viernes, agosto 31, 2007

Mi gusto culpable

"Sucede que me canso de ser..."



No hace mucho tiempo me dio por asumir que aquello reprobado por una misma, pero que al mismo tiempo proporciona cierto grado de placer es lo que se llama gusto culpable. La verdad es que de eso ya ha pasado un buen tiempo, ahora no considero mucho esa opinión, eso era antes cuando me daba por pensar que lo que elegía determinaba mi personalidad, ya ves... también tuve mi pasado "odiolescente". En fin, ahora me ha quedado el gusto por llamar culpable a aquello que me divierte o que me gusta y, o realmente no vale la pena o no tiene las propiedades que le atribuyo o no tiene nada que ver conmigo o con mi vida, haré una lista de lo inmediato a lo "sin embargo":






1. "You're beautiful", James Blunt (Es como una historia muy conocida)

2. "¿Te veré en el desayuno?", Guillermo Fadanelli (Me generaron esta culpa)

3. Las personas "complicaditas" (favor de revisar mi contador personal)

4. Relacionarme con personas "complicaditas" (¡favor de no recordarme que los "besos con sal" son los que me han llovido!)

5. 28 días con Sandra Bullock (Ni entiendo ni quiero: me muero de la pena)
6. El color rosa (¡lo juro!)
7. El cuento de la casa y la familia nuclear (¡Pero si vivo en la integración de Asia Insular!)

8. Admirar la fidelidad y la relación duradera, en los demás (aclaro lo último no vaya a ser que me tomes por mosca muerta)

9. No hablar con mi madre en más de una semana (¡Me fascina!)

10. Colin Farrell (más que M-B), y con él dos más: Rusell Crowe y Gerard Buttler (¡Qué tal con esta faceta, además por él último estoy perdida!)


(¡Qué bonito!)



¡Dios santo!



(¿Por qué a mí?)



11. Los dos últimos discos de Alex Fernández

12. La película de "Loco por Mary"

13. Dormir todo el día y...

14. El amor después del amor... (¡Dime que sabes de qué hablo!)

(Avísame si olvidé algo más)

jueves, agosto 30, 2007

Lo que tejen dos agujas












"Guardáme dentro del bolsillo. "





"Hoy es jueves... comienza a las diecinuevehoras."








"Gracias por la muñeca. "











"Te compré un color, no lo olvides está sobre la mesa"

martes, agosto 28, 2007

Tributo: crimen y castigo

Sucedió de noche, porque eso me ocurre con aquello que requiere una luz artificial: lo altero. Como en una película, que miras con ojos cansados y el cerebro extraviado, traté de poner atención ampliando el rango de mi visión todo cuanto me fuera posible hasta que me quedara suficientemente claro lo que allí se decía:








- ¿Está pasando o crees que está ocurriendo?


- ¿Te refieres a que si lo imagino o si en verdad ocurre?


- Me refiero a... lo que me refiero.


- Sí, ya está ocurriendo. Es 'kafkiano'... me estoy transformando.


- ¿Cuánto tiempo le rendirás tributo al olvido?


- El mismo que me dure en la memoria.


- ¿Hablas de tres meses?


- Casi todos en mis sueños lo hacen.


- ¿Es tu tributo?


- No. Es mi castigo.


- Entiendo.

- Sí, un crimen... un castigo.


- ¿Y ahora... ?


- Se llama libertad.


- ¿Duele?


- Sí, un exceso.





¿Cuánto tiempo pasó entre esta conversación y mi deseo por entenderla? Una hora, quince minutos más, pero no menos, y se estacionó en mi esta idea: "un crimen... un castigo", y la premisa de un tributo, éste: el olvido en la memoria que no entiende, que es su complemento.



Y ya ves... aquí está tu sonrisa persiguiéndome todo el día, la forma de tus manos, tu fe en todas partes; y del otro lado, la copia malhecha de un diálogo en marrón. No combato con ninguno, hay algo de cierto en el crimen y el castigo, algo mucho más fuerte en tu sonrisa persiguiéndome, esa que asegura con una certeza no antes conocida: "No te rindas, por favor no te rindas: yo me quedo... me quedo".

domingo, agosto 26, 2007

A la una...
















