miércoles, agosto 22, 2012

Como lo posible...






Como niña de cinco y las inyecciones;
como la muñeca en el cajón
cuando la edad pasó para jugar;
como la bolsita de canicas que se cae
y lloras por ella, y te silencias;
como la resbaladilla que se quedó
allí, quieta, mientras deslizabas.

Como el día que aprendiste a caer
para entender patinar y te reíste.
Así yo, así este dolor en mí,
así este miedo chiquito en la espalda,
por la sangre que no veré,
por el lugar que no alcanzaré,
por este color blanco-pálido
que se me queda en la piel.

Como el coraje que no recuerdo,
pero que dices se hizo nudo;
como ese silencio que hice,
y debí gritar fuerte
con el alma, para que no pesara,
para que no se quedara
ni allí ni aquí ni en mí,
pero no sabía...

Como niña de cinco con fe,
con miedo, con tanto silencio
de poco, de nada, de "no sé".

Como lo posible, estar, seguir,
quedarme quieta, moverme poco
sentir que es, que está, "¡soy libre!"
Como lo posible que ya no es,
como lo posible que es,
como lo posible, la fe:
la palabra dicha,
la palabra clara,
la palabra sombra,
la palabra "siempre"
en la que ya no crees,
que ya no pronuncio,
pero que entiendo hasta ahora,
a los "treintaytrés",
mientras te miro
como lo posible, como lo que es.

*Mención especial en el premio Alfonsina Storni, 2007.  Festival de mar de plata. Argentina

lunes, agosto 20, 2012

Diablo

Yo soy la reina de las fracasadas, diosa de las miseradas,
soy veneno en dosis breves, bálsamo si me tragas;
alcohol en la sangre y la sangre en la boca.
Amo, como y duermo del mismo modo, infinitamente;
confío y me parten, me entrego y me parten:
a quien más he querido me ha llamado paranoica,
a quien más he rechazado me ha enseñado el cielo;
quien me busca no me halla, quien me evade me encuentra.

Soy la reina de las fracasadas, diosa de las miseradas
tras conjuro no llego, tras mortaja, me atengo;
odio la mentira, la falta de fe, juntas forman mi mayor virtud.
Me falta el aire y no abandono el tabaco,
me atengo a lo imposible y lloro por lo probable;
nací mujer, y es mi victoria construirme diablo,
soy el diablo y no una diabla más,
soy mi juicio y mi verdugo, mi cárcel, mi condena.

Cuando cae la noche, mi corazón late sin pausa,
asume la consigna de la sangre que hierve a solas,
del pubis abierto y el viento en las manos;
frente al espejo, reconstruyo mi nombre,
el reto de no ser, y en la ley del deseo:
¡soy el diablo, soy el diablo!
Advierto y no escuchan:
“No te fíes de mis manos, si te toman no te dejarán partir.
Esto que soy te matará, lentamente, reza por ti.”
Yo soy la reina de las fracasadas, diosa de las miseradas,
Y en la “ley del deseo”: ¡soy el diablo, soy el diablo”.
Reza por ti.
22.49/Julio 24, 2005.

viernes, agosto 17, 2012

El cine documental y el festival de la memoria





Ahora que las cosas se ponen en su lugar o en definitiva, "las cosas" nos exigen un lugar, tenemos que hablar del género del documental en el cine. Por mucho tiempo considerado como un movimiento estético y social desde el nacimiento del cine, en la actualidad es uno de los géneros cinematográficos mejor definidos. La propuesta del género del documental está sustentada en la cámara y el realizados, como testigo y actor de la realidad. Su más fiel exponente, para muchos, fue Dziga Vertov con su teoría de cine ojo, filmaba cuanto veía y lo compaginaba de modo singular,  «Soy un ojo fílmico, soy un ojo mecánico, una máquina que les mostrará el mundo como solamente yo puedo verlo», decía en la proclama del movimiento «Cine Ojo».

En cuanto al documental lírico de la vida cotidiana, los más representativos son los de Robert Flaherty: Nanuk (1922),  El hombre Arán (1934) y Lousiana Story (1948). Acá dejo un extracto del primero, Nanuk el esquimal considerado el primer gran documental de la historia del cine. 



