Las palabras no llegan y me voy olvidando que escribo aquí... me pregunto si bastará que escriba en todos lados, que mi oficio sea cada vez más éste. Las respuestas no llueven ni el tiempo es el necesario para dudar, para no comprender.
Me llamé Diablo y no frené la palabra, hace seis años o dos noches, en realidad no importa. Me grité farsante cuando no pude gritar te quiero, no te vayas, quédate cerca... y hubo quien me repitió que no era Diablo, que no fui farsante y me sentí instantánea, dolorosa como la música de Silvio, y doblé las alas porque no pude, no ser solo crisálida, porque no quise, porque mi voluntad es mía y no la rento y no la presto y la reafirmo y la sostengo. Y hoy, hoy ya sé que no soy ni seré más la reina de las fracasadas, que estoy entera, sorda a los reclamos, irresponsable a otras razones que no sean sólo mías, sin culpa por lo que finalmente se cerró, hoy me sé entera y me sostengo y me repito: primera llamada, segunda llamada, comenzamos...
Yo ya no soy Diablo
Yo ya no soy farsante
Yo ya no soy culpable
Yo SOY
A pesar del pesar... de quien sea.
Comenzamos.

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