Así las piernas y la espalda: hoy no funcionan para mucho; me repetí cientos de veces, casi hasta el cansancio que era necesario estar erguida, al final comprendí que se trataba de un cigarro, nicotina y todo entraría en calma... fumé y repetí en voz alta: "Es cierto: estoy triste".
De esos días que los ojos no sirven más que para llorar, no veo, me siento con ceguera repentina, me parece mejor que el extravío constante; me parece mejor que estar sin estar, que correr por correr, que huir sin quedarme en ningún sitio, que dormir y pensar que de algún modo todo se acomodará, todo lo que hoy no cabe, al día siguiente. Todo me parece mejor, aunque hoy no pueda verlo, porque los ojos se me quedaron en otra parte.
Alguien me dijo que si supiera anticipadamente que "la luz se irá", diría simplemente "quédate cerca de mí", no dijo quién, dijo que lo repetiría, y yo sonreí. Creo que así somos, con nombre y sin nombre con apellidos o sin ellos, con parentesco o sin éste, con motivos o sin ellos, con pretextos o flotando, nos quedamos cerca una vez y otra, pero alguna no podremos y no siempre podremos predecir cuándo se irá la luz y nos quedaremos a oscuras, con los ojos muy abiertos y, en mi caso, muy a mi pesar, sin poder moverme, por defecto congénito. Sí, es verdad, enceguezco de vez en cuando, ya no me paralizo, aprendo a pedir ayuda.
Antes habría pensado en Drexler para terminar, hoy nomás siento que antes estaba todo bien, antes había muchos nombres y poca libertad, hoy no tengo un nombre definido en el bolsillo, pero tengo estas palabras que traicionan al silencio y se salen y se encuentran y chocan las manos, para que este dolor en la mano derecha sea menor, para que esta vastedad de palabras confiese que lloro, y ya no puedo ver lo que escribo, sólo siento, siento sólo... el corazón y la lluvia entre los dedos.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario