La muerte une.
El dolor une.
Increíble la constatación de este hecho, pero es verdad. Sabernos mortales une sin remedio. Entender que nuestra vida puede terminar... que somos finitos, une sin remedio. Entenderlo duele, porque el dolor es así, un vecino incomprensible que llega a nuestra vida y se acomoda para desayunar, comer, cenar, se viste y se calza de nosotros y nuestra vida.
La idea no es pensar que sólo eso nos une a otros, no, el hecho que pienso es que el dolor une. Nos une a nuestros prójimos, a nuestros semejantes.
Aún así encontré por estos días algo más: paz. La extraña sensación del silencio en el interior que no es vacío ni llanto ni angustia, calma, como el alma tibia y cada cosa en su lugar.
En días pasados, no tantos, quizá tres o cuatro, la angustia fue innecesaria; semanas atrás acepté que el dolor recibido era inútil, perdidas irreparables, enfermedad, muerte... duelo. Y frente a todo dar la cara, escuché una frase: "No sé si seré un buen amigo, pero sé que tengo los mejores amigos." Eso me ocurre, los mejores. Los más ciertos y creíbles, en cada paso, en cada nueva situación. Y aprendí a tener paz, a conservar dentro el silencio y a respirar pausado, a escuchar el latido del corazón, la primera palabra, la sangre corriendo, el tamborileo, booom, booom...
Y la angustia cesó. Ahora sé que hay situaciones que deben aceptarse, porque nada puede hacerse, como la muerte, pero hay otras que deben acompañarse como la enfermedad. Ahora entiendo qué puede estar sobrevalorado y... lo comprendo. Me gusta esta paz. Me agrada entender que hay cosas por las que ya nada puedo hacer, pero acompaño, entiendo, cuido, estoy y me han dicho que eso es hacer. Lo demás es estar en paz, en calma, con el alma tibia y el corazón latiendo.
Porque el dolor une, pero no ata. Crea un lazo incomprensible, pero sincero, el dolor impredecible, el dolor que viene, llega y nos hace crecer, no el dolor que se provoca y cansa y gasta y agota.
En fin que la canción dice que "también de dolor se canta", pero yo ya no me sé más canciones por ahora. Así que me quedo con mi paz, porque bien lo sé: puedo caminar una milla más... puedo cambiar de domicilio, de ciudad, estado, país, pero no podré dejar de ser quien soy y sentirme en paz.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario