martes, noviembre 27, 2012

La casa de cabeza

Me encanta Mina, a ella no le encanto tanto, sobre todo cuando tengo que trabajar todo el día o no podemos pasear, así que de vuelta se pone muy de mal humor y hace toda clase de ligerezas. Incluso así le aprendo mucho. Uno de estos días, estaba en verdad enojada, así que contra todo pronóstico viró su casa y se quedó fuera de ella; no fue un simple gesto de protesta, fue un error. La miré azorada al día siguiente que estaba en verdad lamentable de frío y de la mala noche que pasó. Seguía molesta, pero en realidad tenía el aspecto de estar molesta consigo misma. Mientras la observaba, me percaté de la verdad que hay en las palabras aquellas que dicen que cada perro se parece a su dueño, en este caso a mí. Porque eso he hecho en las últimas semanas, dejar mi casa de cabeza y mi cabeza sin casa. 



Deje le cuento, me dedico a escribir y eso lleva a que lea interminablemente. Gozo de una salud intermitente, a veces tengo ganas y a veces no. Eso no me quita el sueño, el sueño me lo tengo que quitar yo de vez en cuando. Para estar acá, para poder escribir en silencio, mientras el mundo duerme. Quizá no el mundo, pero sí mi mundo. Esa es otra historia, una bonita historia que ha ido creciendo acompasada. [Deje le comento que es mi mejor historia, pero ahora estamos hablando de la casa de cabeza y la cabeza sin casa, así que no es necesario que me detenga a contarle de cómo el corazón se quedó pronunciando un sólo nombre y aprendió a quedarse en un sitio y exhaló el mismo suspiro, y de vez en cuando tiene que reconocer que el ático de la vergüenza y el cuarto de las ratas se enfrentan, pero hace de todo menos huir, porque sabe que todo está bien.]

Así que le decía que la casa viró y me quedé por fuera, supongo que fue el miedo, sí, el miedo a no creer o a creer  que las cosas se pondrían feas si no aceptaba lo que fuera, como fuera, porque fuera. Entonces, dejé que la casa se me pusiera de cabeza y los ojos se me quedaran dentro, vi llegar la nostalgia con su cadena de tormentas y me quedé esperando, hasta que al fin cansada y aturdida como Mina, una mañana miré los sillones, la cama, los ojos vacíos, los peces, las tortugas, me puse en pie y comencé por tirar lo que no servía: malas decisiones, dos o tres números telefónicos, ausencias por todos lados, pedacitos de frío. Aún sigo en viraje, apenas empieza este lío. Sé que va tomando forma, al menos los peces ya están listos; Mina ya duerme en su cama. Las tortugas, cada una en su pecera y yo... yo sigo a la cama, pa' dormir a su ladito. Realmente me voy a leer, shh! No se lo digan, es parte de acomodar la casa, la cabeza y el corazón, con un único latido.

Seguro que no duermo pa' nada, seguro, tampoco importa, mientras duerma conmigo. Otro día le hablo de sus ojos, que ahí cabe el mundo, el mundo enterito, al menos el mío.

Buena noche o buen día. 

lunes, noviembre 05, 2012

Es lunes

Y tienes la exacta sensación de haberlo perdido todo. La semana inicia, pero tú crees que lo has perdido todo. Entre las sábanas quizás un pliegue te detuvo para seguir el camino y te cansaste de intentarlo. No importa. Lo has perdido. Se te cayeron entre las imágenes que alucinaste las ganas y ante tal extravío se te rompieron los deseos. Hay, sin embargo, un lugar para la esperanza. Aunque ahora no la busques. Es sencillo, entiendes que te has equivocado, por todos lados, por todas partes y no tienes más que aceptarlo. Tampoco quieres más. Algo pasó, no sabes qué, pero ocurrió. Es un momento en que no sabes qué pasó ni por qué. Quizá es humano, como tú, que eres humana y te faltan los deseos y los moldes y las palabras, a veces, cuando hace frío, pero también cuando tienes un presentimiento, único, personal. Lo has perdido todo. Tendrás que seguir la premisa: nada está perdido si tienes el valor de proclamar que todo está perdido y que hay que volver a empezar. Eso, tener el valor de saber que todo está perdido y volver a empezar. Lo ha dicho alguien, no has sido tú. También has perdido en la memoria tal referencia.

domingo, noviembre 04, 2012

Los sueños, sueños son.

Dice el poeta, como va el título de la entrada. Y pienso en los sueños. ¿Qué significa soñar? ¿Qué son los sueños? Me lo quedo como aprendizaje del día de hoy. Pienso en Oliverio, aquel personaje emblemático de la película "El lado oscuro del corazón".

Caminaba por las calles de Argentina y gustaba del paseo trivial con la muerte, quien solía decirle que no se lo llevaba porque todavía repetía palabras que lo hacían intocable, pero que un día las olvidaría. Mucho tiempo me pregunté qué palabras eran aquellas. Apenas hace días que lo vengo a comprender: son sueños. Todavía, Oliverio, tenía sueños.

Y qué caray, tras tanta vuelta y revés también pasa lo mismo conmigo, todavía tengo sueños y sueño. ¿Qué es esto que se mece en mis cabellos? Tiempo, pero no desolación. Defendí con las ganas de mi propia locura, esa extraña sensación que generalmente nos aleja de disfrutar nuestra vida.

Entiendo con humildad, el paso del tiempo y me sé finita y mortal. Aún creo. Quizá sí miro demasiado hacia atrás dejaré de hacerlo, pero al pasar sólo me parece vida que se ha vivido y más sueños, nada más.

Hoy pensé en esto, en esta madrugada, porque me encontré con personas que hace mucho no veía y noté que ya no sueñan. Simplemente se cansaron, ciertamente más jóvenes que yo, mucho más, y han decidido no soñar. No me quedaron ganas de estar más ahí, pensé tan sólo en regresar a casa, literalmente corrí a casa. Porque ahí, era el sitio exacto donde soñar ya no tiene sitio. Prefiero quedarme donde voy y seguir soñando. Acá tengo un estacionamiento de sueños, vehículos intactos para despegar: mis libros, el cine, mis cuaderno de escritura. Ya lo decía el gran Cortázar: los libros van siendo el único lugar donde se puede estar tranquilo en casa.

¡Y qué le vamos a hacer, sí, la vida es un sueño y los sueños, sueños son!