lunes, noviembre 18, 2013

Antes de Marte [Anacoluto]



Con la respiración suspendida, con los ojos secos y la voz rota. Con la derrota definida y la voluntad de saber lo que haga falta, aunque no guste, aunque no se busque, así este lunes 18 y el mes de noviembre. 

Dicen que la fe es aquello en lo que crees sin certeza, dicen que la confianza es la propuesta de verdad que se comparte; ahora estoy pensando en un asesino y su fe; en el ladrón y la confianza. Imagino el momento en que llegan a casa y por un acto que no es posible predecir, el oficio se queda fuera, la sonrisa rebasa los ojos y abrazan, abrazan su afecto, los ojos de su hijo, la mirada de la persona amada. Quizá van a limpiarse después, tiran la ropa, se lavan las manos. Revisan el valor de lo adquirido. Después, como cualquiera tomarán la cena, dormirán, el día habrá terminado. 

 Las personas tenemos contrastes, eso nos hace humanas. Yo qué sé si ya lo ha dicho alguien o no, a mí me trae la mente ese afán porque pienso en mi padre, en mi madre, pero no en mis padres... sé perfecto que no van juntos ni en el recuerdo (¡se aparece uno primero, luego el siguiente!) Pienso en aquello que se dice: "Honrarás a tu padre y a tu madre y todo estará bien", y no sé si está bien, pero sé que los honro, que los he conocido y amado, que pude abrazar a mi padre en vida y estrecharlo a su muerte... ¡mi padre, tan multihomicida! Sí, de la infancia, tres infancias, un sueño roto, una vida estéril. Paso tiempo dando vueltas sobre qué escribir y regreso siempre a este tema: mi padre. Me duele, siempre me ha dolido. Es esa sensación del cristal roto en la ventana que deforma el porvenir. No puedo mirar hacia afuera, sólo siento, se anuncian mil ecos disparados hacia adentro, más fuertes, cada vez más fuertes. Mi padre.

Con la respiración suspendida miro noviembre, me sé melancólica. Humana, tal vez absurdamente humana; aprendí la fe hace tanto tiempo, aprendí la confianza en el camino de regreso, y sin razón de tenerlas la he desperdigado. Va siendo hora de recogerla del camino y sentarse con la esperanza, la que me obesquió mi madre, desde el primer día que nos volvimos cómplices, compañeras. 

[Antes de marte, luna, no quiero hacer la guerra, ni hacer del abandono la bandera de esta-yo-mi-patria]