miércoles, julio 24, 2013

Palabras bonitas


Mirando esta foto recordé a mi madre. Yo era muy pequeña cuando dije que iría a Grecia, el nombre sonaba bonito y no tenía idea de dónde estaba, algunos parientes al escucharlo se rieron; mamá, no. Se acercó muy seria y me dijo: "Tú puedes hacer lo que tú quieras." La miré sin entender y pregunté: "¿Y a París? También es una palabra bonita." Y ella repitió: "También París, también París, lo que tú quieras".

Y así fue.

[Gracias Mamá por tu amor y tu fe.]

Acá nomás, recordando.







jueves, julio 04, 2013

"Delirio"



Delirio, de la colombiana Laura Restrepo (2004), es la novela que leyera el año pasado por ahí del 17 de junio, unos días después de mi cumpleaños y con ella intentaba mitigar la falta de sueño. Apenas que acomodaba papeles que por este lado es una tarea constante y necesaria, encontré un comentario sobre ese libro que me cautivó de un modo inusual. 

Escribí entonces, en el cuaderno de notas: 


A propósito de "Delirio" de Laura Restrepo. 

La intensidad de su narrativa, más una estructura adecuada al título, hacen de esta novela una pieza de la narrativa colombiana que se ha tejido, desde mi personal punto de vista, a partir de Fernando Vallejo y aquella novela memorable "El desbarrancadero", hasta la actualidad en otras narrativas como la de Juan Gabriel Vásques. 

En "Delirio", hay momentos que consiguen la nitidez de la cepa literaria latinoamericana, pero otros menos afortunados en que su intensidad los arroja a la simplonería. 

Es evidente que en Restrepo existe el aroma de Medellín, de os sobrevivientes a  Pablo Escobar, quien es a su vez personaje y va extendiéndose hasta convertirse en ambiente. No sé qué tanto esta novela pueda ser una novela que enmarque la literatura de habla hispana. Sin embargo, reconozco que aun si esto es una realidad parcial, es una realidad fuerte, sólida.

Por otro lado, hay una explicación psicológica en el contexto social, es decir, en la segunda historia, que habla de la jodidez de la familia, la herencia, la hipoteca emocional. Este aspecto me pareció de mucha riqueza, pues no había explicaciones, simplemente afirmaciones que a partir de las acciones podían permitir al lector comprender.

¿La locura es un contagio? 

Al llegar al desenlace de la novela, pareciera una caída lenta de la novelista que se refugia en en el espacio amoroso, en la relación incondicional y sin reservas a toda mujer "tiene derecho". Lejos del verdugo, el príncipe azul colombiano, perdido, el hombre posmoderno, la mirada detenida hacia el vacío, pero Restrepo no lo permite, no existe así, se detiene mucho antes, mucho antes de mirar hacia adentro o ... hacia afuera. 

miércoles, julio 03, 2013

3 de Julio



"Hablas. No sabes hablar con otra persona."


Los silencios estallan puertas. Yo conozco ese silencio.


... sólo cosas que pasan. 

viernes, junio 28, 2013

De dormir en el sillón


Dormí en el sillón, el más grande. No me parece raro, solía hacerlo cuando la noche apretaba con su cadena de reclamos. Allí, tumbada con el libro en turno, la cadena ni a soga llegaba y podía conciliar el sueño. 

Hace algún tiempo que no lo hacía... já, acá me detengo ¿qué rayos significa "algún tiempo"'? Pues nada que me ayuda a no desdramatizar lo cotidiano,  no dejar claro que tal vez la expresión "algún tiempo" es menos que un año, algunos meses, pero no un par de semanas o a diario, como en aquellos días de la metamorfosis de la soga en cadena.

Tal que dormí en el sillón y me molesta un poco la espalda y el cuello, pero no la pasé tan mal. Desperté un poco antes de la hora reglada, así que incluso recuperé tiempo perdido. Supongo que ya puedo afirmar que entre la estrechez del respaldo y la bracera, a una se le acomodan mejor las ideas. Por la madrugada pensaba en los horarios para leer y para escribir. En el par de sagas literarias de moda que me gustaría leer, en la novela que recién comienzo de José Saramago, "Memorial del convento"; también pensé en Julio Cortázar y que su novela Rayuela cumple hoy 50 años, eso me gustó más. Me quedé dormida aceptando que me gusta mucho el arroz, en todas las formas y que tengo muchas ganas de escribir en mi máquina nueva, pero que es de hace un par de décadas. 

