miércoles, abril 10, 2013

Al azar Bresson

El asno y su fortuna
Au hasard Balthazar
(Al azar Baltasar, 1966) Dir. Robert Bresson

“El gran problema del cine es dónde y por qué comenzar un plano y dónde y por qué terminarlo” Jean- Luc Godard
Al momento de escribir este texto la idea inmediata fue pensar en el asno de Bresson, sin embargo al re-pensarlo me pareció decididamente un título con matices despectivos para con el autor de tan memorable filme. Y es que en este filme no hay planos que puedan ser observados como sobrantes, no existe la posibilidad que el autor cometa una equivocación, Al azar… no está hecho al azar, si no con la fortuna de saber exacto lo que se desea provocar.

Hallamos razón a la calificación que esta película “… es un auténtico rebuzno”[1] pues tras los pasos siempre aciagos del protagonista, un burro, podemos palpar que la vida es un azar constante, una peripecias con todo lo que ello implica: cambios de rumbo, cambio en la interiorización de los personajes, cambios en la apreciación de la vida, cambios en la vida, pero la vida de Baltasar sigue su curso que no es el mismo, sólo un curso, una línea trazada durante noventa minutos y en su compañía conocemos a los personajes por quien pasará como propiedad, manos sí, de hombres y mujeres, desalmadas, estúpidas, avaras, contradictorias, voraces, hasta su muerte: sacrificado por las balas de unos agentes aduanales en la frontera franco-suiza.

Como se va haciendo costumbre, al mirar un filme de Bresson[2] lo que importa no es lo que se ve si no lo que sentimos, como en la propia historia no importa si verbalmente se afirma o se niega, lo que importa es lo que ocurre como un hecho ineludible. En este caso son los infortunios de Baltasar, frente a cada uno de los personajes.

Al azar… está formada por una serie de pequeñas historias construidas alrededor de Baltasar, quien nade en la casa de un terrateniente quien tiene una hija, Marie quien profesa un enorme cariño por Baltasar tan es así que llega a bautizarlo al modo católico y más tarde a ensayar con él, en lo que parece un juego adolescente una especie de boda que nos recuerda la historia del Asno de Oro de Apuleyo, como el viaje épico de un hombre encarnado en un burro mediante un hechizo quien tiene que padecer toda suerte de pesares debido a esta transformación.

Sin embargo, Al azar… está inspirado propiamente en un de “El Idiota” de F. M. Dostoievski, tras la primera separación de Marie, siendo dado en pago a otros dueños, éstos no hacen más que torturar y brutalizar a la pasiva bestia. De forma paralela a esta historia, conocemos a  quienes serán sus verdugos: el alcohólico y vago Arnold (Jean-Claude Guilbert), el cínico joven delincuente Gérard (Francois Lafarge), un avaro comerciante (Pierre Klossowski), un seco matrimonio de panaderos (Francois Sullerot y M.C. Fremont) y la ya mencionada Marie, una pobre muchacha que, a ratos, parece más pasiva –y mucho menos santa—que el propio Baltazar.

Dentro de las consideraciones que habría que señalar sobre el filme se encuentra la banda sonora, como sello característico una sonata de Schubert y por supuesto el preciso uso de la cámara. Pareciera por un momento que nos encontramos frente a una fábula, por las características del personaje principal, sin embargo en obviedad bressoniana no parece tener moraleja.


Como es común en Bresson, lo más conmovedor resulta ser en el mismo grado un enigma: la escena en donde Baltazar ve a otros animales –un tigre, un elefante, un chimpancé —encerrados en las jaulas de un circo. Es uno de los momentos más extraños y maravillosos en la obra de Bresson y, sin embargo, uno de los más dramáticos. En los ojos del brutalizado Baltasar, en los ojos de los animales prisioneros para diversión de los humanos, se encierra buena parte de la fuerza dramática de una película que nos lleva a afirmar que el personaje está en los ojos de quien mira, pues no es suficiente el ciclo de vida de Marie, la forma nefasta en que “desaparece” de escena, la muerte de Arnold, y previamente su cambio de fortuna; no es suficiente la crueldad y maldad con las que se distingue Gérard y su grupo, ni siquiera la escena en tono bizarro del avaro comerciante que cobra el favor a Marie de darle techo sólo por esa noche, lo que realmente convierte en estremecedora e inolvidable al filme es el propio Baltasar, nos recuerda lo que afirma Godard tras ver el filme: “Au hasard Balthazar es la vida en 90 minutos”.



[1] VINÓS, Ricardo. Notas sobre Au hasard Baltazar. 2010.
[2] Pick- Pocket, 1959.

martes, abril 09, 2013

Abril

Algo de abril consigue permanentemente entristecerme. Tal vez es que abril es cantarino, la palabra es alegre, los días son cálidos y maravillan. 

Aún así, algo de abril me entristece, quizá la sensación de poder tenerlo todo en un sólo mes, como una unidad infranqueable y luego despertar y saber que no es así, que se ha ido. 

