He pasado todo el día haraganeando, o al menos eso pienso. Desganada. ¿Cómo comenzó todo? Sencillo. Vi unas fotografías y no paré más de llorar. Mi abue, sí, otra vez mi abue. No sé cómo arreglarlo y tampoco sé si se valga hacerlo. Mi abue... ¿Cmo le hago abuela pa' sacar las ganas de algún lado? No tengo y eso que me lo has dicho siempre: comenzar el día, el baño matutino, el café, beber agua, pero pues no tengo ganas, nomás tengo ganas de llorar y ver pa' todos lados, recordarte y seguir enojada porque no puedo abrazarte. ¡Chingá, no me curo, no me curo!, pero si no estoy enferma, caray! Pero así lo siento. No me curo, abue... ¿qué vamos a hacer? En fin, acá te dejo mi reclamo porque no te encuentro y cuando lo hago me duele adentro de no poder tocarte. Me sigo buscándote en la música que escuchabas, en tu comedia de la tarde y en las plantas que tanto amaste. Abu, Abue, abuela, te extraño mucho: quédate un ratito en mis sueños, esta noche nomás, después te devuelvo a todos tus hijos, a todos tus nietos y a tus bisnietos. Nomás esta noche, un poquito Abue... un poquito.
viernes, febrero 25, 2011
jueves, febrero 24, 2011
Casi las doce
Y sigo sin poder dormir...
Casi las doce y mi colección de manías
como metrallas estacionadas,
pero listas para disparar.
como metrallas estacionadas,
pero listas para disparar.
Casi las doce y los párpados negados a cerrarse,
y todo es como la misma pregunta
la que no consigo formular, descubrir.
Casi las doce del dulce jueves,
del mismo otro jueves cobarde
y el cansancio acumulado
y todas las frases dichas y no.
Casi las doce para que comience el viernes
y se burle de mí, una vez más, otra vez sí.
Casi las doce y comienzo a encontrarle sentido
a las agujetas de mis tenis viejos,
a los cinturones que perdí en el camino,
a los pasos que se desandan muchas veces
para encontrarme, para perderme, para reconocerme.
Casi las doce y no termino estas palabras
y se me caen por los lados y se hacen polvo
y las recojo y las escribo y me burlo de mí
porque no estoy dormida, y pienso en un café
una vez más en un café y una vez menos en filosofía.
De donde voy, a donde vengo son casi las doce
y el mundo sigue igual que ayer,
pero mi taza de café no, me espera paciente
me aguarda, me mira, me llama,
me aguarda, me mira, me llama,
me nombra como me ha nombrado siempre,
me dice lo que a veces olvido:
casi las doce y no duermo, porque no quiero,
porque no encuentro la forma exacta,
el nombre preciso de quien me sueña.
Casi las doce...
despierta si me sueñas
despierta si me sueñas
Casi las doce...
soy sólo una pesadilla
Casi las doce...
soy sólo una pesadilla
Casi las doce...
y estas palabras han sido escritas
una vez más, otra más... casi las doce.
Casi las doce...
Casi las doce
Casi las doce
...
Casi las doce...
Casi las doce
Casi las doce
...
miércoles, febrero 23, 2011
Para el Día 22
...hay un postre para el café... lo recibiste, ahora está en tu escritorio o simplemente lo has recibido, quizá de otro modo no estarías apartándote de tus labores matutinas para leer estas letras... Deseo que así sea.
Recuerdo esta canción que viene a cuento:_
Tus pies bailan un tango con mi pasado,
tus cejas son las rejas de una prisión,
tus labios son el fuego por duplicado,
tu olvido es un descuido de mi pasión.
tus cejas son las rejas de una prisión,
tus labios son el fuego por duplicado,
tu olvido es un descuido de mi pasión.
La primera vez que pensé en tu nombre, soñé tres días sin parar con tus ojos. La primera cita... irremediablemente pensé:_
Tu cuello es una rama para colgarse,
tu mente un crucigrama por descifrar,
tu ombligo anda buscando por donde ocultarse,
tu boca es un milagro de la humedad.
tu mente un crucigrama por descifrar,
tu ombligo anda buscando por donde ocultarse,
tu boca es un milagro de la humedad.
Después escuché tu voz largamente, profundamente; hice eco de tus carcajadas y me fui sintiendo en casa, sabía que no era mentira:_
Tus ojos son dos gatos por los tejados,
tu nuca un callejón al oscurecer,
tu pelo es el más negro de los pecados,
tus dientes son agentes de Lucifer.
tu nuca un callejón al oscurecer,
tu pelo es el más negro de los pecados,
tus dientes son agentes de Lucifer.
Ahora que ha pasado el tiempo... entiendo, acepto, comprendo, abro los brazos para repetir una vez más que ERES, inevitablemente, definitivamente...
Hembra y señora
que cada hora
cambia de piel,
golfa y decente
dulce serpiente
de cascabel,
flor de alquitrán,
lluvia que llueve,
besos con sal.
que cada hora
cambia de piel,
golfa y decente
dulce serpiente
de cascabel,
flor de alquitrán,
lluvia que llueve,
besos con sal.
Y hoy es el día 22, pensando un poco no podría ser de otro modo más que en este recorrido que haría una y muchas veces contigo, por lo vivido, por lo no vivido, por lo compartido, por lo que falta por compartir, por la razón y por la sin razón, por la cotidianidad, por la maravilla, por el asombro, por estas letras, por mis imágenes que son sólo mías, pero que vienen de tus ojos a los míos y vuelcan una sola mirada, por las hojas, por los cuadernos, por la magia, por el corazón, por la piel, porque...
Tu lengua sale en todas mis pesadillas,
tus uñas acribillan mi corazón,
tus pechos dicen que eres una chiquilla,
tus muslos saben que eres mi perdición.
tus uñas acribillan mi corazón,
tus pechos dicen que eres una chiquilla,
tus muslos saben que eres mi perdición.
Y las imágenes bullen en mi mente, los hechos, no sólo las palabras. Una es de donde la han nombrado, una es, así ocurre, sin nacionalidad y sin suelo hasta que la nombran, y entonces te convertiste en mi patria, me hice habitante de tus sueños, tu esperanza y tus palabras, me tomé el mismo tren para comprobar que:_
Tu piel es una patria para mis manos,
tu vientre un desayuno con vino y pan,
por tu cintura sale el sol más temprano
y se mueve el verano cuando te vas.
tu vientre un desayuno con vino y pan,
por tu cintura sale el sol más temprano
y se mueve el verano cuando te vas.
Tanto viaje en días y apenas ha comenzado el jornal. Tanta vida tan pretendida, que la realización queda exacta en el mismo baile...bailaste tanto con mi pasado, aprendí a bailar de vuelta y por vez primera, así es. Así ha sido.
Tu pubis es un delta de agua salada,
tu falda… la más corta de Chamberí,
tu risa es una lágrima equivocada,
tu cama se inventó para no dormir.
tu falda… la más corta de Chamberí,
tu risa es una lágrima equivocada,
tu cama se inventó para no dormir.
A fuerza de no ser original, esto que ocurre hoy, ocurre por primera vez. La sensación exacta, la rotunda afirmación, la completa serenidad, la suave calma que el dulce postre quede preciso en tu paladar, como el dulce veintidós que no alcancé a conocer, pero del que estoy segura, podría percibirse hoy, para mí, por primera vez, para ti como un dulce recuerdo de lo que queda por vivir. Buen día, todo el día. Gracias por estar allí, ahí, aquí.
miércoles, febrero 16, 2011
Antes que caiga...
la madrugada, rodaré un duermevela.
La frase correcta debió ser: antes que caiga la noche... porque así la pensaba antes de escribirla, pero no me pareció posible, pues ahora escribo de madrugada y se vence en mí como una puerta vieja, cansada. La noche en cambio es una monja tumorata o una vieja pregunta en el sombrero que cuelga del perchero, sin respuesta y alcanzada. La noche puede ser tu rostro cercano, sin miedo, dibujado, en el borde del pecho, o en el borde del agua. La noche es ese palco que no alcanzo a mirar de vuelta. La noche es el barco a venus de aquella canción de Mecano... la noche es lo único que no podemos encontrar en la alacena, pero sigue, sigue ahí, en alguna parte, reclamando a gritos la primera intención.
