jueves, abril 26, 2012

Un pedacito de valle

Va a cumplirse un año de nuestra visita a Valle de Bravo, sí, nuestra. Ahora y a esta hora en que debería estar durmiendo, pienso en ello. Quizá sea el olor del objeto que te empeñaste en regalarme, aunque sólo hubiera uno y sólo yo me quedara con él. Justamente hoy lo he devuuelto a la mesa en que trabajo y mientras lo colocaba cerca, el olor regresó. El aroma del pino, la maravilla de la cascada, el recuerdo sentido por todos lados. 

Te conté dos años atrás que deseaba ir a Valle de Bravo hacía tantos años, casi tanto como conocer París, sonreíste. Supongo que en ese momento no sabías que dos años después lo propondrías como mi regalo de cumpleaños. Así se realizaron mis dos sueños, años atrás conocer París, y a tu lado Valle de Bravo. Estoy pensando en este minuto lo extraño de la vida, fuimos el mismo año a París, sólo que no nos conocíamos. Tú fuiste con otro motivo, digamos una cruzada, yo, en cambio, fui a perderme a París, para encontrarme conmigo. Si colocáramos nuestra vida en coordenadas, daríamos con las tantas veces en que estuvimos en el mismo café, la misma institución, por motivos diferentes. Una puerta que no se abrió o alguna otra que se cerró antes... Ahora pienso en Valle, supongo que las fotos más emblemáticas fueron parte de tus ocurrencias. ¿Recuerdas al ranchero reflexivo? Sí, seguro que lo recuerdas, el hombre con sombrero que colocó el dedo índice entre el inicio de la nariz y el final de su frente, mientras miraba hacia arriba. Bastante clara quedó esa foto. Quizá las que no olvidarás, son aquellas de la cascada el Velo de Novia, porque no eran tus ojos los que tomaba si no tus dedos, los de los pies, mientras se envolvían por la corriente del agua. Nos dijeron que la leyenda señalaba que debían mojarse los pies y dejar así todos los pesares, para que se los llevara la corriente, para que no siguieran en nuestro ánimo. Y lo hicimos, no sé si será cierto, pero por ese único instante tu sonrisa volvió a ser exactamente como la recordaba dos años atrás, cuando esta historia empezó, nuestra historia que entre tantos aromas, también tiene el aroma de saúco, de madera, de pino, de piedras, de cascadas, de sol, de recorridos en lago, en yate, en lancha, como en Catemaco... No, ahora no contaré de ese otro viaje, me quedo con el pedacito de Valle sobre mi escritorio, ese que tanto peleaste a los demás compradores para que se quedara conmigo, en mis plumas, lo sabías, sí, seguro, sabías que un buen día buscaría a Valle de Bravo, un pedacito por alguna parte y ahí lo encontraría entre mis plumas, cerquita del ordenador, pensando en ti, sin ti, porque estás por alguna parte, mientras yo, acá, pensando en Valle, sin extrañarte ni un poco. Ya sabes, jamás conseguí aprender. 

Estoy pensando en el frío que pasaste mientras tomé las fotos de la cascada que arropaba tus pies... ¡Caramba, debimos quedarnos allí, sonriendo!

miércoles, abril 25, 2012

La calma, la trama y mi guerra.

Me dicen que la tranquilidad y la calma es lo importante, lo urgente, lo necesario, lo que debe de hacerse, a lo que debo de asirme. No creo una palabra. Quiero lo que adentro me abrasa, me quema, me aturde, me invade. No quiero calma ni estabilidad. Quiero esta guerra y esta llama. 

Con el paso del tiempo lo que he aprendido es que la tensión produce resultados, que la locura crea acción, rotunda, sin descensos. Quiero mi guerra, mi batalla a diario, mi locura, porque así me sé, porque así me reconozco, me encuentro. No quiero, no quise tu paz, quise tu guerra; no acepto tu equilibrio, quiero el desatino. 

Hoy no acepto la armonía como el resultado de la calma. No, la armonía viene de la discrepancia, del desequilibrio, de la tensión de los puntos, de la diferencia. Quiero esa diferencia. No estoy hablando de polaridades, no quiero saber de puntos extremos, no quiero entender de negro o blanco, no quiero bueno o malo, no quiero. Me gusta la carcajada y el silencio y ello no me hace polarizante, me convierte en mí y me descara, me descubre, me encuentra. 

