Me encanta Mina, a ella no le encanto tanto, sobre todo cuando tengo que trabajar todo el día o no podemos pasear, así que de vuelta se pone muy de mal humor y hace toda clase de ligerezas. Incluso así le aprendo mucho. Uno de estos días, estaba en verdad enojada, así que contra todo pronóstico viró su casa y se quedó fuera de ella; no fue un simple gesto de protesta, fue un error. La miré azorada al día siguiente que estaba en verdad lamentable de frío y de la mala noche que pasó. Seguía molesta, pero en realidad tenía el aspecto de estar molesta consigo misma. Mientras la observaba, me percaté de la verdad que hay en las palabras aquellas que dicen que cada perro se parece a su dueño, en este caso a mí. Porque eso he hecho en las últimas semanas, dejar mi casa de cabeza y mi cabeza sin casa.
Deje le cuento, me dedico a escribir y eso lleva a que lea interminablemente. Gozo de una salud intermitente, a veces tengo ganas y a veces no. Eso no me quita el sueño, el sueño me lo tengo que quitar yo de vez en cuando. Para estar acá, para poder escribir en silencio, mientras el mundo duerme. Quizá no el mundo, pero sí mi mundo. Esa es otra historia, una bonita historia que ha ido creciendo acompasada. [Deje le comento que es mi mejor historia, pero ahora estamos hablando de la casa de cabeza y la cabeza sin casa, así que no es necesario que me detenga a contarle de cómo el corazón se quedó pronunciando un sólo nombre y aprendió a quedarse en un sitio y exhaló el mismo suspiro, y de vez en cuando tiene que reconocer que el ático de la vergüenza y el cuarto de las ratas se enfrentan, pero hace de todo menos huir, porque sabe que todo está bien.]
Así que le decía que la casa viró y me quedé por fuera, supongo que fue el miedo, sí, el miedo a no creer o a creer que las cosas se pondrían feas si no aceptaba lo que fuera, como fuera, porque fuera. Entonces, dejé que la casa se me pusiera de cabeza y los ojos se me quedaran dentro, vi llegar la nostalgia con su cadena de tormentas y me quedé esperando, hasta que al fin cansada y aturdida como Mina, una mañana miré los sillones, la cama, los ojos vacíos, los peces, las tortugas, me puse en pie y comencé por tirar lo que no servía: malas decisiones, dos o tres números telefónicos, ausencias por todos lados, pedacitos de frío. Aún sigo en viraje, apenas empieza este lío. Sé que va tomando forma, al menos los peces ya están listos; Mina ya duerme en su cama. Las tortugas, cada una en su pecera y yo... yo sigo a la cama, pa' dormir a su ladito. Realmente me voy a leer, shh! No se lo digan, es parte de acomodar la casa, la cabeza y el corazón, con un único latido.Seguro que no duermo pa' nada, seguro, tampoco importa, mientras duerma conmigo. Otro día le hablo de sus ojos, que ahí cabe el mundo, el mundo enterito, al menos el mío.
Buena noche o buen día.
