lunes, diciembre 09, 2013

Un mundo raro

Mamá solía repetir: 
"-Tú puedes hacer lo que quieras (si "quieras" era lo que ella quería).

Sentada en su mecedora, Martha escucha otra vez: 

Cuando te hablen de amor y de ilusiones. Y te ofrezcan un sol  y un cielo entero...

"- Lo que quieres es lo que tú (yo) necesitas (necesito)." Así crecí, creyendo que "puedo" es la polea del "quiero".

"-¿Entiendes, Martha? (Voy a repetirlo porque necesito entenderlo) Bien, lo diré otra vez. Puedo, tú puedes (yo puedo) hacer (vivir), lo que tú (yo) quieras (diga). 

Si te acuerdas de mí no me menciones porque vas a sentir amor del bueno... 

(Martha continúa meciéndose)

Mamá... mamá ¿qué otras mentiras repetiste? (Se detiene y toma otra fotografía).

Y si quieren saber de tu pasado, es preciso decir una mentira...

"-Un día (hoy) vas a agradecer mis palabras (mis decretos). Ahora (siempre) no entiendes (no sé cómo incrustarlo en ti). Y entonces vas a recordarme(te)

Di que vienes de allá, de un mundo raro/ que no sabes llorar/ que no entiendes de amor / y que nunca has amado.

(Martha con la sonrisa cubierta sostiene la fotografía).

¡Qué mundo raro, mamá! Nunca "quise" nada, quizá por eso no "pude".

"-Tú (yo) puedes (puedo) hacer lo que tú (yo) quieras (quiero). Con el tiempo (jamás) lo entenderás (lo recordarás).

Martha suspira, mira la fotografía y entona la canción:

Porque yo a donde voy hablaré de tu amor como un sueño dorado y olvidando el rencor, no diré que tu adiós me volvió desgraciado.



lunes, noviembre 18, 2013

Antes de Marte [Anacoluto]



Con la respiración suspendida, con los ojos secos y la voz rota. Con la derrota definida y la voluntad de saber lo que haga falta, aunque no guste, aunque no se busque, así este lunes 18 y el mes de noviembre. 

Dicen que la fe es aquello en lo que crees sin certeza, dicen que la confianza es la propuesta de verdad que se comparte; ahora estoy pensando en un asesino y su fe; en el ladrón y la confianza. Imagino el momento en que llegan a casa y por un acto que no es posible predecir, el oficio se queda fuera, la sonrisa rebasa los ojos y abrazan, abrazan su afecto, los ojos de su hijo, la mirada de la persona amada. Quizá van a limpiarse después, tiran la ropa, se lavan las manos. Revisan el valor de lo adquirido. Después, como cualquiera tomarán la cena, dormirán, el día habrá terminado. 

 Las personas tenemos contrastes, eso nos hace humanas. Yo qué sé si ya lo ha dicho alguien o no, a mí me trae la mente ese afán porque pienso en mi padre, en mi madre, pero no en mis padres... sé perfecto que no van juntos ni en el recuerdo (¡se aparece uno primero, luego el siguiente!) Pienso en aquello que se dice: "Honrarás a tu padre y a tu madre y todo estará bien", y no sé si está bien, pero sé que los honro, que los he conocido y amado, que pude abrazar a mi padre en vida y estrecharlo a su muerte... ¡mi padre, tan multihomicida! Sí, de la infancia, tres infancias, un sueño roto, una vida estéril. Paso tiempo dando vueltas sobre qué escribir y regreso siempre a este tema: mi padre. Me duele, siempre me ha dolido. Es esa sensación del cristal roto en la ventana que deforma el porvenir. No puedo mirar hacia afuera, sólo siento, se anuncian mil ecos disparados hacia adentro, más fuertes, cada vez más fuertes. Mi padre.

Con la respiración suspendida miro noviembre, me sé melancólica. Humana, tal vez absurdamente humana; aprendí la fe hace tanto tiempo, aprendí la confianza en el camino de regreso, y sin razón de tenerlas la he desperdigado. Va siendo hora de recogerla del camino y sentarse con la esperanza, la que me obesquió mi madre, desde el primer día que nos volvimos cómplices, compañeras. 

