martes, noviembre 23, 2010

¡Los libros!


Mi cómplice de batallas todas... cuyo nombre no voy a pronunciar porque no me da la gana... ha sostenido un debate no presencial con uno de los dioses del olimpo de mi "cole" con respecto a los libros, al final ganó... porque pues tiene razón... "Prometeo" sostenía que los libros no son la panacea para crecer, para ser mejores seres humanos... mi cómplice, por su parte, que si bien no son la panacea contribuyen a... 

De este modo dicho, yo comulgo con ambas ideas, pero es que en realidad cuando Prometeo atisbaba con la afirmación que es el contacto humano, la experiencia cotidiana lo que en realidad siembra en nosotros, quedé boquiabierta porque creo en ello. Cuando lo comenté con mi cómplice, me dejó terminar la frase, pero atisbó con su consabido "No estoy de acuerdo", medité un poco, no mucho la verdad porque no era cosa de quedarse como palo... y coincidí en que ... también tenía razón, porque si no lo hacía... ahora no estaría escribiendo... pues justo el día de hoy mientras estaba en fila esperando a que me entregaran unas impresiones, copias y demás variaciones multicolores... revisaba los anaqueles de una biblioteca y me maravillaba de cuántos libros había en ese lugar que YO DESEO, no había encontrado y por eso estaban en ese lugar y no en los variados libreros de mi casa. Recordaba, maravillada, las veces que había intentado adquirir "Un tranvía llamado deseo... " de Tenneesse Williams, las más que he querido las obras completas de Bernard Shaw y otros tantos... tenía los "ojos plato", no hay más... como platos... y es que los libros son un viaje permanente...

Foto:_ Jasmín Cacheux
"Unos cuantos y desde el escritorio"
Hace unos días, mi cómplice y yo justo fuimos a la librería de costumbre a discutir maravillas con el librero sobre una obrita pequeña de Gaston Bachelard que leí hace diez años y me encantó, "La llama de una vela" -por cierto agotada y sin posibilidad de reimpresión- ni de cerca estaba de saber en ese entonces que el maestro había escrito una tetralogía tomando como punto de partida los cuatro elementos -¡menuda cosa!-, agua, aire, fuego, tierra... dos para el fuego, porque supongo que hay un embole dialéctico allí, pero nomás supongo... el caso es que ir fue padrísimo porque aunque únicamente nos llevamos el libro que previamente había encargado y otro que se me coló en la canasta maravillosamente, preguntar, escuchar sobre editoriales y demás es extraordinario, sobre todo cuando se trata de un librero que conoce su oficio. Sin tirar mala onda para las grandes empresas, un librero es un librero aunque no tenga una publicidad súper creativa en espectaculares y separadores amarillos; escuchar sobre todos los detalles de qué pasó con un libro, hasta históricamente hablando, es un agasajo. El hombre habla de cualquier área, porque los libros son su elemento, con el único distingo y rasgo de ser su oficio. 

Ahí pierde cualquier sentido el comentario de Prometeo, porque los libros son vida en sí mismos... y aquí le voy a dejar porque si continúo me arrancaré con una oda a los libros cuando a mí me esperan más de cuatro por leer, como consecuencia de mi relación con Prometeo y demás, pero sobre todo porque sé que los libros, en cuanto a mí concierne: han transformado, trastornado, deformado y formado mi vida. Tú ganas, cómplice, los libros son una experiencia de vida, aunque yazcan, quizá para que nosotros sigamos haciendo en vida la experiencia. 

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