Eso quiero, la guerra, antes que tu paz; el conflicto antes que la monotonía. Quiero esas noches de boda que dice Joaquín Sabina; quiero la luna montada en mi hombro antes que vista por el cristal, quiero prender la estufa con el cerillo, antes que seguir temiendo a una fuga de gas. Quiero el desnudo antes que el vestido que imagine. Quiero, sí, eso quiero la trama, aunque venga el desenlace; leer una y otra vez una historia que me haya gustado, aunque ya la conozca. Quiero la trama, sí, con el nudo y el conflicto, con la forma en que lleva a otra historia, con la segunda historia, con el color en la historia. Ser el personaje de color antes que el nombre sobre el papel. Quiero la rabia y el coraje y la mordida. Quiero el insomnio antes que la monotonía del sueño correcto. Hoy lo quiero todo, lo quiero con todo y eso, eso, me da calma. 


Buena noche, calma. Buen día, en pie de guerra. 

lunes, abril 23, 2012

Punto y aparte

Te quiero. Te quiero por todos lados. Te quiero con el cabello al viento y mientras aplaudes. Te quiero cuando cantas y cuando bailas, te quiero con el orgullo y la misma causa. Te quiero a ti y a tu sonrisa. Te quiero a tus manos que balbucean las palabras y gritan las lágrimas. Te quiero a ti y a tu llanto. Te quiero a ti  y a tu enojo. Te quiero a ti y a tu sarcasmo. Te quiero. Te quise desde el primer café y la primer llamada. Te quiero desde antes que lo pensara, mientras intentaba tomarte una foto. Te quiero con aquellos viejos tenis y aquella chaqueta que tanto odiaste. Te quiero. Te quiero a ti y a aquel momento en el auto cuando grité que te quería por la ventana y reíste. Te quiero desde entonces, desde hace tanto, desde las horas no vividas y las horas compartidas. Te quiero. Te quiero a ti y a tus manos. Te quiero a ti y a tus pies de "esclava", al sonido de tus pasos y a tu forma de hacer el sueño. Sí, te quiero cuando duermes y cuando callas. Te quiero a ti y a tu dolor de cabeza, a tu gripa y a tu gusto por la cerveza con más que limón para saborearla. Te quiero. No hay razones para quererte, no tengo un "te quiero" porque... no, sólo tengo el  "te quiero" para dártelo. Aún así, con todos tus nombres, con todos tus aciertos y tus virtudes, con los miles de deseos que comparto a tu lado y las cientos de palabras que en tu nombre repito, voy a quedarme quieta. Voy a olvidarme de estar cerca, voy a asirme de la pluma, del ordenador, de la cámara fotográfica y voy a dejarte ir, ahora, hasta jamás. 

Te quiero e imagino conformarme de este mundo en adelante, estructurarme, encontrarme, habituarme. Te quiero a ti y a tus sueños y a tus afectos y a tus deseos, por eso me marcho, para esto me marcho. Te quiero, te voy a querer, así como ver llover, como saber que no será la última vez, no será la primera, pero es el instante preciso en que todo está y ocurre como un momento perfecto. 

Te quiero a ti. Punto y aparte. 

sábado, marzo 03, 2012

De cómo descubrí que el tiempo termina

Las diferencias son inexactas, como el tiempo, como la lluvia, como los recuerdos. El espacio en que caben todas las palabras que se han dicho... cuando llega el silencio es un límite breve, casi absurdo. Ha llegado no sólo es imposible detenerlo, es improbable.

sábado, febrero 25, 2012

Yo... me quedo porque

Amo la trama más que el desenlace.


Aunque no puedo colocar esa canción, dejo otra en su sitio. Igual de importante.



jueves, febrero 02, 2012

Guía de precauciones o Guía de una neurótica principiante

Después de unos días verdaderamente caóticos, se me ocurrieron algunas ideas, acá las dejo. 


