lunes, julio 30, 2012

¡Levántate!

Últimamente asisto más al cine que antes, o tal vez tengo más conciencia que lo hago, porque me ha dado por hacerlo a solas. El hábito personal y solitario más amoroso, desde que... bueno, ya lo saben, desde que nos fuimos. "Nos fuimos", simple, sencillo, complejo, dejamos de vernos y cada quien se fue de la vida de la otra. 

En fin que acá podría hablar de la película más reciente de Woody Allen, pero lo que quiero es hablar de Orfandad y dolor. ¿Qué hacemos con la orfandad y el dolor? Existen ambas, antes o después, pero las vivimos. Hay para quienes la orfandad se nos fue materializando desde temprano, tuvimos nombre que memorizar, pero no historias que contar de los padres. Hay para quienes desde nacidos o más tarde con el paso del tiempo y la ley natural. Yo soy de quienes nos dimos cuenta de la orfandad y nos fuimos en contra de ella, la negamos, la escupimos, la golpeamos por la espalda y le encontramos mal olor, mal sabor, hasta la pestilencia. Luego, tomé conciencia de lo que me pasaba, me hice su amiga, la hice mi compañera y dejó de estorbar y fue amable y gentil. Lo mismo ocurrió con el dolor. Todos/todas lo conocemos, cada quien de un modo diferente y pudimos y entendimos que había que seguir adelante, ascender, levantarse, no una ni dos si no las veces que fueran necesarias, porque sólo así podríamos comprender nuestra vida. 

Crecí con un humor diferente y un modo de ver la vida, también diferente. Crecí, y más adelante supe que a eso se le llamaba melancolía. Crecí entendiendo mi melancolía que crecía conmigo. Con el tiempo he conocido demasiadas personas como yo, tantas como caminos diferentes. Cada quien hace lo que quiere con su melancolía y con su dolor. Hoy entiendo que no estamos exentos del dolor, nadie lo está, pero es qué haces con él, cómo lo vives, lo que hace la diferencia. Pareciera una frase gastada, un discurso corto para comercial o un mensaje de auto ayuda, lo cierto es que lo he visto y vivido de cerca y pa' dentro. 

Vi hoy la película de "Batman asciende", entre más pasaban los minutos más me hacía pensar que cada uno de los villanos de esa película es un héroe que se hizo villano, "mueres como un héroe o vives lo suficiente para convertirte en un villano", palabras de la segunda entrega del film "Batman, el caballero de la noche". Acá, en la última entrega a cargo de C. Nolan, me dejó la sensación que todos los personajes de mayor peso hablaban de orfandad, de ausencia y de dolor, el tema es qué hacían con él cada uno. El punto es que cada uno, cada una, decidía, elegía lo que haría con ello. Nadie más. Y lo hicieron. El resultado es que no hay héroes ni canallas, sólo humanos. 

Me gusta Batman, me encanta Batman, pero este que ha acuñado durante tres entregas Christopher Nolan, me duele, porque me parece auténtico, con sus cicatrices y lesiones, con su falta de deseo por la vida, con su larga melancolía y su agonía constante. 


¿Qué hacemos con el dolor de la orfandad? ¿Qué hacemos con la orfandad como dolor? No lo sé. En esta entrega creo, sincero, que no es Batman quien tiene la respuesta, si no los presos con su desesperanza y esperanza a la vez, los mismos que desde "el infierno en la tierra" gritan: ¡Asciende, asciende! ¡Levántate! No creo que por esperanza, no creo que con esperanza, creo que sólo porque es la única manera de ver el sol y salir por fin de la tiniebla, esa que produce la melancolía y el dolor, la misma que si no encaras ... se llevará lo único que tienes cada día: una oportunidad para volver a empezar. 

martes, julio 10, 2012

Se puede.

¿Se puede saber que el día siguiente y el minuto siguiente no valen la pena? Sí, se puede. Y continuar con ellos, se puede. ¿Se puede creer que todo está muy a pesar de cualquier pronóstico, absurdamente organizado para funcionar? Se puede. 

¿Se puede creer que aunque al corazón le duela el corazón va a continuar latiendo? Se puede. ¿Se puede saber que la cabeza estalla, las manos se rompen, la piel se rasga y vamos a continuar después de todo, pensando, haciendo, viviendo? Se puede. 

¿Se puede sonreír e incluso reír a carcajadas, aunque te rompieron la esperanza? Se puede. Yo puedo. Al menos hasta hoy, al menos por hoy. 

¿Se puede pensar largamente en ti como si hubieras muerto y al día siguiente resucitarte para volver a matarte? Matarte una o dos veces no han sido suficientes, siempre queda la siguiente en la que resucitas y me revuelves el estómago y la cabeza y lo que queda de cada día en que apareces, como un mal fantasma: no asustas, no haces, ni siquiera te ven, sólo eres alguien en la cabeza, una mala energía, dispersa y furiosa porque no te caiga el olvido. 

Se pueden muchas cosas, maldecirte, bendecirte, recordarte y olvidarte al mismo tiempo, eso también se puede. Escribir largos etcéteras sobre ti, sobre lo que haces y quién eres. Se puede pensarte, aunque estoy bien segura que esto que soy te inventa larga y cadenciosamente; la mitad de ti son mis deseos, la otra mitad es mi rabia porque existes, estás, en alguna parte, pero no junto a mí. 

¿Ya ves? Se pueden muchas cosas, incluso seguir escribiendo largas líneas que no leerás.