Así escribo ahora, convencida que no puedo hacer otra cosa. Entregar notas acá de mis pasos por la vida, cobijar notas allá, de mis trazos; descubrir una palabra al filo y en el filo una nota. De acá, de allá, de más allá. Descubro y me cubro con palabras la misma certeza, pero esta noche no estoy triste, estoy en silencio, adentro y dentro. Infantil me descubro, poco a poco me develo. Cada vez es a un tiempo, una voz y una escalera. Abrazar lo sencillo y definir lo posible, es una nota. Encontrar lo imposible y no comprender ni una gota es un silencio. Así yo... hoy, antes que caiga la noche, como la obra que escribía, cuando lo posible me atraía, cuando lo increíble me seducía. Hoy vuelvo a tocar al maestro Silvio, al cómplice Rodríguez: "He preferido hablar de cosas imposibles, porque de lo posible se sabe demasiado". Así yo, me voy a leer de lo imposible, a escribir esas obras imposibles, a no entender, pero a seguir, antes que caiga la madrugada y lo olvide. Como antes, como antes...
lunes, febrero 14, 2011
La casa, la mesa y una taza de café
Es conocido lo mucho que me gusta el café, lo mucho que abuso de su consumo y lo mucho que lo disfruto. Todas las ocasiones que repelo ingerirlo en formas diferentes que no sea caliente y humeante. Y eso se remonta a mi historia personal de hace casi 20 años. Descubrí siendo muy pequeña que la sustancia de la cafeína me hacía sentirme mejor, más contenta, me quedé con ella. El calorcito que percibía al degustarlo me conducía a una sensación familiar. Con el tiempo me di cuenta que todos y todas utilizamos la expresión "nos debemos un café" como metáfora de una reunión y charla personal, con tintes más íntimos que lo que pueda llevar consigo el lugar o incluso la bebida final, una vez que estamos reunidos/reunidas. A veces eso me lleva a decir que tengo que tomarme un café conmigo misma para discutir o resolver lo que me pasa, amparada en una mejor forma de conducirme. Cuando eso ocurre literalmente me sirvo un café, elijo un lugar, me llevo una libreta y converso lo que me pasa, conmigo misma. A veces no llego a ninguna conclusión que valga la pena, pero me hace bien.
Debajo de la taza de café siempre hay una mesa, sostiene mi libreta, mi café y a veces me sostiene. Es el límite exacto en que puedo depositar el mundo y mis ideas y mis palabras, mis objetos y lo que me conforma, puedo comer en ella, escribir en ella, a veces he dormido en ella, otras he llorado con los hombros encima. Pareciera una suerte de colección de mesas de tantas que son. Invento objetos para adaptarlos como mesa. La mesa no es un límite para mí, es una geografía, un país, el exacto lugar que ocupa el centro de la casa. Y la casa es mi patria, supongo que pienso en casa como alguien dijera hogar, pienso que una persona es una casa y sus manos la mesa y sus labios la taza... y de tanto que pienso sólo siento el sorbo caliente en los labios en la forma de un beso: en la forma del beso está la taza, en la forma de la mesa, la persona que amo a rabiar, en la casa lo que conformamos; en la rabia de mis años la misma palabra, la misma certeza, la misma promesa: tú eres mi taza, mi mesa, mi casa y mi respuesta.
lunes, enero 31, 2011
Cabeza dura
Pienso que fue en este espacio donde acepté por primera vez que soy cabeza dura. La expresión no es propiamente algo que haya acuñado por mí misma, más bien uno de los extraños piropos que la vida me va regalando. Una de mis amigotas comenzó a decírmelo por la necedad personal, hace un par de años, quizá diez ya, fue la misma que hiciera memorable mi apodo familiar Jazz y lo convirtiera en lo que ahora es, una forma de definirme en una sola palabra.