A las dos...












A las tres...




Voy a dejar que caigan...





ennubecidas... al suelo...







así... aquí... allá... asá... acá...



enfrente... de frente... en el teclado que salgan...



todas...



silencio....







hay ...





muchas gotas...







no sólo llueve afuera...







Aquí.




AQUÍ.

Moby

Recuerdo que hace unos días la cosa iba más o menos así...

jueves, agosto 23, 2007

"Hagamos el amor y no la guerra"





Digo: "Busca un color y véndeme un argumento
y allí justo a la izquierda me encuentras."

Dices: "Busca el humor, la palabra propicia
la sonrisa exacta y allí, donde nace la cosquilla...
allí te encuentro y abordo el velero."


Ayer, pasé, pasamos de la penitencia
a la misericordia, dejamos la nostalgia
y te quedaste y me quedé:
"nacida en todos los sitios".

Ayer, estoy cierta que fue ayer, dejamos
dejé (¡porque no me dejas!)
atrás -y detrás- lo imposible,
olvidamos que un día fuimos rehenes,
un pre-texto para hacer la guerra
un mal sueño que habla de tres meses
un mal sueño, para soñar distinto.

el decálogo de Diablo



Ayer, Rosa Púrpura me mostró algo que se lo compré, decálogos para todo... me encantó. Así que hoy, dejo acá constancia de mi aprendizaje sobre la visita a cierto blog:




DECÁLOGO DE "DIABLO"

Diez cosas que dicen de mí


1. Berrinchuda (en el Top)

2. "¿Por qué?"(la primer palabra)

3. Voluble

4. Tozuda (terca)

5. Orgullosa

6.Pedante

7. Generosa

8. Engreída

9. Mefistofélica (en la ley del deseo)

10. Humana

(Seguro se te ocurren más. Así que me avisas)

miércoles, agosto 22, 2007

Matías


Ayer...

Por la noche.



Murió.



Un pez azul con la cola semitranparente, en su pecera naranja. Con su pausa que calma y es vital, con lo gamma de su betta, con mi compañía.



Ayer, mi pez, Matías... murió.


Me quedé... Así.


Me quedé... sin Matías.



Tendré otro pez. No se llamará Matías. No será Matías. No quería que se muriera, pero se murió.


Matías tenía el agua tibia.



Matías... coma y no aparte.



Matías... murió... ayer. Mientras "Mónica" nacía.

lunes, agosto 20, 2007

No es una canción más






Gracias por estar acá. Por acá Enrique Bunbury, por eso, por lo otro, por lo que le sigue.










La señorita hermafrodita





La señorita hermafrodita
no se pinta lo suficiente.
No se quita lo suficiente.
No me excita lo que debiera.
Un respeto, por favor, para la simetría,
para la aritmética y la geografía.

Los números pares y los plurales,
no son populares en tu topografía.


Esos tacones del desprecio,
caminando como si detuvieran el mundo
sobre el trapecio:
de un lado el infierno, del otro el cielo.




Por la serranía redonda de ronda,
he visto tu sombra acercarse.


He pedido otra ronda de sake.
Me has llamado cobarde
por no estamparte un beso en la boca.


Pensamiento patético y poético,
a estas alturas de noche es normal,
en un animal cuadrúpedo y palmípedo,
con instinto mamífero vocacional.




Esos tacones del desprecio,
caminando como si detuvieran el mundo sobre el trapecio:
de un lado el infierno, del otro el cielo.





La señorita hermafrodita
no se pinta lo suficiente.
No se quita lo suficiente.
No me excita lo que debiera.




Esos tacones del desprecio,
caminando como si detuvieran el mundo sobre el trapecio:
de un lado el infierno, del otro el cielo.


Ya sé que piensas que no hay excusa que valga,
espera que se me ocurra algo.