Me gustan los sillones largos como para vivir ahí, supongo que es por eso y no por enfado que una se sale de la cama y piensa, piensa, sin sentir el frío de la madrugada.  

jueves, mayo 30, 2013

Roberto Bolaño

Llevo dos días soñando con Roberto Bolaño. Sí lo que he dicho se lee extraño, imagina cómo se vive. Total que es cierto. Me di a la tarea de no investigarlo y por no hacerlo resolví el misterio. En el camino encontré enlaces a su obra que hoy comparto acá. 




Los perros románticos


Llamadas telefónicas

Entre paréntesis

Los detectives salvajes

Estrella distante
2666

jueves, abril 25, 2013

Respóndeme de Susanna Tamaro

La escritora italiana Susanna Tamaro, quien también ha sido asistente de dirección cinematográfica y realizado documentales para Radiotelevisión italiana, posee de 1989 a la fecha una obra literaria que se ha caracterizado por el original trazo de sus personajes femeninos en cada una de las piezas que la conforman. 


En el año 2001, la editorial Seix Barral, publica el libro de relatos “Respóndeme”, el cual tan sólo dos años más tarde sería llevado a la pantalla grande (Nel mio amore, 2003), bajo la dirección de la autora. La novela de Tamaro es un tríptico narrativo. Tres historias contemporáneas en torno a la presencia dominante del dolor y el poder en los espacios más personales: la familia, el hogar y la propia identidad. “Respóndeme” da paso a las historias de violencia, crueldad y desamparo. Los personajes marcados por la crueldad muestran al lector una realidad desencantada. 

Cada relato posee su propio título y es, en sí mismo, un universo simultáneo a los demás; en el primero de ellos, Respóndeme, también título del libro, Rosa, una adolescente huérfana de una prostituta evoca el calvario de su transcurrir entre el maltrato de las monjas al maltrato de los parientes; el segundo relato, El infierno no existe, es el monólogo de una esposa que se dirige a su marido muerto, un tirano, además responsable de la muerte de su propio hijo. En la tercera, la historia de una pareja, el marido obsesivo no puede aceptar que su esposa supere un estado depresivo mediante la fe. 

Los personajes de “Respóndeme” muestran una desesperación al límite, pero también un compromiso sin paralelo con el hecho de estar vivos y atreverse a continuar, aun sin tener un motivo aparente. Tras el recorrido de estos tres relatos toca al lector formular una respuesta. Ahí, en la profundidad vertida del dolor de Rosa, de la viuda de alma y de la relación desencantada. Con el pasar de un poco más de doscientas páginas, las historias que no se entretejen, poco a poco quien lee hallará el momento adecuado para responder o reconocer que no hace falta: la complicidad para con cada uno de los personajes está hecha, detrás queda cualquier actitud de indiferencia. 

@jazzczcx

viernes, abril 19, 2013

Con la bestia en el corazón




Mientras caminaba por los pasillos de la librería era la primera vez que escuchaba hablar de la escritora rumana, Herta Müller, premio nobel de literatura 2009, nacida en 1953 en la parte de Banato Suabia de Rumanía. Leí acerca de ella que tras sus estudios en de filología germánica y románica, en 1976, inició su vida profesional como traductora en una fábrica de maquinaria. Me pareció interesante saber que cuando se negó a colaborar con el servicio secreto fue perseguida e interrogada y que ello trajo como consecuencia que se le prohibiera viajar y publicar. 

Tras buscar alguna obra que me permitiera escuchar lo que decía, tropecé con “La bestia del corazón” (Siruela, 2009). Al principio me costó un poco adaptarme a su estilo, pero luego una vez que silencié mi entorno lo disfruté mucho. Las primeras líneas me maravillaron: “Cuando callamos, nos tornamos desagradables, dijo Edgar. Cuando hablamos, nos tornamos ridículos.” La historia de un grupo de amigos que ven en el suicidio de una joven estudiante del sur de Rumania, quien intenta con ello escapar de la pobreza durante el régimen de Ceaucescu, una razón para resistirse contra el sistema. 

