Y es posible que apuestes a no sorprenderte, y dejas caer los párpados pesados como juicios, dice Benedetti, y te salvas, pero pero entonces ocurre... las once de la mañana... una clase más, una mañana como otra, pero esta vez en la puerta dejaron para ti y sólo para ti: el asombro... dejas que te llene los ojos y aceptas cuánto tiempo llevabas esperándolo, lo maravilloso es no haber olvidado la sensación, las ganas. Gracias.

No es por mucho una buena foto, no retrará lo que se siente cuando ha llegado tan en comunión, las palabras, tus palabras, pero es así, la oportunidad de hacer visible lo que acaricia despacito, adentro.
Hace mucho que no recordaba lo que significa mirarse al espejo.
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