  1. Evite plagios, no nazca.
  2. Evite decepciones, deje de respirar.
  3. Evite malos tratos, aprenda a negociar o defensa personal.
  4. Evite llorar. No se conmueva.
  5. Evite el dolor, el suicidio será una alternativa si lo sabe llevar -la vida también por si le interesa.
  6. Evite la honestidad política, vive en el país correcto.
  7. Evite el silencio, hable sin sentido.
  8. Evite el adiós, no salude.
  9. Evite desperfectos, la neurosis lo espera, la frustración también. Ahorre.
  10. Evite el "viva mejor", viva su vida.
  11. Evite incendios, no se enamore.
  12. Evite la excusa, no haga compromisos.
  13. Evite el destiempo, coincida.
  14. Evite el duelo, practique el desapego.
  15. Evite la frustración, no asuma el control.
  16. Evite la angustia, no piense en el futuro.
  17. Evite “extrañar”, acepte que su destino es “raro”.
  18. Evite la caída, observe donde pisa.
  19. Evite el tropezón, enfrente la vida.
  20. Evite la luz, siga en la caverna.
  21. Evite evitar, levite.
  22. Evite la mentira, la omisión es su opción.
  23. Evite el fracaso, nunca intente.
  24. Evite el conflicto... se jodió: está viv@.

Seguro la lista aumenta, según crezca la neurosis, ahí la actualizaré. Mientras un poco de humor a este embole de neurosis perfeccionista recién estrenada según yo, vaya usted a saber desde cuándo está conmigo. 




miércoles, enero 25, 2012

100 Cosas Que Amo




Una noche comenzaba a “pensar” –ejercicio que no me gusta. Así que decidí hacerlo a un lado y mejor recordar gracias a un TT 100 cosas que amo. Evidentemente el orden no es por jerarquía emocional o importancia, tal como se venían a la mente.  Lo interesante es que debían de ser cosas y no personas. Acá el resultado:

1. El café (americano, latte, macciato… ¡el café!).
2. La leche (Fría, caliente, tibia).
3. Mirar la luna (Llena, menguante…)
4. Evidentemente la literatura
5. ¡El cine!
6. Dormir soñando
7. Los peces, los míos.
8. El teatro.
9. El mar, mirarlo y sentirlo.
10. La lluvia
11. Las tortugas
12. La música
13. La música de Joaquín Sabina
14. La literatura de José Saramago
15. La literatura de Virginia Woolf
16. Escribir poesía
17. El jazz
18. El suelo bajo mis pies, el cielo sobre mí.
19. Descalzarme
20. La energía de la luna
21. Poder utilizar lentes oscuros
22. Mi cámara fotográfica
23. Hacer fotografía
24. La pintura
25. Escuchar la palabra “tía” de mis sobrinas y sobrino
26. Las libretas con hojas en blanco
27. El helado
28. Las donas
29. La voz de mi madre
30. La sonrisa de mi hermana
31. Las manos de mi hermano
32. El vino tinto
33. Mi armónica
34. Mi ordenador (los dos)
35. Ser mujer
36. Nacer en esta época
37. Dictar clase
38. Ver películas con…
39. El amanecer
40. Verte dormir
41. La cerveza oscura
42. El whisky
43. El agua mineral
44. El tequila frío
45. Las gorras
46. Los gorros
47. Los zapatos
48. La crema
49. Las tazas
50. Woody Allen (su trabajo)
Mi "con..."




51. Todos los sobrenombres que me ha puesto mi mamí
52. Conversar, conversar, conversar…
53. La astrología con Bren


54 Las letras
55. Equivocarme de día al despertar y que pueda seguir durmiendo
56. Estirarme al despertar
57. El olor a tabaco
58. Ducharme
59. Los lápices
60. Los bolígrafos
61. Llamarme Junio, nacer en junio
62. Las pulseras (de hilo, de plata, de cuero…)
63. Los zapatos tenis blancos
64. El abrazo, el buen y sincero abrazo
65. Entrelazar las manos al dormir
66. El recuerdo de la voz de mi padre
67. La lectura de Michel Foucault
68. Las piedras que mi abuela hizo preciosas cuando las tocó
69. El lugar donde nací.
70. La historia de mi nacimiento
71. Leer, leer, leer, leer ¿Ya dije leer?
72. Reír a carcajadas con Demora Liliana
73. El cine de Buster Keaton
74. La forma de las bicicletas
75. El jugo de mandarina
76. Las ventanas
77. Dormir con mi mamí
78. Bailar con mi hermana
79. Ser hija y hermana
80. Caminar sin prisa
81. Viajar en carretera con…
82. “El café” con mi amigo Ro
83. La carne
84. La soya
85. Las plantas
86. Los encendedores
87. El asombro en mis alumnos/alumnas
88. El refresco de lata
89. Tomar agua en recipientes de barro
90. Las lámparas, todas.
91. La crema humectante
92. Mis lentes, no los que tengo, ver bien
93. Mis manos “… que dicen futuro”
94. Las máscaras, no las de las personas, de barro, de metal…
95. El sonido de sus pasos
96. Nuestro gusto para la elección de alimentos
97. La conversación eterna, con sentido del humor con Renée, Aldo y Emanuel
98. Los juegos de palabras como bromas “cerebrales”
99. Hacer este ejercicio porque me permite recordar las #100CosasQueAmo
Y número 100, ¡ESTAR VIVA, ser Bicho, tener la capacidad de asombro! de las #100CosasQueAmo

lunes, enero 16, 2012

Una reflexión: "La adelita"