[Antes de marte, luna, no quiero hacer la guerra, ni hacer del abandono la bandera de esta-yo-mi-patria] 



miércoles, septiembre 11, 2013

Septiembre



Hace días que llegó septiembre, pero no ha parado de llover. El tema es que tocamos el otoño con la punta de los dedos sin que llegue la caída de las hojas y no para de llover. 

Tal vez ahora no sea el mejor momento para retomar esta escritura íntima en público, porque tengo toda la cabeza revuelta, las ideas, las emociones y las pulsiones, pero no se me ocurre otro momento, porque me gusta escribir como pensar en voz alta. El caso es que no llega Otoño y si esto es como que llueve sobre mojado, pues sí. 

No, no puedo escribir acá que me siento terrible. 

Recuérdenme olvidar, por si lo olvido. 




[Otra vez, cambio y fuera]

miércoles, julio 24, 2013

Palabras bonitas


Mirando esta foto recordé a mi madre. Yo era muy pequeña cuando dije que iría a Grecia, el nombre sonaba bonito y no tenía idea de dónde estaba, algunos parientes al escucharlo se rieron; mamá, no. Se acercó muy seria y me dijo: "Tú puedes hacer lo que tú quieras." La miré sin entender y pregunté: "¿Y a París? También es una palabra bonita." Y ella repitió: "También París, también París, lo que tú quieras".

Y así fue.

[Gracias Mamá por tu amor y tu fe.]

Acá nomás, recordando.







jueves, julio 04, 2013

"Delirio"



Delirio, de la colombiana Laura Restrepo (2004), es la novela que leyera el año pasado por ahí del 17 de junio, unos días después de mi cumpleaños y con ella intentaba mitigar la falta de sueño. Apenas que acomodaba papeles que por este lado es una tarea constante y necesaria, encontré un comentario sobre ese libro que me cautivó de un modo inusual. 

Escribí entonces, en el cuaderno de notas: 


A propósito de "Delirio" de Laura Restrepo. 

La intensidad de su narrativa, más una estructura adecuada al título, hacen de esta novela una pieza de la narrativa colombiana que se ha tejido, desde mi personal punto de vista, a partir de Fernando Vallejo y aquella novela memorable "El desbarrancadero", hasta la actualidad en otras narrativas como la de Juan Gabriel Vásques. 

En "Delirio", hay momentos que consiguen la nitidez de la cepa literaria latinoamericana, pero otros menos afortunados en que su intensidad los arroja a la simplonería. 

Es evidente que en Restrepo existe el aroma de Medellín, de os sobrevivientes a  Pablo Escobar, quien es a su vez personaje y va extendiéndose hasta convertirse en ambiente. No sé qué tanto esta novela pueda ser una novela que enmarque la literatura de habla hispana. Sin embargo, reconozco que aun si esto es una realidad parcial, es una realidad fuerte, sólida.

Por otro lado, hay una explicación psicológica en el contexto social, es decir, en la segunda historia, que habla de la jodidez de la familia, la herencia, la hipoteca emocional. Este aspecto me pareció de mucha riqueza, pues no había explicaciones, simplemente afirmaciones que a partir de las acciones podían permitir al lector comprender.

¿La locura es un contagio? 

Al llegar al desenlace de la novela, pareciera una caída lenta de la novelista que se refugia en en el espacio amoroso, en la relación incondicional y sin reservas a toda mujer "tiene derecho". Lejos del verdugo, el príncipe azul colombiano, perdido, el hombre posmoderno, la mirada detenida hacia el vacío, pero Restrepo no lo permite, no existe así, se detiene mucho antes, mucho antes de mirar hacia adentro o ... hacia afuera. 

miércoles, julio 03, 2013

3 de Julio



"Hablas. No sabes hablar con otra persona."


Los silencios estallan puertas. Yo conozco ese silencio.


... sólo cosas que pasan.