Ahora pasado el tiempo no soy tan cabeza dura, como lo era hace un par de años cuando me negaba a aceptar más de una cosa simplemente porque rompía con mis estructuras. Por ejemplo, recién estreno un aparato DVD, un regalo muy especial de quien comparte conmigo, además de la vida, el gusto y manía por el cine; yo me negaba a aceptar que era tiempo de darle un descanso al aparato anterior, con diversos argumentos, el más socorrido es que podía repararse con una limpieza y estaba listo para otros años de batalla. Sin previo aviso que diera lugar a una réplica me lo ha obsequiado este fin de semana, con la única razón bajo el brazo que su/nuestro derecho a disfrutar de películas sin la pausa incómoda de un dvd que estaba exhausto y en el minuto 13 saltaba hasta el 14, con suerte y si no hasta el 17, en fin que tuve que admitir que era cierto, había que jubilar al anterior, pero fui cabeza dura más de un año, hasta que sin mayor reparo llegó el nuevo y tuve que cambiarlo, porque era lo que correspondía. Así me ocurre no admito algún cambio y cuando me descuido y ocurre como sin aviso lo disfruto, en tanto me muestro cabeza dura y pareciera que no voy hacia ningún sitio con tanta terquedad. En fin que esto de ser cabeza dura, con el tiempo y un poquito se ha ido venciendo. Sé cómo terminó la sentencia: cuando permití que el asombro y la maravilla entraran por la ventana, por la puerta, por todos lados y los dejé que se presentaran y me hicieran sonreír y aceptar con la misma sonrisa que no soy quien tiene razón, y qué grato que así sea. Aún me quedan muestras de ser cabeza dura, pero por suerte (oportunidad + capacidad), ya queda mucho menos al respecto. Lo que tengo ahora es una sana necedad porque todo es posible, hasta no tener razón,y es que no se trata de ceder la voluntad si no de sumarla. En fin, poco a poco... todo es así, poco a poco. Me queda la certeza que producto de admitir un error cabalmente, puedo disfrutar de una película del primer minuto al último sin cortes impertinentes. ¡Gracias por eso, siempre!
viernes, enero 21, 2011
Abstracta
Marijo está estrenando palabras. Aprende a una velocidad impresionante. Así que en esta ocasión ha pasado de contarme chistes para hablar en serio y plantearme dudas claras. Ahora me ha preguntado si sé qué significa la palabra abstracta, le he dicho que no propositivamente por si se trataba de un chiste, así muy segura de sus palabras me ha dicho que significa "complicada, difícil de entender". Tras mi aceptación del concepto, sonríe sin dudarlo y arremete diciendo: "Tú, tía, eres una tía abstracta... sí, difícil de entender." Ante mi carcajada se siente más tranquila, me mira y repite "¡ah, por cierto... todo lo demás igual, eh!!" Pregunto qué es lo demás, sonríe, "ya sabes... ya sabes". Efectivamente sé a qué se refiere. Mientras, se pone en pie y le dice a su mamá, sin mirarme: "...ya se lo he dicho... lo que no le dije es que así la quiero."
jueves, enero 20, 2011
Abuela:_ te regalo la luna
Han pasado dos días.
Dos.
Como ella y yo.
Mi abuela... murió hace dos días. Mi abuela. Madre de mi madre y de toda su familia. Mi abuela mujer trueno, orgullosa de ser quien es... no puedo hablar de ella en pasado. No quiero hablar de ella en pasado.
A las 10:30 supe que había muerto. No tuve noticia que estuviera enferma. Confieso que si lo hubiera sabido ni por un momento habría creído que ella moriría, para mí ella es inmortal. Creí que nos enterraría a todos. Saber que no estaba produjo una sensación inenarrable, aún ahora la siento, me recorre el cuerpo. Mi abuela murió a las 10:00, media hora antes, casi ocho horas de distancia en bus. Percibí de nuevo aquella sensación envejecida de no llegar a tiempo, de no estar cerca, de no poder... la incapacidad redondeada de vacío, una esfera sin sentido, me sentí frente a lo que ocurría vulnerable, pequeña. Aún no era consciente que no volvería a verla más, sólo lloraba y deseaba que me mintieran. Cuando me lo dijeron, pensé por un momento que había escuchado mal, me detuve sobre una pared, respiré, hice que me repitieran lo dicho, lo confirmaron... seguí sin comprender nada de lo que ocurría, porque mi abuela no estaba allí para explicarlo, así fue siempre: las pequeñas dudas, las abismales, las absurdas, las mágicas, las conversaba con mi abuela.
