, otras lo olvidaba.  Un par de ocasiones los planes versaban sobre ese viaje, pero no llegaban a un resultado. Así que un día lo nombre "El dorado", ese lugar imaginado por los españoles al que nunca llegaron; así, en el mismo sentido. Sin embargo, mis cariños no estaban de acuerdo con plantearme metas imposibles, así que no sólo no aceptaron el nombre sino que me pedían que lo replanteara por la distancia a la que me encuentro, la posibilidad. Ya para esas alturas sabía que no se trataba del sitio como tal, llevaba aparejado algo más profundo, entrañable, lo que el lugar me había crecido dentro, la idea, el sueño, pensar en la compañía, en la forma. 

Cascada "Velo de novia"
Con el paso de los años le llamé "El dorado", significando todo aquello que reclamaba: compañía, palabras, miradas, un sueño en común, eso... un acto en común, como la palabra conspiración que indica respirar el mismo aire... y lo olvidé. Como dije antes, alguna vez lo comenté en voz alta, más de una vez si soy honesta, así que mientras yo olvidaba la idea, alguien más la recordaba y le daba forma. Valle de Bravo no podía ser "El dorado", no de ese modo. Así que el fin de semana que correspondía a mi festejo de cumpleaños, casi dormida tomé una mochila y subí al autobús en un acto de completa conspiración contra mi cadena de derrotas y llegamos: "El dorado" efectivamente no existe. En su lugar encontré un poblado cálido y pleno de leyendas. Paseos por el lago, por las cascadas, por el bosque, comida deliciosa, artesanías, mucha risa, gente buena... "El dorado" se desintegraba y las pocas imposibilidades con las que contaba, también. Jamás regresó la que se fue, como decía Heráclito "panta rei", "nadie se baña dos veces en el mismo río". No podía regresar, porque ya no tenía la aldaba de la incertidumbre, el tropiezo de lo imposible, así que no regresé, el reto es mayor si lo medito y lo trato de comprender, porque no regresar es ser otra, con el mismo nombre, pero otra, con un pasado y también con un futuro. 

Y "El dorado" seguro está allí, para muchos, pero no para mí, ahora no. Quizá después medite si tener un "Dorado" es prudente, finalmente soy tan afortunada que cada vez que planteo uno, lo alcanzo, pero a diferencia de la leyenda, me siento satisfecha, me congratulo, eso es un poco lo que me hace dudar si no he pasado de convertir al "Dorado" en la forma paradójica de acercarme a una meta. 

En fin, sigo agradecida por el viaje, por las ganas, por el entusiasmo, por el cariño, por la fuerza, por el coraje, la sonrisa y el amor, sobre todo el amor. 

martes, junio 07, 2011

Hoy que es mi cumpleaños

Recordé que hace 7 años mi padre me llamó en punto de la hora en que nací y me dio serenata, los kilómetros que aparecían entre él y yo hicieron de esa serenata memorable para siempre. Recordé hoy su voz, su acento, las palabras que me dijo, el poema que tantas veces repitió ("Bienvenida" de Mario Benedetti), y su emoción al repetirme el diminutivo tan acostumbrado ("Mines"). Años después haría un rito semejante, porque siempre lo hizo desde que tengo memoria, no importaba el desvelo, mi padre llamaría a la hora que nací, como desde el mismo día que ese hecho ocurrió. 

Más tarde soñé con mi Abue, que no era una santa, que era una bruja para muchos, pero para mí, era mi hechicera, la vi de nuevo aproximarse a la mesa del comedor donde desde los ocho años yo me sentaba a hacer la tarea; nuevamente sentí su beso en la frente, su alegría y su perfume, se regresó a su habitación y me dio un perfume, "uno de señorita", porque ya era para ella, desde ahora y para siempre una mujercita, que debía llevar perfume siempre, que debía cuidarse... mi abue. 

Ahora ellos ya no están, pero se quedaron en mis sueños, en mis recuerdos y son parte de esta mujer que soy, de la persona y del ser humano en que me he convertido. Mi madre ha estado conmigo desde que tengo memoria, es quien llama cada vez y me vuelve a contar la historia de mi nacimiento, vuelve a abrazarme a distancia y a repetirme las circunstancias de mi nacimiento, la forma maravillosa en que la hice mamá y lo orgullosa que se siente de saber que estoy y vivo, mi vida diferente a la suya, a veces repite que ella escribe con los pies -refiriéndose a su caligrafía,  y le fascina que sea yo quien escriba con las manos, mi mamá y sus metáforas -¿cómo no nacer poetisa? 

Este año no hice una lista de regalos en este sitio, pero la vida se empeña en seguirme sorprendiendo a cada instante, hay tanto por aprender de cada espacio y yo apenas que voy a la mitad de todo. Este año no sigo al poeta Sabines, no me receto tiempo, ni abstinencia ni soledad, no quiero. Este año tengo a mis hermanos Quique y Miri, mis hermanos por la sangre que nos une, Alvaro y Ángeles; mis sobrinas y sobrino, Dafne, MaryJo, Alexa, Mía y Alvaro, cada una, cada uno; a mis amigos, a mis amigas que son la familia que elegí, el corazón llenito de amor, porque aún cuando me duelo que ya no estén, aún cuando me duele que ya no pueda abrazarlos, siempre tendremos los sueños, la posibilidad de encontrarnos en otro plano, en otro lugar, en otro espacio. 

Reconozco todo lo que me gusta, por todas partes en mi casa, cuánto me gusta lo que me gusta, cuánto ha dolido lo que ha dolido, pero es maravilloso vivir con los ojos abiertos y el corazón tibiecito. Vivirme, vivir, porque vivir vale la pena, la alegría y lo que haya que seguir. 

Gracias vida, gracias, por este año que no sólo se suma y no se resta, sino es tan parecido a la cima.