Ayer regresé de descansar un par de días con mi familia. La verdad es que verlos es siempre revitalizante, "...debe ser la sangre", repite mi tía Clau con frecuencia, pero en realidad no sé qué será, sólo entiendo que me gusta estar con ellos. Son un "familión" impresionante que una puede equivocarse con los nombres, hacerse bolas con el "tía...", o con quién demonios está diciéndole a una del mismo modo, pero tienen lo que se dice una personalidad definida... exorcizante. No sé, pero verlos fue maravilloso. Lo que más me gusta de estar con ellos definitivamente son mi tía y mi prima Claudia, ambas llevan el mismo nombre. Son padrísimas. Sus ocurrencias y su forma tan opuesta entre sí, me gusta mucho, mucho, porque me recuerdan algunas cosas que cuando pasa una tiempo viviendo sola parece olvidar: el cariño, la vida cotidiana, el silencio, el televisor prendido... porque alguien olvidó apagarlo... esas cosas que dicen dan sentido a la vida. A mí no me parece que la familia sea todo en la vida, de hecho no sólo lo pongo en duda si no que afirmo que no puede ser de ese modo. Mi tía Clau me ha preguntado a ese respecto justamente ¿cuál es el sentido de MI vida? Confieso que me dejó con una interrogante impresionante, pero luego me cuestioné para qué darle una respuesta, porque así es... en fechas últimas recuerdo mucho a alguien que conocí que me repetía con frecuencia que si algo es complicado había que dejarlo, ya teníamos suficiente con nuestros pensamientos para además complicarnos con otras cosas, como para el caso alguna persona.
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Desde el cielo... mi cielo
Foto:_ Jazz Cacheux |
En fin, mi tía Clau tiene una sonrisa hermosa y una forma tan mágica de hablar y conquistar su entorno que en verdad causa enojo saber que me la he perdido todo este tiempo. Se parecen "las Claudias" en lo amorosas, cuidadosas, cariñosas... aunque en la forma de ver la vida parecieran los roles invertidos, mi prima Clau tiene como se dice "los pies sobre la tierra", es difícil de "marear", ve a las personas tal cual son y a veces sorprende que siendo más pequeña que las demás tenga claro cada uno de sus objetivos... ah! Pues sí, parece que esta entrada es un homenaje a ellas dos y no es que pase por alto a las demás es que pues no tengo mucho qué decir, complicadas, aparentes... no sé, lo mismo que el resto de la humanidad. En cambio mi tía Clau... mi prima... qué extraño lo que escribo, pero en este momento en particular, así lo siento. De los pormenores no destacables es la pérdida de mi celular, una vez más. Llevo dos móviles extraviados en lo que va del mes, no sé cuántos pares de aretes, dos plumas que me encantaban y dos libros que justo terminaba de leer... mi récord asciende. En fin, causé la risa de Valeria, mi prima la más pequeña, en verdad que fue simpático, porque ella me miraba partir desde la terminal y añadía: ya ni modo, te compras uno nuevo. Y yo sé que tiene razón, aunque suene a comercial hay muchas cosas que se pueden comprar, pero... estar con ellas... definitivamente no.
Tal como la fotografía que acompaña esta entrada, un ramaje de un árbol, en otro color, con otro calor... desde el cielo, mi cielo. Eso somos mi tía Clau, mi prima Clau, mi prima Valeria, mi sobrino Leonardo... yo, la rama enorme de un árbol que vamos construyendo con el tiempo, con la sangre, con una luz que se filtra entre nosotros que no es nada ni nadie más que nosotras mismas... así es la sangre tía, la sangre que no llamó, si no la voluntad de estar cerca.