En una de mis visitas con mis amigos contó nuevamente esas historias suyas sobre cuevas y misterios, las mismas que acompañaron mi niñez, mis amigos la escucharon todo el tiempo, la disfrutaron, ella se despedía y algo dentro de mí sabía que hablaba en serio, no dejé de tomar su mano, de besarla, de mirarla, quise siempre llevarla conmigo, en fotografías, en palabras, en los libros que me regaló que ella no entendía, pero que sabían que eran de mi agrado, en los anillos, en ella ; yo heredé su voz, como mi madre; su manía por el canto y su gusto por las plantas. Mi abuela tenía tantas historias que aquella tarde que compartió con nosotros, para mí todas eran nuevas, pese a haberlas escuchado muchas veces. Nunca fue "mi abuelita", me enseñó a no llamarle así, yo soy su primer nieta, a veces me repetía que yo era su hija la más pequeña, fui yo quien le cantó por primera vez "Dí por qué dime abuelita". Fue a mí a quien le dijo: Eres el orgullo de mi orgullo", la primera vez que lo dijo sólo pensé: "Gracias abue..." Ahora, cuando sé que es mi último recuerdo, no sé qué hacer con ello. Me duelen los brazos de tanto cargar la herencia que me ha dado. No es poco y está por todos lados. Una noche me regaló la luna, exacto el momento en que el atardecer se despide y llega la luna naciente, preciso en luna llena... hablaba conmigo desde otro lenguaje, utilizaba metáforas que sólo ella y yo entendíamos. Un código personal que duró mucho tiempo, treinta años. Con ella entendí el idioma de las flores, la seguridad de la tierra, el valor de los animales, la fuerza de ser mujer, matriarca. Aprendí a respetar el mar y hacerme a él sin miedo; sentí el color del viento y a veces la culpo que yo sea poeta.
Tuve mi primer perfume venido de sus manos, "un perfume de señorita", apenas tenía once años. Gustaba de verme hacer la tarea o leer, me compraba enciclopedias y luego se enojaba conmigo porque no hacía otra cosa, más tarde quedaba contenta al ver que estaba lista para tomar el café con leche, el pan... comentar el día o escuchar una broma suya. Decía que si tocaba la tierra de un sitio era como estar en ese lugar, así que cuando me fui de viaje al extranjero me pidió que le trajera exactamente tres piedras de cada sitio, no de las ciudades, de cada sitio, así lo hice. Al principio me pareció una locura, pero al regresar, cuando se las entregué, había quedado una colección impresionante, llena de colores y ella se puso a revisarlas una por una, a preguntarme por cada lugar, por cada sitio... emocionada decidió colocarlas en una pequeña caja hasta que tuviera tiempo de arreglarlas como ella quería. Al terminar me habló de mi ser mineral, del mar en mi piel, me contó nuevamente cómo el mar me había curado siempre, ahora las piedras me harían seguir en el camino.
Verla siempre era un regalo... dicen que la respiración... que el corazón... ¡yo no pienso un carajo! Yo la vi allí, sus manos grandes, no esbeltas, de trabajo, siempre firmes, fuertes, las manos que yo no heredé... no podría, porque son las manos del trabajo duro, de la vida con el ganado, en la tierra; solía ver mis manos y las besaba, decía que yo haría otras cosas y que eso le gustaba, así fue, así es. Después caminar con ella, hacia ella, con mi familia, del brazo y cantando una de las canciones que ella cantaba, otra herencia más, otra más... daban ganas de abrazar a todos a un tiempo, a mi madre, a mis hermanos, a mis tíos, a mis primos, a mis sobrinos, pero no podía... no quería decirles que todo estaría bien, porque no era verdad para mí, ante mis ojos ella no estaba, y desde donde la veía se estaba desvaneciendo. La enterraron con su hijo, mi tío mayor, fue su voluntad, allí lo comprendí de golpe: no la volveré a ver. No podía parar de llorar, aún no puedo. Mi abuela, la hechicera, mi gran maestra, como ella misma lo afirmaba, no estaba más, no está más y... duele, me duelen los brazos porque no la abrazaré, los ojos de no verla, de no poder verla más sonriente, apabullantemente sabia, entera siempre.