Una de las fotografías que más atrapa la atención de las personas es quizá la del famoso personaje femenino, "La adelita", esa fotografía que motivara canciones, películas, expresiones verbales, hasta convertirse en un símbolo femenino de nuestra cultura; mítica compañera que en tiempos de la revolución presuntamente existió y dio su nombre a otras más quienes siguieron sus pasos, caminando por la vía o al lado del caballo de su charro.

Mientras escribo sonrío pensando en la fuerza de la fotografía que acompaña mis palabras. Admirémosla, con excepción de una figura quienes aparecen en ella son mujeres, tal excepción no puede afirmarse con certeza, se supone luego que no sea posible diferenciarla y saber si era también una mujer, se trata de quien espera aún en con el pie derecho en el vagón, mientras su rostro se asoma. El resto todas mujeres, seis. La mujer de frente a la izquierda se asoma y tiene la postura alerta,  lleva el rebozo también cubriéndole parte de la cabeza, mira haca el lado opuesto al descender; a la derecha otra quien sólo mira para descender sin mayor actitud; nadie posa a la cámara, pero una de ellas parece mirarnos, mirar al fotógrafo, hacia quien la mira.



Y esta lectura acerca de la fotografía ha nacido de una lectura a su vez de Santiago Ramírez, "El Mexicano. Psicología de sus motivaciones." En ese lugar, el hallazgo: 

"La revolución fue la única forma en que la mujer pudo hacer expresiva una sexualidad reprimida y soterrada: fue la única forma en que pudo paternizar la fuerza de un instinto tan larga y violentamente reprimido. Todo lo masculino que en ella había, llevó a impulsar al guerrillero, el cual era su masculino proyectado, contra todo lo que la sojuzgaba y ataba. A más de eso su femineidad, en la relación con "su hombre", más que en la relación "con su hijo" se hizo patente y manifiesta. Fue un momento en la historia de México en que la mujer, tal vez como nunca hasta entonces ni después, pudo expresar su femineidad más como "mujer" que como "madre."
Tal hallazgo, da la explicación de mi curiosidad, mi necesaria búsqueda más adelante por fuentes que si bien no me revelaran la identidad de "La Adelita" me ampliaran el horizonte sobre el cual se daba su existencia. El hallazgo es así, aparece ante la vista sin ser buscado, está ahí, tropezamos con él y nos inquieta, nos remite a las formas que ansiábamos entender, pero hasta ese momento no lo sabíamos.

Buscar datos acerca de "La Adelita", me llevó a conocer que incluso había quienes dudaban de su existencia física, encarnada en una persona, por el contrario se entiende que era el símbolo de una época, de una manifestación femenina, un modo de expresión, tal como lo entiende Santiago Ramírez. En realidad me parece que a estas alturas de mi curiosidad es lo menos importante, lo que comprendo y acepto es lo mucho que me inquietan las palabras, la imagen, la idea: rebeldía, empoderamiento, expresión de una sexualidad reprimida, asumir el lugar en la historia... No lo sé, pero entiendo que somos cada día, desde trincheras diferentes, "La Adelita" que va por la vía, al lado de su ideal, de su lucha, de su credo. Como yo, como otras, como tantas. Ya lo he dicho en otro lugar: "Una es la mujer que vive en el mundo, con muchos nombres, con tantos rostros, pero sigue siendo una, la mujer."






lunes, diciembre 19, 2011

Omar, mi amigo.