Ahora que salgo, dejaré una puerta abierta.

viernes, agosto 17, 2007

De bicicleta, escritura y mi padre











"Papá, cuéntame otra vez..." I. Serrano

Alguien me dijo: "Escribir debe ser catártico". Y yo moví la cabeza negando. Escribir es un acto no es un esquema, pero también es un esquema; escribir es estar y partir; escribir no es catártico y lo es, escribir es esto y lo otro. Escribir fue mucho tiempo una guarida, para mí, un lugar, un sitio, un refugio, hoy, gracias a muchas figuras es un punto de partida.


Pienso en escribir y sé que es el principio del principio de incertidumbre, el origen. Cuando duele cerquita, con esa clase de dolor que se colorea, que se enmohece al fondo de la piel. Vuelvo a recordarme pequeña, titubeante, temblorosa... ese momento en que elegí escribir como alternativa de vida, como mi mundo personal y no silencioso: cinco años, zapatos ortopédicos, seis de enero, mi padre con dos bicicletas semiprofesionales...



"- Sube, anda, sube, es para ti
- No, no puedo.

- Sube ¿Tienes miedo?

- Sí. No puedo.

- No puedes tener miedo. Mira, se subió tu hermano.

- Papá. No puedo. (Lloro)

- No llores. Eres cobarde. Una hija mía no puede ser cobarde. Aprende a tu hermano.

- No puedo.

- ¡Que no llores!

- Papá...
- No. Déjame con tu hermano."
Muchas preguntas años más tarde me persiguieron, tantas como polvo acumularon mis zapatos, como inquietud por esa bicicleta que me había separado de mi padre, que me había regresado a mi mesita de trabajo con mis libros y mis colores. ¿Por qué no llorar? ¿Si te preguntan que tienes miedo, no debes decirlo? ¿Es equivocado tener miedo? ¿Y si él te cuida, por qué no debes decirle que tienes miedo? ¿Llorar es ser cobarde? Estaba llorando, ¿sería el resto de mi vida cobarde?
Años más tarde volví a ver a mi padre, ya con casi treinta, me pidió que le hiciera una pregunta la que yo quisiera, lo pensé. Había viajado más de catorce horas para verlo, veintitrés años y un sinnúmero de trámites de seguridad para estar con él, para abrazarlo, veía con júbilo que pisábamos igual, encontraba su forma de fumar semejante a la mía, lo veía...

Y cuando llegó el momento de preguntar, después de la conversación de quiénes somos", de "dónde vas", dije al fin: "¿Papá, aún piensas que soy cobarde por no haberme subido a esa bicicleta?". Él, con la cabeza baja, y los hombros sin respiro dijo: "A veces uno no se fija lo que dice, uno es muy torpe. Perdón."

Y yo, como esa misma niña, pero con calma le dije: "También lloro, también he llorado por ti; he tenido mucho, mucho miedo, y no soy cobarde".

La escritura, el acto de escribir es esto y aquello, pero entre mucho es un homenaje a la incertidumbre; hoy, pasado el tiempo sin ver a mi padre, sin recordar más que sus manos, porque durante veintiocho años fue lo único que tuve en mente, sé que si lloro no soy cobarde, que este miedo me hace, me construye, me edifica, me conforta. Y esa bicicleta que no subí, hasta los quince años y con ayuda, es el principio, el origen de esta elección, del papel y lápiz, a cambio de la carrera y el juego.


Aún no sé si fue justo, pero sé que es mío, como llorar -a veces- porque no está papá, porque aunque ya no es necesario escucharlo, me encantaría decirle: "¡Papá, lo he conseguido, esta bicicleta sin ruedas, no la domino, pero me hace feliz. Ya no me hace llorar. No soy cobarde, papá, soy alguien que sigue, sigue, así, catorce horas y veintitrés años, hasta llegar a ti!"
Un día quise tanto a mi padre, un día que ya no es hoy, pero se le parece tanto, un día deseé no tener miedo para que se quedara, pero no pude. A años de ello, entiendo que el temor nos hace fuertes, y que esa bicicleta no era para mí, pero... ¡bendita sea! Con todo: la incertidumbre que me dejó, el miedo y la forma en que se lo llevó.