miércoles, noviembre 30, 2011

Dulce noviembre

Se va noviembre. Como si fuera una persona, así lo siento. Se retira de la escena y me deja con su dulzura todo el calor de su buen comportamiento en mi vida. Realmente hacía ya mucho tiempo que no recordaba un mes con tanto cariño como el que ahora le tengo a este mes, de este año, en esta vida, para esta mujer que soy. Me quedan unas horas con este mes en el bolsillo que me ha dado tanto. 

Noviembre, dulce noviembre. 


Gracias por el amanecer, los amaneceres. La música y la vida. Gracias. 

lunes, noviembre 21, 2011

Una historia como un vitral

Escribo hace un rato aforismos, lo hago como un ejercicio personal, pero también lo hago porque me permite dar tiempo y espacio a la vida que transcurre frenéticamente y a veces no puedo dar constancia de lo que pienso, de lo que siento, ya he dicho en este lugar que soy medio "cavernícolita", por lo tanto no siempre puedo ser consciente de lo que me pasa. 

Así que decidí hacer los aforismos, a uno de ellos lo titulé "Mi vida conmigo"; el otro, "De la lluvia. Me ha gustado hacerlos. Así descubrí el momento exacto en que una historia, que ya ha concluido, se me fue convirtiendo en un vitral, debido a que si las emociones y el corazón son como el cristal, la historia que menciono, a tanto romperse, me había empeñado en seguir creando con los vidrios rotos, pintando, redecorando, pero no me decidía a darme cuenta que estaba rota, deshecha, sin posibilidad alguna. Tal cual, un día escribiendo en "Mi vida conmigo" me di cuenta de la historia vitral, ya no se podía siquiera admirar, cada pedacito se coloreaba de dolor, manchado de rabia, de furia, de llanto, mucho llanto; revanchas, resentimientos, mentiras, enojos, celos, todo eso que no construye, pero que alimenta el poder y el dominio sobre las personas, que controla, somete y "El cazador es cazado" por aquello que desea obtener; es decir, se queda tras la presa  y no puede hacer nada más que eso, esperar a la presa, sin darse cuenta que es él mismo y por eso se queda, por el poder que le da controlar, dominar, poseer, pero no por amor. Un día me di cuenta que estaba en esa historia de  "El cazador cazado", y se quedaban conmigo por la revancha, el poder, el control, pero no por amor. Durante varios días lo medité, pensé qué había pasado, entendí, acepté mi responsabilidad y me perdoné por todo el daño que causé, todo lo que lastimé; comprendí, lo que ocurrió del otro lado, y dejé de juzgar y justificar, simplemente supe que así habían sucedido las cosas y más tarde escribí: "Mi vida conmigo// Al fin libre me atreví a respirar, y desde el corazón dejé de decir: ni me sueltas ni te suelto, ni te quedas ni me voy."

Ahora ya ha pasado el tiempo, entiendo que fue una historia que jamás comenzó bien, no tendría por qué haber continuado, pero la naturaleza humana es extraña y concede las oportunidades que sean necesarias, antes de aceptar lo que en los primeros cambios de impresión es notorio, no había nada qué hacer. Nada en común y demasiadas historias empalmadas. Ahora sé que ya "solté" y sé que me han "soltado". No se trataba de amor, se trataba de esos vicios extraños de la humanidad: poder, control. Lamento un poco no haberme detenido a tiempo, porque al fin y al cabo esa historia es como tantas, no hay nada en especial que sea mía, fue una historia más que vivir, quizá lo diferente fue la forma en que algún día decidí hacer con ella un vitral, lo extraordinario, lo maravilloso fue el momento en que tomé el mismo vitral y lo tiré a la basura, porque aún cuando había una creación allí, la imagen me recordaría siempre todas las veces que me llamaron mentirosa, farsante, las mismas que fríamente calcularon qué hacer, cómo, pero no para qué. La misma en que me perdí, mientras me llenaba de celos e idealizaciones absurdas. 

Como siempre, como me enseñaron hace cuatro años, sé que un paso a la vez, un día a la vez y ... funcionó. Ya puedo hablar de esto, aunque por salud -y no es metáfora- me sigan diciendo que con cuidado porque no me hace bien, ¡qué va a ser! Después de todo, por fin acepté ir al médico, para que me recomiende qué es mejor para... porque finalmente no podría ser de otro modo, tarde o temprano enfermaría del órgano más maltratado en mi organismo, pero no por eso menos feliz. 

Cada día es un día diferente, todos los días son lunes, todos los días son sábado, todos los días es el mismo día en que tengo ganas de empezar una vez y otra más, que sumen mil, pero entiendo que no desde los cristales rotos, sólo el tiempo que es tan sabio sabrá el momento de comenzar, mientras escribo al amanecer, porque fue el exacto momento en que el corazón comenzó a latir fuerte, tan fuerte que entendí que el vitral estaba en la basura. 

lunes, noviembre 14, 2011

Aún así

He escuchado de todo en estos días, en cualquier sitio el clima socioeconómico y político  no es de lo más alentador, las noticias espantan, la realidad no miente. Aún así, yo pienso en la luna. 

He leído sinsabores, situaciones absurdas, males de todos, pero es que creo que este ha sido un año complicado para todos quienes habitamos la poesía llamada vida. Aún así, yo sigo bebiendo café, cada vez menos, cada vez más leche. 