Hace tiempo que nos conocemos; quizá más de quince años, pero muy poco que somos amigos. Esa forma única que tiene la vida para asombrarnos, hizo que el tiempo en que podíamos sentarnos y, frente a frente, nos viviéramos, al parecer no era el nuestro. Pasado el pasado, nos encontramos en una red social, y en la conversación inicial no fuimos capaz de diferenciar el paso del tiempo: temas en común, criterios y afinidades nos hicieron más que cercanos, íntimos. Hoy mi amigo Omar me permite recordar la figura literaria, propiamente de la retórica, anagrama, que permite mediante la descomposición del orden de las letras formar nuevas palabras, este es el caso: Omar, Ramo, Amor, Roma, Mora, todas palabras hermosa, en cuatro letras, como él mismo y sus asombros y sus ocurrencias. Le encanta sorprender a sus amigos con una llamada y hoy lo ha hecho conmigo, discreto como es él, simpático y excelente conversador, ha llamado para la felicitación correspondiente de navidad, mientras yo imprudentemente lavaba los trastos. Conversamos largamente compartiendo bromas y recuerdos. Es maravilloso que la vida te recuerde el paso del tiempo de esta manera. 

Ahora ya puedo afirmar lo que en el primer minuto del espacio en que volvimos hablar sospeché: Omar y  yo somos cómplices. Esa complicidad de intimidad, donde podemos leernos y asombrarnos de la forma en que coincidimos en personas, lugares y posibilidades. Es el hombre del buen gusto y quizá esa sea la razón por la que le he dedicado esta entrada, me maravilla la posibilidad que exista y podamos estar contacto, crear esa amistad a la que yo la bautizo como complicidad. Tal vez porque recuerdo que hace mucho aprendí que el amor es un crimen perfecto, pero para ello se necesita un cómplice. 


Me gusta pensar que aunque algunos kilómetros nos separan este hombre viene a acomodar mi esperanza por la humanidad, por la amistad y por la firmeza en la vida y en las decisiones, porque sin exagerar es una gran idea de la vida que una persona como él nos permita estar en el mismo camino. Mi amigo Omar, no sé de dónde toma el cristal con que mira al mundo, posee tanta certeza en los juicios, agradezco tenerlo cerca, agradezco más sentirlo cerca. Él no lo sabrá hasta ahora, pero más de una vez cuando pierdo el rumbo de lo que debo de hacer, una palabra suya de aliento, de reconocimiento, y vuelvo a recordar que sólo hace falta una persona que crea en ti, para saber que eres un héroe, puedes hacerlo todo, puedes con todo. Gracias, Omar. 


miércoles, diciembre 14, 2011

Hoy que no es martes 13

He tenido un día intenso, pero en toda su extensión. He hecho una dinámica de trabajo con la generación saliente, ha sido de un resultado próspero y radiante y me siento satisfecha con ello. No sólo ha sido este hecho lo que me ha encantado. También la capacidad humana que hoy ha quedado plenamente demostrada de "mirarse a la altura de los ojos", de aceptar el paquete completo -porque somos un paquete completo-, con nuestras fobias y nuestras filias, con nuestros errores y aciertos. Somos una moneda con las dos caras, pa' que sea valiosa, pa' que valga la pena. 

Así es lo que he aprendido hoy. Y es que el día comenzó de maravilla. Porque me encanta el "buenos días" y las palabras finales: "Ten un buen día". Tal cual fue un día intenso, donde corría y corría para llegar y llegaba, y el bombeo natural del corazón y la sonrisa en los ojos por seguir maravillada por la vida, por la humanidad, por la capacidad con la que la naturaleza nos dota para reconocer, enfrentar y aceptar la vida siguiente. 

Después de todo, hoy no fue martes 13, pero me parecía que era el día extendido muchas veces, por todos lados; recuerdo perfecto cómo ayer escuchaba el mismo bombeo en el corazón, el mismo ritmo, sabiendo que era un día de suerte. A cada momento se extendía una sorpresa, un encuentro o una palabra nueva que me hacía sonreír la mirada, - cosa muy complicada eso de sonreír con los ojos, pero es posible. Lo es. 


Hoy que no es martes 13, me gusta tanto que sea miércoles, como mañana jueves, como cada día; desde algún momento que elegí pensar que cada día es un día de suerte. El destino es más sabio que la voluntad humana, cuando permite que halles justo lo que no sabías que buscabas, porque entonces no es un encuentro, es un hallazgo, como el misterio, como el amor, como la suerte o la posibilidad, para ser franca esta última me gusta más. La posibilidad no es por suerte, la posibilidad es tan humana como el misterio de la poesía, como... no lo diré ahora, pero lo siento, aquí, cerquita, dentro.



Buena noche, toda la noche.