Lo maravilloso del tema que hablo ahora es que justo dará inicio El festival de la memoria. Documental Iberoamericano, "...en su sexta edición, contará con 50 películas que dan cuenta del presente y el pasado en la construcción de una plataforma cinematográfica de investigación, denuncia y rescate." Se llevará a cabo del 17 al 26 de agosto en el centro de Cuernavaca, Morelos, en tres sedes principales: el Cine Morelos, el Centro Cultural Universitario y el Auditorio Jean Dubernard del Palacio de Cortés. Con un homenaje al cineasta Nicolás Echevarría, además de la sección Mirador México, donde se contará con una muestra de microdocumentales que abordan el 

Para esta ocasión se ha preparado un homenaje al cineasta Nicolás Echevarría, proyectando los filmes más emblemáticos de su filmografía, además de que en la sección Mirador México se integrará una muestra de microdocumentales que abordan el movimiento #Yosoy132. Por si esto fuera poco, tendrá lugar el 2º Encuentro Nacional de Documentalistas, con la participación de promotores cinematográficos de 20 estados del país.

Creo sin duda que un país sin un cine nacional es un país sin ideología, pero un país sin memoria no sólo está condenado a repetirse, como para el caso de los individuos, si no a su caníbal destrucción. El documental nos permite el cabal registro, la memoria colectiva, la enorme posibilidad de vernos y entendernos. La reflexión posible. Una probadita de lo que ocurrirá y más datos para seguir toda la programación. 


http://www.festivalmemoria.org/Programacion_FMDI_2012_web.pdf

miércoles, agosto 15, 2012

Obligo a quien me obliga



Es la primera expresión que surgió al momento de escribir estas líneas. Supongo que parte de lo que me ocurre esta mañana es justo eso: obligación. De modo más esencial pienso en mis clases de derecho, aquella por ejemplo en que la magistrada solía decir que la palabra proviene del latín obligatio, ligar, vincularse. El vínculo que constriñe. Así me pasa esta mañana con la escritura, con la lectura, con lo que voy entendiendo se renueva cada que oprimo una tecla.

Me parece sensacional que la máquina en la que escribo tenga ya un año y un mes y lo vaya cumpliendo recién el día de hoy. Es a este procesador a quien le dedico estas líneas: obligo a quien me obliga. Porque mamá la eligió, tal como un regalo suyo, el color rojo, fue idea suya, y no sabe cuánto me devolvió aquella primera lap top que tuviera y después entregara, pues no era del todo mía. Mamá tan sabia, quizá del modo más romántico o como un cliché es que le he puesto su nombre al ordenador. Me gusta verla y dicen, quienes me conocen, que literalmente vivo con ella. Cuando alguien me pregunta si tengo mayor aprecio por mi ordenador que por alguna situación o personas, me miro hacia adentro y casi siempre respondo: son cariños diferentes. Lo evidente salta a la vista. Esta es mi máquina, con la que construyo historias y puentes y túneles y ... la vida completa y la obligo hoy a trabajar sin parar, como ayer, como antes, como pocas veces.  Obligo a quien me obliga, a mi manera, mamá está cerca. Y me obligo a la enorme responsabilidad de deslizar las teclas buscando, más de una vez, la composición adecuada. Este vínculo me constriñe, me da sentido, como dirección, pero también establece este sexto sentido que no tiene nada de fantasmal y me da vida. 

Gracias mamá, por obligarme a obligarme.




@jazzczcx

domingo, agosto 12, 2012

Morgana y el cine de terror a la mexicana




“Morgana” (2011), la película más reciente del director Ramón Obón, nos lleva a recordar el espíritu de otra cinta mexicana “Hasta el viento tiene miedo”. Se trata de la típica historia de fantasmas. Tal es la experiencia del director a cargo de diversos guiones como: “Las aventuras de El Santo”, “Santo contra los asesinos de otros mundos”, “El imperio de Drácula”, entre otros.

Aproximadamente durante 79 minutos damos cuenta de la historia, de una joven que se sueña en la casa de su niñez, un hermoso lago frente a la ventana y otra mujer que la invita a sumergirse bajo el agua. La experiencia del director Obón, también responsable del argumento, nos permite invocar motivos recurrentes en este tipo de cintas, desde la casona en el bosque hasta el personaje adulto que refiere su trágica historia de amor. “Morgana” consigue ser un ejemplo del cine gótico a la mexicana que si bien no termina de morir, tampoco alcanza su esplendor.

El veterano cineasta parece olvidar la evolución del género. Tan sólo con la cinta KM 31, observamos un nivel mayor de sofisticación. Más allá de la tecnología y los efectos visuales, los cuales no son requisito indispensable para la calidad de una cinta, lo cierto es que en “Morgana” es persistente el drama de los vivos –el conflicto entre la chica y su tía solterona, el novio y la mejor amiga–, más que la atención en su espectral antagonista, por lo que cualquier indicio de terror se disipa.

El reparto cuenta con actores consagrados, como Lilia Aragón y Luis Felipe Tovar, y  jóvenes promesas como Alejandra Adame o Alejandra Toussaint. Aun así no tienen mucho material con qué trabajar. Estamos ante una cinta que tras su verbosidad a ser heredera de una tradición del género de terror más cercano a nuestra identidad, pero sobre todo a la calidad del cine mexicano por la que en la última década se ha caracterizado.
@jazzczcx

jueves, agosto 02, 2012

El sentido perfecto

Hace ya un tiempo que leí aquella obra asombrosa "Ensayo sobre la ceguera" del maestro José Saramago, cuando ello ocurrió, la maravilla siguió al milagro de descubrir metáforas y símbolos en cada una de sus palabras. Recuerdo la sensación de estar recostada leyendo sin poder parar de hacerlo y percibir que "la ceguera blanca" había llegado a mí, esa mezcla inusual de asombro e incredulidad porque una obra literaria me produjera tal cantidad de sensaciones. 

Así me ocurrió ahora con "Perfect sense", en México, "Al final de los sentidos", cinta dirigida por  David Mackenzie; escrita por Kim Fupz Aakeson, y que además cuenta con las actuaciones más que bien logradas de Ewan McGregor  y Eva Green. Es común encontrarnos con películas sobre epidemias e historias apocalípticas sobre el fin de los tiempos, personajes que padecen enfermedades extrañas, o zombies, aquí estamos ante una original historia que, personalmente, recuerda a la ceguera blanca del maestro Saramago, pero al acercarnos nos encontramos ante la pérdida de todos los sentidos, sin razón aparente, sin explicación aproximada, una metáfora interesante que roza con el documental, narrada a través de la protagonista como testigo de lo que ocurre. 

La pregunta es inmediata ¿Qué sucedería si llegara el momento en que perdiéramos los sentidos? El olfato, el gusto, el oído, la vista... ¿Podríamos adaptarnos? ¿Qué sentido no perderíamos? O mejor aún ¿Qué sentido nos permitiría sobrevivir?  La historia posee una serie de personajes excéntricos, pero antes de perder el sentido de la ubicuidad -como le llaman los expertos- me centraré en los protagonistas:  una científica, epidemióloga  (Eva Green), y un chef (Ewan McGregor), quienes conducen esta odisea al mismo tiempo que su peculiar historia de amor. 

Me gustó la cinta, me gustó por las posibilidades que plantea, la premisa que no se llena de clichés consabidos sobre el fin del mundo, porque esta epidemia lleva al espectador a planteamientos diferentes, mediante algunos sobresalientes planos secuencia la narrativa nos lleva directo no a la explicación de la epidemia, si no a la pérdida del primer sentido, el olfato, por algunos instantes quien esto escribe se preguntó ¿cuánto ha disfrutado del olfato, realmente he podido gozarlo, conocerlo? Entonces, recordé que desde pequeña he pensado que el sitio en que vive mi familia, justo minutos antes de llegar por carretera, huele a dulce, a azúcar con canela, como lo dice el mismo film: "Sin olor, un océano de imágenes desaparece." Aún así vemos como tras el tambaleo, la historia continúa. La epidemia, da lugar a otras posibilidades, acercarse a objetos que poseyendo el sentido del gusto no podríamos: morder una pastilla de jabón o sentir la crema de rasurar entre la lengua y los labios. Esos recursos visuales que nos obsequia la película y que nosotros saldamos con el suspenso y escenarios tétricos que también nos presenta. 

