Y sigo sin poder dormir...
Casi las doce y mi colección de manías
como metrallas estacionadas,
pero listas para disparar.
como metrallas estacionadas,
pero listas para disparar.
Casi las doce y los párpados negados a cerrarse,
y todo es como la misma pregunta
la que no consigo formular, descubrir.
Casi las doce del dulce jueves,
del mismo otro jueves cobarde
y el cansancio acumulado
y todas las frases dichas y no.
Casi las doce para que comience el viernes
y se burle de mí, una vez más, otra vez sí.
Casi las doce y comienzo a encontrarle sentido
a las agujetas de mis tenis viejos,
a los cinturones que perdí en el camino,
a los pasos que se desandan muchas veces
para encontrarme, para perderme, para reconocerme.
Casi las doce y no termino estas palabras
y se me caen por los lados y se hacen polvo
y las recojo y las escribo y me burlo de mí
porque no estoy dormida, y pienso en un café
una vez más en un café y una vez menos en filosofía.
De donde voy, a donde vengo son casi las doce
y el mundo sigue igual que ayer,
pero mi taza de café no, me espera paciente
me aguarda, me mira, me llama,
me aguarda, me mira, me llama,
me nombra como me ha nombrado siempre,
me dice lo que a veces olvido:
casi las doce y no duermo, porque no quiero,
porque no encuentro la forma exacta,
el nombre preciso de quien me sueña.
Casi las doce...
despierta si me sueñas
despierta si me sueñas
Casi las doce...
soy sólo una pesadilla
Casi las doce...
soy sólo una pesadilla
Casi las doce...
y estas palabras han sido escritas
una vez más, otra más... casi las doce.
Casi las doce...
Casi las doce
Casi las doce
...
Casi las doce...
Casi las doce
Casi las doce
...
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