He conversado sobre esta "realidad" conglomerada que nos busca y nos rompe la ilusión -es su trabajo- y aún así disfruto de un cigarro en momentos de descanso. 

He encontrado palabras desalentadoras, comienzos inútiles, ansiedad y nervios en los pasos que he andado, aún así viajo, paseo, respiro otras formas y otros olores. 

He visto tanto, y asumo que me hace falta tanto por ver, que los ojos no se me cansan y sigo sintiendo el amanecer con la maravilla de volver a empezar cada día; un día sigue al otro, alguien me enseñó eso justamente, un poco cada día, hace diez u once años, piano, piano. Aún así... sigo creyendo y sintiendo, porque creer y sentir es maravilloso, la fe no se muere ni la esperanza y lo agradezco. 

Así que todo esto es para decir que "todavía", que "aún", que "sin embargo", que frente a toda la desazón, el dolor, la muerte, la enfermedad, sigo creyendo que las luces que se filtran cada mañana por mi ventana son la forma que mis antepasados han elegido para manifestarse, y ello me da paz.  No sé si seré la persona que creo ser, pero sé que he elegido lo correcto. He elegido escuchar, leer, conversar, encontrar, ver... cuanto existe y quiero hacerlo. Me siento en paz, "aún", como unos versitos que escribí hace tiempo, tal como lo dije a la misma persona que me dijera piano, piano. Así es: "aún", aquí sigo, aquí estoy. Y eso "aún" a mí, me asombra, como esa sensación tibia que conozco de saber que he estado aquí por tantos años y me veo... "aún".

lunes, noviembre 07, 2011

Une

La muerte une. 

El dolor une. 

Increíble la constatación de este hecho, pero es verdad. Sabernos mortales une sin remedio. Entender que nuestra vida puede terminar... que somos finitos, une sin remedio. Entenderlo duele, porque el dolor es así, un vecino incomprensible que llega a nuestra vida y se acomoda para desayunar, comer, cenar, se viste y se calza de nosotros y nuestra vida. 

La idea no es pensar que sólo eso nos une a otros, no, el hecho que pienso es que el dolor une. Nos une a nuestros prójimos, a nuestros semejantes. 

Aún así encontré por estos días algo más: paz. La extraña sensación del silencio en el interior que no es vacío ni llanto ni angustia, calma, como el alma tibia y cada cosa en su lugar. 

En días pasados, no tantos, quizá tres o cuatro, la angustia fue innecesaria; semanas atrás acepté que el dolor recibido era inútil, perdidas irreparables, enfermedad, muerte... duelo. Y frente a todo dar la cara, escuché una frase: "No sé si seré un buen amigo, pero sé que tengo los mejores amigos." Eso me ocurre, los mejores. Los más ciertos y creíbles, en cada paso, en cada nueva situación. Y aprendí a tener paz, a conservar dentro el silencio y a respirar pausado, a escuchar el latido del corazón, la primera palabra, la sangre corriendo, el tamborileo, booom, booom...

Y la angustia cesó. Ahora sé que hay situaciones que deben aceptarse, porque nada puede hacerse, como la muerte, pero hay otras que deben acompañarse como la enfermedad. Ahora entiendo qué puede estar sobrevalorado y... lo comprendo. Me gusta esta paz. Me agrada entender que hay cosas por las que ya nada puedo hacer, pero acompaño, entiendo, cuido, estoy y me han dicho que eso es hacer. Lo demás es estar en paz, en calma, con el alma tibia y el corazón latiendo. 

Porque el dolor une, pero no ata. Crea un lazo incomprensible, pero sincero, el dolor impredecible, el dolor que viene, llega y nos hace crecer, no el dolor que se provoca y cansa y gasta y agota. 

En fin que la canción dice que "también de dolor se canta", pero yo ya no me sé más canciones por ahora. Así que me quedo con mi paz, porque bien lo sé: puedo caminar una milla más... puedo cambiar de domicilio, de ciudad, estado, país, pero no podré dejar de ser quien soy y sentirme en paz. 

martes, noviembre 01, 2011

Leyendo el omnibús de poesía mexicana



Letanías de María Sabina

Para oficiar en la experiencia de los hongos

Soy una mujer que llora.
Soy una mujer que habla.
Soy una mujer que da la vida.
Soy una mujer que golpea.
Soy una mujer espíritu.
Soy una mujer que grita.

Soy Jesucristo.
Soy San Pedro.
Soy un santo.
Soy una santa.

Soy una mujer del aire.
Soy una mujer de luz.
Soy una mujer pura.
Soy una mujer muñeca.
Soy una mujer reloj.
Soy una mujer pájaro.
Soy la mujer Jesús.

Soy el corazón de Cristo.
Soy el corazón de la Virgen.
Soy el corazón de Nuestro Padre.
Soy el corazón del Padre.

Soy la mujer que espera.
Soy la mujer que se esfuerza.
Soy la mujer de la victoria.
Soy la mujer del pensamiento.
Soy la mujer creadora.
Soy la mujer doctora.
Soy la mujer luna.
Soy la mujer intérprete.
Soy la mujer estrella.
Soy la mujer cielo.

Soy conocida en el cielo.
Dios me conoce.

Todavía hoy santos.

Oye, luna.
Oye, mujer-cruz-del-sur.
Oye, estrella de la mañana.

Ven.
Cómo podremos descansar.
Estamos fatigados.
Aún no llega el día.

Mazateco (siglo xx)