Al finalizar la tarde, esa tarde del 19 de enero, día de su entierro, sabía que había llegado a tiempo para estar con ella, no importaba haber viajado ocho horas, todo valió la pena, porque yo, su nieta primera, su hija la más pequeña, llegué allí donde estaba todo de ella, la fotografía de ella sonriente, como deseando aliviar nuestra pena por su partida, ella misma postrada; porque estaba con mi familia, allí compartiendo el mismo duelo que aún conservamos, la misma canción que cantamos, y el atardecer como un último guiño de su parte iluminaba su tumba, mientras la luna redonda comenzaba a mostrarse, como ahora, en este momento mientras escribo. Abue... abuela, si pudieras ver la luna seguramente volverías a sonreír, porque bien lo sabías, el cielo se abre para darte cobijo... donde estés, siempre, siempre, te regalo la luna.
![]() |
| "Te regalo la luna" Foto: Jasmín Cruz Cacheux |
Doña Martha Rebolledo Fuentes, mi hechicera. Desde aquí, desde este lugar sigo tratando de soñarte tan sólo para qué me digas qué hago ahora con tanto que me heredaste.
jueves, enero 13, 2011
El miedo
Una de mis frases favoritas es la que hallé en un libro del maestro José Saramago "Ensayo sobre la ceguera", decía "... el miedo ciega, el miedo nos mantendrá ciegos", por mucho tiempo esa frase la pensaba en proporción de la forma en que nos deshumanizamos o nos convertimos en indolentes para con los eventos que acontecen, siempre por miedo, paralizante y aislante.
El miedo tiene tantos matices como rostros. Quizá el que más me aterra es el de la soberbia, me enardece, porque lo comprendo. Esa sensación de angustia recorriendo la punta de los dedos de los pies hasta que el cabello se erice, el miedo... al rechazo, a suplicar un abrazo, a admitir el error, a sentirse inmensamente vulnerable. El miedo a partir, el miedo a dejar, el miedo al abandono. Pensaba y pienso que todos y todas tenemos miedo... alguna clase... el miedo a la muerte, al desamparo... por la partida de un ser querido... el miedo a la vida... que -según mi juicio- es el peor de todos... paraliza y enloquece. Aquí la locura no es radiante ni el entusiasmo constante, aquí la locura es un absurdo: los ojos hacia adentro y todo lo de afuera es del color de dentro que por dentro carece de color... la sensación es terrible, la liberación necesaria.
| "Amanece en mis ojos" Foto: Jasmín Cruz Cacheux |
Ahora que pasan tantas cosas en el mundo y muchas más en los pequeños mundos que conformamos el universo, puedo pensar en el miedo... no sentirlo. Lo que percibo que me recorre son las ganas, la vida. Percibo en este ahora la complitud, la sensación oportuna de sentir alguna vez el miedo natural, la supervivencia, pero no el paralizante, del color que éste sea, percibo sí, miedo, ese maravilloso miedo a no retroceder, a seguir un escalón más, otro escalón, y saber que los de regreso, los que implican el retroceso, ya no están, porque tampoco yo estaré descendiendo... pa' arriba, uno más... de uno en uno, porque de dos, no podría disfrutar el placer inequívoco de estar plantada sobre mis dos piernas.
miércoles, enero 05, 2011
Cinco días
Han pasado cinco días desde que comenzó el 2011, confieso que no llegó conmigo la festividad del año que comienza. He pasado estos días leyendo como lo deseaba; a ratos descansando, supongo que es lo que se llama vacaciones. Leo todo, pruebas pendientes, trabajos finales... y pienso, pienso mucho. También leo otras cosas y vuelvo a pensar. Apenas entiendo que ha llegado el año 2011... me siento mejor. Aún no entiendo por qué... supongo que porque algo de mí se fue con el año que termina, pero también sé que tiene que ver con lo que todos dicen el año que comienza es siempre el buen augurio de, se recibe de ese modo. Eso pienso. Cinco días transcurridos y percibo como si hubieran pasado años entre un cambio de fecha y el otro, tal vez como lo he escuchado, el tiempo se mide a través de la palabra, la palabra es la voz de la razón, la razón no reside en el cerebro, el cerebro es un órgano sobreestimado... a veces el conocimiento no entra por allí ni las mejores cosas se entienden de ese modo si no a través del corazón, de la escucha del corazón.
Seguiré escuchando.
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