Hace tiempo que nos conocemos; quizá más de quince años, pero muy poco que somos amigos. Esa forma única que tiene la vida para asombrarnos, hizo que el tiempo en que podíamos sentarnos y, frente a frente, nos viviéramos, al parecer no era el nuestro. Pasado el pasado, nos encontramos en una red social, y en la conversación inicial no fuimos capaz de diferenciar el paso del tiempo: temas en común, criterios y afinidades nos hicieron más que cercanos, íntimos. Hoy mi amigo Omar me permite recordar la figura literaria, propiamente de la retórica, anagrama, que permite mediante la descomposición del orden de las letras formar nuevas palabras, este es el caso: Omar, Ramo, Amor, Roma, Mora, todas palabras hermosa, en cuatro letras, como él mismo y sus asombros y sus ocurrencias. Le encanta sorprender a sus amigos con una llamada y hoy lo ha hecho conmigo, discreto como es él, simpático y excelente conversador, ha llamado para la felicitación correspondiente de navidad, mientras yo imprudentemente lavaba los trastos. Conversamos largamente compartiendo bromas y recuerdos. Es maravilloso que la vida te recuerde el paso del tiempo de esta manera.
Ahora ya puedo afirmar lo que en el primer minuto del espacio en que volvimos hablar sospeché: Omar y yo somos cómplices. Esa complicidad de intimidad, donde podemos leernos y asombrarnos de la forma en que coincidimos en personas, lugares y posibilidades. Es el hombre del buen gusto y quizá esa sea la razón por la que le he dedicado esta entrada, me maravilla la posibilidad que exista y podamos estar contacto, crear esa amistad a la que yo la bautizo como complicidad. Tal vez porque recuerdo que hace mucho aprendí que el amor es un crimen perfecto, pero para ello se necesita un cómplice.
Me gusta pensar que aunque algunos kilómetros nos separan este hombre viene a acomodar mi esperanza por la humanidad, por la amistad y por la firmeza en la vida y en las decisiones, porque sin exagerar es una gran idea de la vida que una persona como él nos permita estar en el mismo camino. Mi amigo Omar, no sé de dónde toma el cristal con que mira al mundo, posee tanta certeza en los juicios, agradezco tenerlo cerca, agradezco más sentirlo cerca. Él no lo sabrá hasta ahora, pero más de una vez cuando pierdo el rumbo de lo que debo de hacer, una palabra suya de aliento, de reconocimiento, y vuelvo a recordar que sólo hace falta una persona que crea en ti, para saber que eres un héroe, puedes hacerlo todo, puedes con todo. Gracias, Omar.