Se abre la puerta...
Las ventanas... cada palabra... el viento en los ojos...
Se abre el silencio...
La transmigración del tiempo...
fugitivo
reservado
incierto
Se abre... lo posible... regresa...
Está
Presente
Viento del norte.
Norte
Sur
...
miércoles, abril 27, 2011
sábado, abril 09, 2011
Estos versos
Estaba ordenando papeles y desventurados objetos en el apartamento, cuando tropecé con una hoja doblada y con letras garabateadas, decidí compartirlas:_
"Esta piel capaz de tropezar dos veces con la misma piedra.
Esta laguna en la cara, como nube en la luna.
Esta certeza por el fracaso, por la pregunta sin respuesta.
Este minuto como animal callejero en mi muñeca.
Este pañuelo sin abrigo, este pequeño frente a mis ojos.
Esta sombra desdibujada, y este corazón latiendo."
Así como lo encontré, me recordé hace mucho y ahora... que también hablan de mí.
"Esta piel capaz de tropezar dos veces con la misma piedra.
Esta laguna en la cara, como nube en la luna.
Esta certeza por el fracaso, por la pregunta sin respuesta.
Este minuto como animal callejero en mi muñeca.
Este pañuelo sin abrigo, este pequeño frente a mis ojos.
Esta sombra desdibujada, y este corazón latiendo."
Así como lo encontré, me recordé hace mucho y ahora... que también hablan de mí.
viernes, abril 08, 2011
Sólo hay que cantar...
Dice mi hermana que le dijo Marijo quien a su vez lo leyó que yo estoy como sufriendo de mal de amores, vaya perogrullo que esta vez dijeron las dos. En fin, que no, que no sufro de "Mal de amores", menos de "Mujeres de Ojos Grandes" y la verdad de nada que involucre a la escritora Ángeles Mastreta, a quien respeto enormemente, pero digamos que en su literatura no me encuentro, así que en realidad lo que a mí me pasa es que no huyo de lo que siento, por más doloroso que sea lo enfrento.
Supongo que tiene que ver con que no sólo no me queda de otra, pues vivo conmigo, si no que soy mi amiga más íntima, mi compañera fiel y me simpatizo, soy cordial conmigo y en fechas últimas me retomo y me escucho más cercanamente que en otras ocasiones. Por eso, justo por eso, me encontré un disco que hace tiempo adquirí y que no me había dado el tiempo de escuchar, disfrutar y encontrar alguna verdad maravillosa que me refrescara- -como suelo hacerlo, no sólo con los cantautores, si no con los escritores- así que escuché al uruguayo Jorge Drexler y su "Cara B", maravilloso el disco y esta canción que viene a cuento.
Pues no, no tengo "Mal de amores", querida hermana ni sobrina, lo que tengo es que de vez en cuando el corazón se queda adolorido, roto, sangrado, herido, pero sólo hay que cantar, porque este corazón, está lastimado sí, pero "... va a sanar", a cantar.
Mua!
miércoles, abril 06, 2011
El tropezón
Así le llamaron mis amigos a esta cosa del insomnio y la falta de apetito. Le llaman así a lo que no podemos explicar de un modo concreto. Creo que se llama "soltar"... dejar ir, comprender que parte, una buena parte, de mí se fue entre tanta cosa, como entre los papeles que tiré la semana pasada o los libros que regalé o la ropa que deseché o la basura que fui a dejar con el resto de las cosas que ya no eran útiles. Así se fue esa parte de mí, porque ya no era útil para..., se fue y ahora me tropiezo a cada rato, porque me faltan ojos para ver lo que camino, manos, voz, interés, ganas, emoción... me falta.
Le llaman "el tropezón", porque me zarandearon con un montón de verdades y se cayó, se me cayó, mientras cerraba la puerta y nomás tengo un dolor en el pecho, no escucho nada si me quedo quieta sobre la cama, pero sigo caminando, lo hago rápido y ya no escucho ningún latido, se cayó en el tropezón y no puedo dormir, porque sé que tenía mis recuerdos, mis ganas. Esta vez no se rompió, no está en pedazos, se cayó y no puedo dormir y no tengo hambre y no tengo ganas. Todo me lo invento, me digo que estará en su lugar, pero no llega. Lo que ha llegado en su lugar son los días de 48 horas, las tardes invernales, porque en plena primavera tengo frío. El café helado y sin azúcar, la mesa que da susto de colillas de cigarro, la ropa ordenada y la casa intacta. Lo que ha llegado es la colección de horas sin saber, sin entender, aunque no haya nada por hacer.
Quizá "El tropezón" fue más fuerte y se me cayó también la voluntad, quizá... pero hay algo que no sé qué es, cómo nombrarlo que me asegura que un día, en menos que me lo parezca todo estará bien. Despertaré y escucharé su compás de nuevo, aunque no sea útil, aunque no importe, aunque ya no se pueda más. Ahí estará. Y yo escucharé como antes mi nombre en su tamborileo. Así sea.
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