Aún así, Al final de los sentidos, no en el final de los sentidos, cuando cada ser humano se adapta a la ausencia del olfato, del gusto, del oído, llega la ceguera, ahí, unos minutos antes que todo llegue a las penumbras ¿qué queda, qué nos queda? Los síntomas previos a la pérdida de cada sentido son por sí mismos una alucinante metáfora de la naturaleza humana; lo mismo ocurre con las profesiones de los protagonistas: la sesuda científica, que posee lo necesario para invalidar sus emociones y sabotear cada relación con predisposiciones y prejuicios, surgidos del único miedo posible, la entrega; el chef incapaz de establecer un vínculo, superficial y entregado a su instinto. Ahí, como una paradoja, estamos ante la última pareja del mundo, pseudo posmoderna, racional y ... cobarde, enfrentándose a lo que queda cuando todos los sentidos se han perdido. 

Una película que nos saca de lo corriente y que al menos a quien esto escribe, al día siguiente le permitió respirar hondo y disfrutar el olor a madera, a papel de mi apartamento; el sabor del café expresso con mayor riqueza, el color del cielo con el contraste de los árboles y por supuesto, el roce de una mano sobre mi rostro, mientras despierto. 

lunes, julio 30, 2012

¡Levántate!

Últimamente asisto más al cine que antes, o tal vez tengo más conciencia que lo hago, porque me ha dado por hacerlo a solas. El hábito personal y solitario más amoroso, desde que... bueno, ya lo saben, desde que nos fuimos. "Nos fuimos", simple, sencillo, complejo, dejamos de vernos y cada quien se fue de la vida de la otra. 

En fin que acá podría hablar de la película más reciente de Woody Allen, pero lo que quiero es hablar de Orfandad y dolor. ¿Qué hacemos con la orfandad y el dolor? Existen ambas, antes o después, pero las vivimos. Hay para quienes la orfandad se nos fue materializando desde temprano, tuvimos nombre que memorizar, pero no historias que contar de los padres. Hay para quienes desde nacidos o más tarde con el paso del tiempo y la ley natural. Yo soy de quienes nos dimos cuenta de la orfandad y nos fuimos en contra de ella, la negamos, la escupimos, la golpeamos por la espalda y le encontramos mal olor, mal sabor, hasta la pestilencia. Luego, tomé conciencia de lo que me pasaba, me hice su amiga, la hice mi compañera y dejó de estorbar y fue amable y gentil. Lo mismo ocurrió con el dolor. Todos/todas lo conocemos, cada quien de un modo diferente y pudimos y entendimos que había que seguir adelante, ascender, levantarse, no una ni dos si no las veces que fueran necesarias, porque sólo así podríamos comprender nuestra vida. 

Crecí con un humor diferente y un modo de ver la vida, también diferente. Crecí, y más adelante supe que a eso se le llamaba melancolía. Crecí entendiendo mi melancolía que crecía conmigo. Con el tiempo he conocido demasiadas personas como yo, tantas como caminos diferentes. Cada quien hace lo que quiere con su melancolía y con su dolor. Hoy entiendo que no estamos exentos del dolor, nadie lo está, pero es qué haces con él, cómo lo vives, lo que hace la diferencia. Pareciera una frase gastada, un discurso corto para comercial o un mensaje de auto ayuda, lo cierto es que lo he visto y vivido de cerca y pa' dentro. 

