A los doce años frente a un semáforo, mis primeros jeans, mi primera duda: ¿a dónde voy? La segunda pregunta: ¿quién soy? Lo demás no es mentira, pasó. Fue parte de la escenografìa de ese tiempo y ese lugar que no era un sitio, hay personas como sitios, lo dijo el maestro Jaime Sabines, lo dije yo de recién y despareció la conversación y la palabra viva y la espantosa idea que se puede apalabrar la distancia. Ahora entiendo que este sitio soy yo, y entiendo que voy hacia algún punto que ... no recuerdo, pero improviso... que yo... yo soy yo.
¡Vaya qué mierda es la identidad! Como la obra que escribo ahora, huele feo, se ve feo, pero encontrarla se saborea "la Sopa de Gato"; como la luna regrandota, como la que escribiré el miércoles, porque es 8 y los días ocho hay que escribir, para no olvidar que se tiene que olvidar. Y el 28 para no olvidar que se me olvidó que no debía volver a olvidar... ya ves, tenías razón: el olvido está tan lleno de memoria; pero es viernes hoy y tengo dolor de cabeza, y escucho una tonada tranquila y suicida que me devuelve el salero y el reloj de la pared, pero no el de pulsera porque... ese no me lo quiero poner.
Buenas noches, buenos días... es julio y no hay vuelos para noviembre, todo está ocupado.
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