lunes, diciembre 19, 2011

Omar, mi amigo.

Hace tiempo que nos conocemos; quizá más de quince años, pero muy poco que somos amigos. Esa forma única que tiene la vida para asombrarnos, hizo que el tiempo en que podíamos sentarnos y, frente a frente, nos viviéramos, al parecer no era el nuestro. Pasado el pasado, nos encontramos en una red social, y en la conversación inicial no fuimos capaz de diferenciar el paso del tiempo: temas en común, criterios y afinidades nos hicieron más que cercanos, íntimos. Hoy mi amigo Omar me permite recordar la figura literaria, propiamente de la retórica, anagrama, que permite mediante la descomposición del orden de las letras formar nuevas palabras, este es el caso: Omar, Ramo, Amor, Roma, Mora, todas palabras hermosa, en cuatro letras, como él mismo y sus asombros y sus ocurrencias. Le encanta sorprender a sus amigos con una llamada y hoy lo ha hecho conmigo, discreto como es él, simpático y excelente conversador, ha llamado para la felicitación correspondiente de navidad, mientras yo imprudentemente lavaba los trastos. Conversamos largamente compartiendo bromas y recuerdos. Es maravilloso que la vida te recuerde el paso del tiempo de esta manera. 

Ahora ya puedo afirmar lo que en el primer minuto del espacio en que volvimos hablar sospeché: Omar y  yo somos cómplices. Esa complicidad de intimidad, donde podemos leernos y asombrarnos de la forma en que coincidimos en personas, lugares y posibilidades. Es el hombre del buen gusto y quizá esa sea la razón por la que le he dedicado esta entrada, me maravilla la posibilidad que exista y podamos estar contacto, crear esa amistad a la que yo la bautizo como complicidad. Tal vez porque recuerdo que hace mucho aprendí que el amor es un crimen perfecto, pero para ello se necesita un cómplice. 


Me gusta pensar que aunque algunos kilómetros nos separan este hombre viene a acomodar mi esperanza por la humanidad, por la amistad y por la firmeza en la vida y en las decisiones, porque sin exagerar es una gran idea de la vida que una persona como él nos permita estar en el mismo camino. Mi amigo Omar, no sé de dónde toma el cristal con que mira al mundo, posee tanta certeza en los juicios, agradezco tenerlo cerca, agradezco más sentirlo cerca. Él no lo sabrá hasta ahora, pero más de una vez cuando pierdo el rumbo de lo que debo de hacer, una palabra suya de aliento, de reconocimiento, y vuelvo a recordar que sólo hace falta una persona que crea en ti, para saber que eres un héroe, puedes hacerlo todo, puedes con todo. Gracias, Omar. 


miércoles, diciembre 14, 2011

Hoy que no es martes 13

He tenido un día intenso, pero en toda su extensión. He hecho una dinámica de trabajo con la generación saliente, ha sido de un resultado próspero y radiante y me siento satisfecha con ello. No sólo ha sido este hecho lo que me ha encantado. También la capacidad humana que hoy ha quedado plenamente demostrada de "mirarse a la altura de los ojos", de aceptar el paquete completo -porque somos un paquete completo-, con nuestras fobias y nuestras filias, con nuestros errores y aciertos. Somos una moneda con las dos caras, pa' que sea valiosa, pa' que valga la pena. 

Así es lo que he aprendido hoy. Y es que el día comenzó de maravilla. Porque me encanta el "buenos días" y las palabras finales: "Ten un buen día". Tal cual fue un día intenso, donde corría y corría para llegar y llegaba, y el bombeo natural del corazón y la sonrisa en los ojos por seguir maravillada por la vida, por la humanidad, por la capacidad con la que la naturaleza nos dota para reconocer, enfrentar y aceptar la vida siguiente. 

Después de todo, hoy no fue martes 13, pero me parecía que era el día extendido muchas veces, por todos lados; recuerdo perfecto cómo ayer escuchaba el mismo bombeo en el corazón, el mismo ritmo, sabiendo que era un día de suerte. A cada momento se extendía una sorpresa, un encuentro o una palabra nueva que me hacía sonreír la mirada, - cosa muy complicada eso de sonreír con los ojos, pero es posible. Lo es. 


Hoy que no es martes 13, me gusta tanto que sea miércoles, como mañana jueves, como cada día; desde algún momento que elegí pensar que cada día es un día de suerte. El destino es más sabio que la voluntad humana, cuando permite que halles justo lo que no sabías que buscabas, porque entonces no es un encuentro, es un hallazgo, como el misterio, como el amor, como la suerte o la posibilidad, para ser franca esta última me gusta más. La posibilidad no es por suerte, la posibilidad es tan humana como el misterio de la poesía, como... no lo diré ahora, pero lo siento, aquí, cerquita, dentro.



Buena noche, toda la noche.