miércoles, diciembre 10, 2008

La estupidez como penitencia

Ando de malas y de mala.

Le dije hace unas horas a mis compañeros que la estupidez no tiene permiso de llegar, pero llegó, porque es estúpida y se instala alrededor. No entiendo muchas cosas y hay otras tantas que me faltan por descifrar. Me ahogo y no me desahogo... cómo pasan semejantes cosas al mismo tiempo: viviendo. Intento hacer un recorrido rápido de los últimos eventos en mi vida y no consigo más que patrañas y falta de interés de mi parte.

No me gusta el despertador, odio perder mi celular y la presión aumenta en todos lados y hace que me paralice. Hace algún tiempo que dejé de pensar que había una mejor manera de salir de todo esto y no lo intenté más. Hace como un cuarto de libra de queso que se lo arrebaté a la luna y no tengo ganas de escribir nada más. Será luna llena y yo sigo con dolor de cabeza. No tengo ganas que me den ganas de nada y mi gente me sigue diciendo que todo estará bien, porque no puede ser de otro modo y me dan ganas de decirles que esa frase la inventé yo y que "me lleva el carajo" que es uno de mis mejores recuerdos. No me gusta mucho las palabras que no veo y no me gusta mucho la gente que veo, pero hago un esfuerzo, pequeño, redondo y vuelvo a empezar, me desespero, me harto y vuelvo la vista hacia atrás, me pregunto qué quería exacto por estas fechas y no encuentro la respuesta de casi nada, me desespero ato cabos y me repito que esta vez, sólo por esta noche: todo estará bien, porque no puede ser de otro modo. Sé que miento. Es una de esas frases que me encanta repetir cuando quiero ser una buena samaritana conmigo misma y anhelo en lo profundo no equivocarme, ansiar en verdad y en buena lid que la guerra se acabe y tenga ganas de volverme a inventar.

Esta noche no, pero llevo ya dos meses y no encuentro las ganas, ya no encuentro la forma de inventarme un motivo ni el deseo de apredenderlo mañana, pero sé que mañana lo volveré a intentar es la necedad, pero no la de Silvio Rodríguez, si no la mía, "cabeza dura" dice mi amiga continental.

Creo que traigo de penitencia sentirme estúpida una vez y otra más, así es el pronóstico relativo y presuntuoso de esta noche en que no termino lo que no empiezo y empizo a escribir algo que no quiero terminar.

... ojalá mañana no haya luciérnagas en la cabeza, menos ruido en el corazón y un poco más de certeza dentro, porque hoy cargo que mi apellido estallaba entre los dedos hasta hundirse.

Cambio y fuera

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