“…Cómo habría que vivir pensé para encajar con lo que se piensa…” 


A lo largo de las páginas de La bestia del corazón, caminamos con este grupo de jóvenes que buscan que su individualidad no sea destruida. Nuevamente, como en otras novelas de la misma autora, el escenario social de corrupción, desolación, hastío del mundo. Relatado en primera persona, mas con el transcurrir de las páginas, pronto sabemos que se trata de un personaje colectivo, el mismo que bien pueden ser los oprimidos o los opresores y va recreando la atmósfera; es, a su vez, el único personaje que no tiene nombre, los demás sí, cada uno de sus amigos, quizá como un simbólico desenlace de aquello a lo que tanto se resistía, la anulación de la identidad. 

Cuando el suicidio está consumado, en la primera parte de la novela, llega el enfrentamiento con la muerte: “Vi la bestia de su corazón. Pendía cerrada en la bombilla. Estaba encorvada y cansada. (…) Cómo habría que vivir pensé para encajar con lo que se piensa en cada momento. Cómo lo hacen los objetos que pasan en la calle y pasan desapercibidos cuando pasamos a su lado, aun cuando alguien los ha perdido.” 

Esta es una novela de la palabra y del silencio. Es también una novela de recuerdos, quizá de la propia autora o la memoria colectiva; lo cierto es que llegado un punto la autora nos recuerda que <<la bestia del corazón>> es también aquella que nos hacer ser quien somos, por más que deseemos abandonarnos no conseguiremos ser objetos, pasar desapercibidos, aun si nos sentimos perdidos, pues como afirma: “La hierba despunta sobre la cabeza. Cuando hablamos queda segada. Pero también cuando callamos. Y entonces, la segunda y la tercera hierba crecen a su antojo. Y pese a todo, somos afortunados.” 


@jazzczcx

martes, abril 16, 2013

¿Qué ruido hacen las cosas al caer?



A mi hermano Enrique 



Mientras escribo estas líneas recuerdo la forma en que tuve noticia de esta novela, casualmente. Una de sus citas en el tiempo, bebes café y alguien saluda, minutos después menciona el libro que acaba de leer. Por alguna razón no olvidas el título, luego lo lees. Ahora es inevitable parafrasear al maestro Julio Cortázar un encuentro casual es lo menos casual en nuestras vidas. Así llegó a mis manos El ruido de las cosas al caer, premio Alfaguara 2011, de Juan Gabriel Vásquez, y a mis oídos como una recomendación para mirar el silencio en la profundidad de la palabra. 


Juan Gabriel Vásquez nació en Bogotá en 1973, pertenece a esta generación de escritores que rompen y renuevan la literatura. El tema de la novela es el de dos familias afectadas por las consecuencias del narcotráfico, pero también es en primera instancia una novela sobre la amistad, la amistad incondicional entre dos hombres que no saben más allá de sus nombres y ya han quedado unidos por la memoria. Estas dos familias que comparten el mismo motor, el miedo. El ruido de las cosas al caer, es también una novela para conducirse entre las páginas con sigilo, porque el método literario de Juan Gabriel Vásquez es el realismo reflexivo, el mismo que tras breves evocaciones no permite el parpadeo, pero sobre todo no permite ruido. 

Una de las razones por las que elegí esta novela es porque El ruido de las cosas al caer es una novela sobre el miedo. El miedo de lo cotidiano: miedo a la calle, de salir de noche, de recordar, miedo cada vez que se oye un ruido, se ve una sombra, miedo del futuro, miedo que el cuerpo no responda; esta novela es una novela sobre el miedo a la vida por la vida. El miedo a la muerte es el último de los miedos, el verdadero, el que se siente es el miedo a la agonía, ese morir continuo, interminable. No es un miedo gratuito, el protagonista de esta historia alguna vez caminaba por las calles de Bogotá y unos sicarios mataron a su acompañante y a él lo hirieron en la pierna, desde entonces, el miedo se convirtió en un sitio recurrente. Esta novela sobre el miedo, tras las huellas del narcotráfico en Bogotá, no es tan lejana a nuestra realidad actual. Aunque esto no justifique el miedo. Ese enemigo insensato que paraliza y trastoca a quien coquetea con él, llegando a enloquecerlo. 

¿Al caer la hoja de papel o al caer un avión cuál es el mayor estallido? Antonio, el protagonista de esta novela, estudia, dicta clase, se divierte, se casa, su hija está por nacer. Camina con un amigo por una calle bogotana. Se escucha el ruido de una moto y luego el miedo…como un eco permanente. Porque aunque la guerra ha terminado en Bogotá, el miedo no se ha ido, se ha transformado en memoria dolorosa de un país que lleva el nombre de cada uno de sus habitantes. Ese miedo descrito con la maestría de Juan Gabriel Vásquez, quien realiza un guiño a Peter Pan, mientras nos recuerda «esta historia ha sucedido antes y volverá a suceder». 

En El ruido de las cosas al caer, nos acercamos a la visión que una vez que se silencien las balas, habrá que lidiar con el silencio, y ahí, el descenso de la hoja de papel hará tanto ruido como nuestra esperanza. Tal es el sitio de la literatura, la memoria; ser testigo de aquello que se padece; testimonio vivo, con la esperanza que algún día sea un pasado, espantoso, pero que ya ha ocurrido y no volverá a ocurrir. 

@jazzczcx

viernes, abril 12, 2013

Llamadas telefónicas y Paul Auster


Terminé mi llamada telefónica y fue entonces cuando recordé el inicio de la novela “Trilogía de Nueva York”, de Paul Auster: “Todo empezó por un número equivocado, el teléfono sonó tres veces en la mitad de la noche y la voz al otro lado preguntó por alguien que no era él.” Sin embargo, el escritor, guionista, director de cine estadounidense, Paul Auster, Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2006, Premio Leteo 2009, nos lleva ahora a “El cuaderno rojo. Historias verdaderas”, editado recientemente por Seix Barral, un pequeño libro de no ficción, en el que comparte algunas de las razones para escribir. 

Ante la mirada del lector se abren anécdotas trágicas y cómicas. La del niño apocado –el propio Auster–, que vio morir a Ralph, su compañero de colegio a tan sólo un metro de él, tocado por un rayo que lo fulminó porque, quizá, tan simple como la tragedia, había cedido su lugar a Auster. Tal vez sin este evento el escritor no habría podido plantearse: “…cómo el azar decide de repente la vida y la muerte de las personas, (…). El mundo es un misterio azaroso.” 

En “El cuaderno rojo…” también suena el teléfono y el autor nos habla de la muerte de su padre, de la hora en que recibió la noticia, de esas breves ocho de la mañana en que pasado y presente se mezclaron, para convertirse en lo más cercano a la melancolía que se desliza en sus letras (como a esta hora en quien esto escribe). “Los teléfonos son enigmáticos y amenazadores.” Sentencia el autor. Y continúa diciendo: “…el teléfono es una ruleta rusa, aunque el muerto no sea el que recibe el disparo, la llamada telefónica…” 



Estamos ante “El cuaderno rojo…”, el sitio en que el autor habla de sí, nos conduce con esa suerte de metaficcionalidad, el autor que habla del autor; es Paul Auster un personaje y autor del personaje, se enuncia y se denuncia. Nos acerca a sus orillas y nos permite conocer el color de sus abismos. Los ruidos que le reclaman y los silencios que lo insultan. Una obra, sin dudarlo, tan personal como nuestra. La muerte de su padre, su travesía como escritor, su soledad, su locura y su claustrofobia urbana. La forma en que vive y sortea la maldición: “Ser escritor es convertirse en un extraño, en un extranjero: tienes que empezar a traducirte a ti mismo.” Y con estas palabras damos cuenta que “El cuaderno rojo. Historias verdaderas.”, no sólo constituye el espacio en que podemos acercarnos a uno de los escritores imprescindibles de las últimas tres décadas, si no también a sus motivos literarios, a sus sin razones y a sus requiebros. Quizá sea por ello que podamos sentir un tenue escalofrío si recibimos una llamada telefónica, un domingo a las ocho de la mañana, aunque no sea la gran manzana. De algún modo, Paul Auster, desde ya, es un escritor tan neoyorkino, como nuestro. 


Lo imprescindible del autor: “Trilogía de Nueva York”,1996; “Leviatán”, 1997; Editorial Anagrama.

@jazzczcx