Vi hoy la película de "Batman asciende", entre más pasaban los minutos más me hacía pensar que cada uno de los villanos de esa película es un héroe que se hizo villano, "mueres como un héroe o vives lo suficiente para convertirte en un villano", palabras de la segunda entrega del film "Batman, el caballero de la noche". Acá, en la última entrega a cargo de C. Nolan, me dejó la sensación que todos los personajes de mayor peso hablaban de orfandad, de ausencia y de dolor, el tema es qué hacían con él cada uno. El punto es que cada uno, cada una, decidía, elegía lo que haría con ello. Nadie más. Y lo hicieron. El resultado es que no hay héroes ni canallas, sólo humanos. 

Me gusta Batman, me encanta Batman, pero este que ha acuñado durante tres entregas Christopher Nolan, me duele, porque me parece auténtico, con sus cicatrices y lesiones, con su falta de deseo por la vida, con su larga melancolía y su agonía constante. 


¿Qué hacemos con el dolor de la orfandad? ¿Qué hacemos con la orfandad como dolor? No lo sé. En esta entrega creo, sincero, que no es Batman quien tiene la respuesta, si no los presos con su desesperanza y esperanza a la vez, los mismos que desde "el infierno en la tierra" gritan: ¡Asciende, asciende! ¡Levántate! No creo que por esperanza, no creo que con esperanza, creo que sólo porque es la única manera de ver el sol y salir por fin de la tiniebla, esa que produce la melancolía y el dolor, la misma que si no encaras ... se llevará lo único que tienes cada día: una oportunidad para volver a empezar. 

martes, julio 10, 2012

Se puede.

¿Se puede saber que el día siguiente y el minuto siguiente no valen la pena? Sí, se puede. Y continuar con ellos, se puede. ¿Se puede creer que todo está muy a pesar de cualquier pronóstico, absurdamente organizado para funcionar? Se puede. 

¿Se puede creer que aunque al corazón le duela el corazón va a continuar latiendo? Se puede. ¿Se puede saber que la cabeza estalla, las manos se rompen, la piel se rasga y vamos a continuar después de todo, pensando, haciendo, viviendo? Se puede. 

¿Se puede sonreír e incluso reír a carcajadas, aunque te rompieron la esperanza? Se puede. Yo puedo. Al menos hasta hoy, al menos por hoy. 

¿Se puede pensar largamente en ti como si hubieras muerto y al día siguiente resucitarte para volver a matarte? Matarte una o dos veces no han sido suficientes, siempre queda la siguiente en la que resucitas y me revuelves el estómago y la cabeza y lo que queda de cada día en que apareces, como un mal fantasma: no asustas, no haces, ni siquiera te ven, sólo eres alguien en la cabeza, una mala energía, dispersa y furiosa porque no te caiga el olvido. 

Se pueden muchas cosas, maldecirte, bendecirte, recordarte y olvidarte al mismo tiempo, eso también se puede. Escribir largos etcéteras sobre ti, sobre lo que haces y quién eres. Se puede pensarte, aunque estoy bien segura que esto que soy te inventa larga y cadenciosamente; la mitad de ti son mis deseos, la otra mitad es mi rabia porque existes, estás, en alguna parte, pero no junto a mí. 

¿Ya ves? Se pueden muchas cosas, incluso seguir escribiendo largas líneas que no leerás. 