La palabra abril me suena a amor y luego me divierte que no tenga ni siquiera un tono semejante y a mí me parezca que una y la otra sean semejantes. Sí, la palabra abril me hace sonreír, como esas ganas de tomar la guitarra de aire y tocar y tocar, total que no hay forma de saber por qué a mediados de mes, siento que me han arrebatado algo, como aquella canción de Joaquín Sabina, quién me ha robado el mes de abril". Luego doy que sólo lo dejé volar por la ventana y sonrío. Así es Abril, consigue incluso cuando "pierdo" su nombre, arrebatarme la sonrisa. 

Yo no sé, pero Abril decía el poeta es el mes más cruel. Quizá porque te muestra el paraíso, la sonrisa, la alegría sin concesiones, sin pedirte nada más y luego se va. Como darle una esperanza a un condenado a muerte, como el amor, como el cierre de mes. 

lunes, abril 01, 2013

Conforme avance el sol

El viernes de la semana pasada (19/10/07), después de mucho "batallar" fuimos al cine. La estrategia era ver al menos una de las películas del Tour de Cine Francés, ya que por exceso de "quehacer" no se podía participar de su totalidad. Así que lo intentamos el jueves primero, sin éxito. Por fortuna el viernes los ánimos se enfriaron en la taquilla y no hubo impedimentos extraordinarios, pudimos comprar el boleto sin el temor que hubiera una discusión y policías.
"Ir al cine", es parafraseando a Metz, es "Ir de viaje", esta vez de vacaciones con una familia al parecer convencional, con hábitos relativos a un verano en Europa; la presencia de un vecino, parece que convierte esta aparente historia cotidiana, con un pasaje visual, extraído de lo mejor que se ha hecho en últimas fechas.


Desde la exposición de los créditos, hasta la dimensión personal o emocional, el desarrollo de “El hombre de su vida” (L’Homme de sa vie, 2006), a la cual se le ha denominado La cinta más intensa, fuerte, reflexiva, del 11º Tour de cine francés, se convierte -y esa, y no otra es la palabra- en una estructura visual maravillosa, porque lo maravilloso como tal tiene el carácter sorpresivo, la posibilidad implícita de decir "estaba allí tal forma y no la vi, hasta que... la mostraron"; eso es lo maravilloso en este film, imágenes que han estado allí probablemente, pero que en la yuxtaposición, en la composición de la pieza, como un material único, se nos presentan reveladoras. Las letras de los créditos, las que están inscritas en las paredes que forman palabras conforme avanza el sol, los rostros de los dos hombres, juntos, enmarcados por una ventana, o al lavarse y beber agua, uniéndolos por completo. Esta composición, esta fuerza visual con la que se argumenta y sustenta cada imagen permiten al espectador participar en el goce fílmico, en la emotividad.


Y qué decir de la narrativa que reitera escenas reforzando lo que ya se "ve", lo que se ha planteado en un instante, como el deseo, como el amor, porque un instante puede recorrer la vida de dos seres; el director Zabou Breitman incorpora un espléndido interludio con música, los personajes cumplen la promesa del deseo, la pantalla se contrae, los personajes se liberan: humanos.




Hugo y Frédéric no representan la historia de amor en clisé, ni siquiera la idea del "intruso" es convencional; "El hombre de su vida", es una historia de los sentidos, es un pasaje a la reflexión, es una cortina de momentos articulados y sencillos; es la historia de la abuela, justo en el pasaje de la puerta que tiene fuerza de viento; es la historia de la adolescente que observa las partículas de la sangre, la suya, frente al microscopio; pero es también una madeja vital, como la piel, como el rencor, como el dolor, como el desamparo y como la confusión, tan humana como honesta, tan visual como olfativa.

Hugo (Charles Berling) abre la puerta de su casa y el fondo rojo da lugar a los sentidos; Frédéric (Bernard Campan) lo mira correr y resbala hacia el interior de sí, mientras su hijo en tono sorpresivo lo regresa al sitio, pero no a la realidad. Hugo es el catalizador, la medida sin mesura en la existencia de Frédéric (Bernard Campan); el guión, del realizador Zabou Breitman y Agnes de Sacy, posee una profundidad que no se resuelve por el texto abundante ni las palabras engarzadas sino que se cobija por la luminosidad de las escenas planteadas; por la musicalización de las emociones, por el final que no es, pero está.


La historia de "El hombre de su vida", es eso una historia, pero va más allá de ir de principio a fin, lo diré con palabras de Juan José Arreola "La distancia más corta entre un punto y otro es la línea recta, pero hay quienes prefieren la curva", este es el caso, es el maravilloso caso que posee este film. Si me detengo un poco, debo aceptar que la compañía -con quien asistí al cine-, contribuye suficiente para recomponer lo que se ve, lo que se mira, lo que se escucha, lo que se entiende, al fin y al cabo "El hombre de su vida", es también una propuesta constante por un amor no convencional, un amor que conforme avance el sol podrá descubrir la palabras que lo conforman, como el mío.

viernes, marzo 22, 2013

VIERNES






¡Risas bajo el sol,

marfil! genuflexiones tímidas, las manos en las co-sas de la tierra. . .

