
Por acá, por allá y más allá... un medicamento, isodine, gasas, vendas, más de cinco prescripciones de cuidado, un comando maravilloso de enfermeros, cuatro; muchos consentidores; desvelos, falta de apetito y un dolor en la espalda, ardor, escozor, una línea que dicen se hará cicatriz y me recuerda que no debo guardar lo que duele, es mejor gritarlo, aventarlo, escupirlo, morirlo, para que no se quede, para que no se expanda.
Algo parecido al Dr. House, pero Bandera, un poco más sonriente, menos tolerante a la cafeína, consecuente conmigo, con lo que se debía extraer y finalmente se fue. En tanto que el Dr. Bandera preguntaba: "¿Jazz, todo bien?" yo, boca abajo, dentro de la clínica, esperando que la anestesia hiciera su trabajo; afuera, en el pasillo me esperaban mi familia, la misma que sin yo saber estaba entera, quienes no estaban presentes -pues la lógica miente- no estaban ausentes. Entre leyendo y conversando, la familia esperaba mi salida; mientras el bisturí y las agujas, hacían su trabajo, en veintidós de noviembre, yo repetía:
"Hoy te opero,
y te digo que te quiero.
Hoy me operan
y me digo quiero.
Hoy me extraen el miedo
Hoy te extraigo mis ganas.
Hoy me quedo."
Y así fue: entre mimos y cuidados, entre regañitos que dicen te quiero, y más de uno durmiendo en la misma recámara, para la pastilla de las cuatro de la mañana y la de las ocho; la familia cenó el domingo... Entre curaciones, carreras para llevarme la comida y los descuidos personales, voy aprendiendo a entender que estás sola cuando estás desolada.

Me gustaría hacer una lista con nombres y apellidos para decir gracias por lo recibido y lo compartido y las visitas y los postres ... pero sé que, además de larga para mi fortuna, el amor, el cariño no se agradece, se corresponde; sin embargo, alguien me repetía que le gustaba decir "gracias", porque sentía que crecía cuando la pronunciaba, si es así cuánto tiempo ha pasado y cuánto he crecido ya, porque yo agradezco al comando de enfermeros, porque soy muy terca y me da la necia y no me dejo, pero ahora... fue suave y sincero, honesto y sin pudor. Gracias por quitarme lo último también.
Ya entendí:
Comandante Fulio, no estoy sola. Coronel Moy, me siento cómoda. Teniente Mariana, todo está bien, en su sitio. Sargento Gaby, puedo escribir de vuelta. Partner, cereal y desayuno. Carlos, la cena está lista. Y las llamadas y los mensajes, y las visitas ... y soy afortunada. No sólo por extraer lo que no debía estar, sino por introducir más confianza y más ganas. Te quiero a ti, a ti y a ti... como lo grito al final de tu visita, como la palabra de despedida... ya lo sabes... yo, lo siento.








¡Aleluya!