domingo, mayo 27, 2012

Violeta

A Devora Liliana


Violeta mira de nuevo. Asomada como está puede ver la puerta de la entrada del edificio. Llegará, sí llegará. Sonríe. Acaricia de nuevo sus aretes, los mismos que le regalara aquella noche. Permite que te los ponga… es tu color favorito. Violeta sonríe. Piensa una vez más en lo que dirá, reúne las palabras como si se desprendieran en el aire, como si por primera vez fueran a pronunciarse; agita las manos y mira de nuevo el reloj en la pared, siete y quince. Faltan algunos minutos, pero ella está lista. Vuelve a mirar por la ventana, aún no ha llegado. Siete y media, dijo siete y media, repite en voz alta. Camina por la estancia, decide finalmente prepararse un té, el café no le dice nada, desde aquel entonces en el té descubre palabras una y otra vez. Abre la alacena: manzanilla, limón, canela… mueve la cabeza, cierra los ojos y toma al azar una bolsita, prepara el agua; mientras espera no puede evitar sonreír, otra vez el recuerdo. El té está listo, toma asiento; piensa de nuevo en lo que dirá, sonríe, da un sorbo, otro, las imágenes regresan.
-          ¡Violeta, Violeta! Espera, yo… quería decirte que…
-          ¿”Querías” decirme o quieres?
-          Yo… Violeta, yo te…
-          ¿Tú… me?
-          Te … ¿gusta el té?
-          Sí.
-          ¿Cuál?
-          Manzanilla, canela, limón, lo tomo al azar.
-          ¿Al azar? Sí,  a mí también me gusta el azar, digo el té al azar.
-          ¿Eso querías decirme?
-          No. Quería decirte que…
Las siete veinte. Y tomamos un té… al azar. Dijiste cierra los ojos, pidamos al azar, apunta con la mano izquierda y yo lo haré con la derecha. Después hablamos de… de… nada, pero me hiciste reír. Toma la taza y nuevamente se acerca a la ventana; asomada como está el aire le recorre el rostro, apenas la caricia para que ella vuelva a recordar aquella noche.
-          Violeta, quiero decirte que tu boca tiene la forma del silencio.
-          ¿Cómo?
-          Sí. Yo quiero probarlo, sentir el sabor del silencio ¿Quieres?
Las siete veinticinco. Violeta toma las llaves. Las abraza con el puño y lo levanta. Abre la ventana, se sienta frente a ella, cierra los ojos.
-          Si te regalo un anillo que sea la promesa para seguir después de la vida juntos, será mi promesa; pero si te doy este par de aretes del color de tu nombre me prometo a ti, a estar siempre, en mi día y en mi noche, con mi frío y con mi sol. Si los llevas puestos el día que regrese sabré que me aceptas tal como soy, que somos par.
Violeta permanece con los ojos cerrados, sonríe. Llegarás, tú llegarás. No te he dicho que mi silencio no sabe si no te pienso. No te he dicho que sí, que quiero seguir cada día de mi vida como estos diez años abrazando tu nombre. Violeta suspira, arroja las llaves por la ventana. Abajo, una silueta camina hacia la entrada.
-          ¡Violeta, Violeta! Te…
-          Sí. Manzanilla, canela, limón, lo tomo al azar.
Siete treinta. Fuertes pisadas recorren los escalones. Violeta de pie frente a la puerta. Siete treinta. Diez años pasaron. Siete treinta. Violeta frente a la ventana. Siete treinta.

martes, mayo 01, 2012

Y nos duró

Y nos duró dos años, esa suerte de idas y venidas. Yo sabía que tenías muchas cosas por solucionar, pero no quise quedarme. Abrí este espacio por tu insistencia. No la de las entradas anteriores que es otra insistencia. Estoy hablando de la mujer que le estallaba el rojo por todas partes que puso una trampa para verme y que se quedó con todo lo que había que decir. Estoy hablado de con quien me duró dos años, las ideas y venidas y aún al final seguí llamándole el día de su cumpleaños. Dos años nos duró, Diabla, seguir por todos lados. Tú detestando mis puntos al final de una conversación, yo aborreciendo que cortaras una cita con alguna idea tajante. Nos duró dos años, porque no podías quedarte conmigo, si lo hacías no te quedabas en el mundo y no lo entendí, porque jamás me quedo en alguna parte. Diabla, dónde estarás ahora. 

A veces me pregunto cómo puedo seguir pa' contar estas historias, después de todo, no había después en ninguna; las he nombrado a mi antojo, y ahora las cuento igual, pero todas son historia pasada, árbol demediado debo de ser yo, o arboleda con tantas historias inconclusas que debo de talar de vez en cuando si no me secarían. 

Hoy, limpié las piedras, Diabla, las que dolieron y dejé de cargar pa' ponerlas en una pecera enorme que es sólo mía, y que a mí me corresponde limpiar, acomodar, darle vida. 

Diabla, me habría gustado tanto seguir con nuestra historia. Dos años duró. Dos años... acá te recuerdo. Tú ya no estás, ni eres, yo ya no soy, pero estoy. 

Buena tarde.