Me gusta permanecer en la azotea de mi casa. Estoy segura que no podré jamás tomar una buena foto desde ese lugar, pero el sitio me fascina. Hace dos o tres días me prometí escribir desde ese sitio una obra pequeña y sin ambiciones. Igual que desde allí me dije que debía volver a tomar fotos, a pintar, a escuchar música, a leer y creo que lo he conseguido o estoy en el camino.
Me gusta la azotea, entre otras cosas porque me digo todos los insultos de los que soy capaz, porque no me arrojé de allí hace años y no lo hago aún, y apenas entiendo que no era mi tiempo para hacerlo. Ahora me gusta estar allí sabiendo que no me arrojaré y hasta planeo una reunión en ese sitio.
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