
Cuando era niña pasaba el tiempo pensando en aquellas preguntas que no podía formular abiertamente... ¿Por qué besar?, era una de ellas. El tiempo transcurrió y comencé a observar a las personas cuando éstas intercambiaban miradas y el paso siguiente era el beso. Tal vez fue el inicio del vouyer, pero había una curiosidad genuina por conocer el porqué llegaban al beso, qué caricia era que el deleite se reflejaba en los ojos, en los gestos, en las manos.
Y así llegó a mi vida el primer beso... el segundo, el siguiente del siguiente, el sin número, el robado, el verdadero, el a destiempo, el concreto, el húmedo, el seductor, el que habla, el que encuentra, el que calienta, el que entibia, el que sumerge, el que come, el que muerde, el que truena, el que hunde, el que atrapa, el que grita, el que calla, el que ata, el que libera, el que sangra, el que calma... el tuyo, el mío, el nuestro, el de labios tercos, el cortito, el profundo, el que traga, el que avanza, el que no suelta, el que marca, el que cierra los ojos, el que abre los brazos, el que abre los ojos, el que cierra la puerta, el que apaga la luz, el que moja la piel, el que suelta las ganas, el beso que das... y que es sólo uno, porque es en proporción de la persona que besas, del beso que besas al besar. Y hoy lo sé: la caricia inicial, la que dice, la que habla, la que deja, la que se queda rozando las pestañas... la que no provoca silencios incómodos... es el acto en que dos bocas y el aliento se cobijan, coinciden, se humedecen, mientras la lengua danza a un sólo compás, dentro, de lado, pero con el aliento encadenado.
Tal vez es tiempo que me plantee que no importa cuántas veces he besado sino que besar bien (besarme bien) no es posible, es el beso que nos damos, es el beso que es tu beso, que es el mío, que es tan nuestro, es el beso lo que damos, lo genuino y no lo supuesto.
¿Cómo besas? ¿Cómo te besas?
1 comentario:
... WWWOW!!!
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