¡Viernes!, ¡qué verde era la hoja, y qué nueva tu sombra, las manos tan largas hacia la tierra cuando, cerca del hombre taciturno, meneabas bajo la luz la azul corriente de tus miembros!

—Ahora te han obsequiado un rojo andrajo. Bebes el aceite de las lámparas y robas en la despensa; de-seas las faldas de la cocinera que es gorda y olorosa a pescado; miras en el cobre de tu librea tus ojos que se han hecho embusteros y tu risa, viciosa.

lunes, marzo 18, 2013

Insomnio


De Efrén Rebolledo


Jidé, clamo, y tu forma idolatrada
no viene a poner fin a mi agonía;
Jidé imploro, durante la sombría 
noche y cuando despunta el alborada. 
Te desea mi carne torturada, 
Jidé, Jidé, y recuerdo con porfia 
frescuras de tus brazos de ambrosía
y esencias de tu boca granda. 
Ven a aplacar las ansias de mi pecho, 
Jidé, Jidé, sin ti como un maldito
me debato en la lumbre de mi lecho; 
Jidé, sacia mi sed, amiga tierna, 
Jidé, Jidé, Jidé, y el vano grito 
rasga la noche lóbrega y eterna. 

viernes, febrero 15, 2013

Vacaciones en el “Hotel Transylvania”

Un Drácula sobreprotector, un hombre lobo que es padre de familia, un Frankestein enamorado y la rebeldía juvenil de una joven vampira, son los personajes de “Hotel Transylvania, bajo la dirección de Genndy Tartakovsky, creador de clásicos de Cartoon Network como “El Laboratorio de Dexter”. Sin duda, octubre es el escenario para que emerjan en la pantalla grande los monstruos (la esperada cinta “Frankenweenie” del Director Tim Burton lo confirma). “Hotel Transylvania”, podemos afirmar, pretende hacerse un lugar en el corazón de quien asiste a la sala de cine.




La historia de “Hotel Transylvania”, cuenta las vicisitudes que Drácula (Adam Sandler) enfrenta cuando Jonathan (Andy Samberg), un humano adolescente, invade su hotel en la víspera del cumpleaños número 118 de su hija Mavis (Selena Gómez). Ya en los primeros minutos de la cinta sabemos que estamos ante un padre sobre sobreprotector, lo novedoso es que se trata de nada más y nada menos del vampiro de vampiros, quien si es capaz de crear un hotel de esta categoría, cómo no ser capaz de impedir que los jóvenes se conozcan, todo con tal de evitar que su hija Mavis se aleje del hogar. 

El doblaje en español, ya característico por su calidad en México, se renueva en esta ocasión con las voces de Mauricio Castillo, Violeta Isfel, Cristóbal Orellana y Mimí, cantante y conductora, quienes, debemos de decirlo, están a la altura de sus contrapartes en inglés (Kevin James, Selena Gómez, Andy Samberg y Fran Drescher). 

El filme consigue arrebatar la sonrisa, sobre todo mientras nos presenta a cada uno de los huéspedes, todo ocurre en el “Hotel Transylvania”, dan ganas de tomar unas vacaciones para descansar ahí, pues con tono relajado y humor sencillo uno puede saber que la idea de descanso nunca fue tan deliciosamente monstruosa como ahora. 

 @jazzczcx

jueves, febrero 14, 2013

Pereza no entereza

¿Sabe usted? Estoy reuniendo toda la entereza del mundo para ganarle a mi pereza. 

En fechas últimas no sé qué me pasa que nomás no consigo llegar a este sitio. Escribo en otro lado lo que habré de continuar acá y al momento de hacerlo me olvido. ¿Será que no me parece interesante lo que diré? Creo que no. Si fuera el tema por todos lados me han gritado que se trata de ego. En realidad creo que eso no es verdad, se trata de mí. No me parece interesante, así de sencillo.

Recuerdo que alguien me habló sobre la importancia personal, restarse importancia personal. Eso debería de hacer, porque en fechas últimas mi pereza ha hecho que sólo me mire de vez en cuando en el espejo, total que estoy ciento por cien en mi mente, pero no donde debo de estar que es afuera: haciendo, escribiendo, construyendo. Tengo una pereza que me asusta. Imagine usted que para llegar a este momento me hice trampas, cosas sencillas. Sí, señor/señora, tengo pereza, no entereza. Porque finalmente tampoco interesa qué motivos me orillan a no hacer. 

Ahora veo que he escrito un par de párrafos, tal vez he ganado la batalla. Eso sería satisfactorio. Porque bien que sé que debo de hacer al menos por estas horas un par de proyectos, a los cuales no les interesa mi pereza, entereza o lo que sea. Es mejor aún no les interesa si me interesan. Deben de estar terminados porque no hay más alternativa. 

En fin, recientemente he visto cine, creo que bastante para hablar del tema y escribirlo. Leído, bastante también para compartirlo ¿Qué me ha pasado? No lo sé. Quizá, ahora que he vencido sin entereza a la pereza, haya conseguido algo. Al menos usted, si me ha leído, ahora conoce las sin razones de mi ausencia. 

Buena noche, buena madrugada. 

[cambio y fuera]

jueves, febrero 07, 2013