sábado, octubre 16, 2010

Las puertas

Hace un par de días de salida al trabajo, después de pasar por la rutina de tomar mis cosas y demás cuestiones me percaté que no tenía idea de dónde estaban las llaves de la puerta. Pequeño gran inconveniente, pues la puerta se encontraba cerrada con llave. Tras perder valiosos minutos recorriendo el lugar sin saber qué había pasado, me di por vencida y llamé para avisar que... irónicamente no podía salir de mi casa. Al llegar al trabajo, quise entrar a mi clase, pero la puerta de entrada estaba trabada, los chicos, tratando de evitar el frío de la mañana habían cerrado la puerta y ahora no podía abrirse... me pareció toda la situación de una comicidad involuntaria. Así que esperé pacientemente a que la abrieran y después de entrar pensé que tal vez todo era un indicativo que ese día, sólo ese día, debía quedarme en casa. 

Con el transcurrir del día tristemente la hipótesis se comprobó, efectivamente lo que era un incidente matutino se torno en una metáfora articulada de diferentes formas. Si los seres humanos somos una puerta para otros seres humanos, ese día en particular yo no hallaba la llave para acceder a comunicarme con cada uno, pero finalmente terminó el día y al llegar la noche, deseé con todas mis fuerzas encontrar las llaves apropiadas para que no se extendiera lo ocurrido al resto de mi mundo. Por fortuna, la cuestión de las puertas, no tiene nada que ver con el contacto directo y todo volvió a estar en su sitio. 


A veces, la vida sugiere en qué debemos poner hincapié somos nosotras quienes debemos entender cuál es la metáfora. Aprendí esa mañana paciencia, conformidad y sobre todo a escuchar si la puerta que no se abría era por distracción mía, descuido al no saber dónde dejé las llaves o si por el contrario, de lo que realmente se trataba era de escuchar que no siempre las puertas se abren o se cierran, llevan seguro o la perilla se atora, puede ser más sencillo: no hay que abrirlas, hay que mirarlas. Leí hace tiempo del maestro Saramago: "...cuando una puerta se cierra, con el aire abre la otra", creo que es verdad, de qué otro modo al llegar la noche y contar la anécdota del día, escuché una risa enorme, detrás el comentario tan consabido: "... ya ves... debiste seguir durmiendo." 

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