viernes, octubre 07, 2011

A todo se acostumbra una...



El reloj de pared se ha detenido. Y lo sé, pero me acostumbré a ver la hora cada tanto, cada reparo. Así que aunque lo sé, volteo buscándola. Supongo que esas cosas pasan. Me acostumbré a viajar al sureste de México, cada 3 ó 6 meses, a pasar los días de fin de año allá, a mirar tal vez el mismo cielo, los mismos lugares, las mismas costumbres, pero no pude jamás acostumbrarme a mirar el mismo rostro, los mismos rostros, las mismas sonrisas. Ahora no voy más y aún sigo pensando qué podré comprar este fin de año, qué regalos, para quiénes... aunque no iré. Es la costumbre. Pienso en algún fin de semana largo, como le decimos en México a aquellos en que la semana termina en jueves o comienza en martes, para estar en el sureste de México y simplemente sé que me acostumbré a hacerlo, pero eso no ocurrirá más. No por ahora. Quizá en un par de años. 

Hace algunos años digamos 5 ó 6, solía odiar las costumbres, o eso decía. Me gustaba cambiar hasta la ruta en la que llegaba a casa, después algo pasó -muchas cosas pasaron- y fui descubriendo la maravilla o comodidad de las costumbres, de la rutina por principio... así es. He dado en el clavo, estoy hablando de la rutina y hasta de la monotonía. Conservar el mismo tono hasta de la casa a través del tic-tac del reloj, creo que eso me estaba gustando, le encontré sabor, quizá porque hace 5 ó 6 años sentí que me rompían el corazón y tener de algún modo "el control" sobre el exterior me hacía pensar mejor las cosas, conservar el orden. Diría alguien "No entrar en pánico". Eso me ha pasado estos años, sentir de algún modo cierta "familiaridad" por la rutina, cierto sabor de hogar me venía bien. 

Y el reloj se paró y todo esto vino a cuento, cuando en realidad se trata de comprarle pilas y continuar viéndolo por la mañana y a cada momento que estoy en casa. Ese reloj... venía con la casa, me lo dieron hace un año y apenas lo coloqué hace un par de meses, había un hueco en la pared con clavo y todo y pensé que debía poner algo, ni siquiera era algo que planeé... lo que me recuerda que eso me ha pasado los últimos 4 años, situaciones en las que no planifico encontrarme y de pronto estoy ahí. Eso debe ser inercia o automatismo, nada que ver con momentos como este en los que escribo en automático y digo lo que me viene en mente, es otro automatismo, el típico que hace que no me dé cuenta en qué momento estoy sumergida en "algo" que no planeé, pero le doy la cara como si en verdad quisiera estar. Debe ser como el dicho de "a lo hecho, pecho", es decir que a lo que se vive, darle la cara. Creo que con el tiempo una aprende que no es así, no hay que dar la cara a todo, ni tampoco esperar que si una le da de comer a los puercos, el resultado sean flores. 

(Le estoy tomando a mi cerveza nocturna)

... 
Pues así fue, en los últimos cuatro años he tomado como rutina hacer de los eventos que me ocurren casuales o causales parte de mi vida, como puedo notarlo el resultado es 4-1, porque finalmente tengo saldo a favor, pero una perdida de tiempo en algunas cosas que no debieron ser ni rutina ni nada. El reloj no viene a cuento, pero mis salidas de viaje... mmm quizá no debieron ser tan... duraderas, no lo sé. Y bueno, las cosas a las que les hice "frente" tampoco, porque nadie me lo pidió, pero sobre todo, porque mi rutina, la buena rutina es viajar ligero, y el reloj... el reloj... me gustaba porque no puedo utilizar de muñeca, algo pasa con mi pulso que los paro ¿se lee ridículo? Se vive peor. En fin, por algo los relojes y mi organismo no se llevan bien. Tal vez eso debo recordar: las costumbres son gratas, la rutina es ingrata, te deja la desdicha de saber por alguna razón que no estás construida para ese tic.tac, si no pa' viajar ligero sin tiempo y sin tregua... eso me recuerda otra cosa, pero ahora no, hasta aquí con la rutina. De la tregua hablaré después, como aquella que la vida me dio hace once años, casi once años... -rápido que pasó el tiempo. Esa tregua... esa tregua, bendita. 

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