lunes, abril 30, 2012

Ayer

Creo que fue ayer, cuando fui a aquel restaurante italiano al que fuimos alguna vez, medio italiano, en el centro de la ciudad. Ahí me dijiste que salías con otra persona, y como eres digamos extraña, me dijiste meses después, mientras veíamos comer a un par de señoras pisando los setenta años, que te vería por mucho tiempo, te pregunté si nos veríamos como ellas. Dijiste que no, afirmaste que estaríamos comiendo seguramente, pero en Italia, me sonreí. En el primer momento tuve temor a tu negativa, después me sonreí que vieras tanto futuro. Yo no sé, ahora ni siquiera quiero verte o ir al cine, me enfada tu arrogancia y me encabrona tu sentido del humor. Todo me molesta y la primera vez que fuimos al restaurante italiano que salías con otra persona me dieron tantas ganas de salir corriendo de decirte que te fueras a otra parte, donde fuera, pero lejos de mí. 

Ahora puedo alejarte de mí y saber que si estás en otro lado por lo que quieras, no puedes estar cerca de mí. Ahora puedo... ahora iré al cine o a cualquier lado, pero lejos de ti y tampoco contigo. No tienes una idea de cuántas veces fui a diferentes lados contigo sin estar cerca de ti, sin pedírtelo. Ahora no, ahora puedo ir a cualquier lado sin involucrarte y se descansa. Aunque ya no haya Italia ni tus ocurrencias. Ahora puedo. No sabes cuán enojada se puede estar a distancia y este espacio, finalmente curarlo todo, incluso lo que no necesita ser curado, sólo aliviado, como saber que no quiero tu presencia porque me contamina y me duele. Todo lo demás. Ni pensamientos cortitos, sólo estas palabras que no leerás, porque muy a tu manera lo prometiste.  

jueves, abril 26, 2012

Un pedacito de valle

Va a cumplirse un año de nuestra visita a Valle de Bravo, sí, nuestra. Ahora y a esta hora en que debería estar durmiendo, pienso en ello. Quizá sea el olor del objeto que te empeñaste en regalarme, aunque sólo hubiera uno y sólo yo me quedara con él. Justamente hoy lo he devuuelto a la mesa en que trabajo y mientras lo colocaba cerca, el olor regresó. El aroma del pino, la maravilla de la cascada, el recuerdo sentido por todos lados. 

Te conté dos años atrás que deseaba ir a Valle de Bravo hacía tantos años, casi tanto como conocer París, sonreíste. Supongo que en ese momento no sabías que dos años después lo propondrías como mi regalo de cumpleaños. Así se realizaron mis dos sueños, años atrás conocer París, y a tu lado Valle de Bravo. Estoy pensando en este minuto lo extraño de la vida, fuimos el mismo año a París, sólo que no nos conocíamos. Tú fuiste con otro motivo, digamos una cruzada, yo, en cambio, fui a perderme a París, para encontrarme conmigo. Si colocáramos nuestra vida en coordenadas, daríamos con las tantas veces en que estuvimos en el mismo café, la misma institución, por motivos diferentes. Una puerta que no se abrió o alguna otra que se cerró antes... Ahora pienso en Valle, supongo que las fotos más emblemáticas fueron parte de tus ocurrencias. ¿Recuerdas al ranchero reflexivo? Sí, seguro que lo recuerdas, el hombre con sombrero que colocó el dedo índice entre el inicio de la nariz y el final de su frente, mientras miraba hacia arriba. Bastante clara quedó esa foto. Quizá las que no olvidarás, son aquellas de la cascada el Velo de Novia, porque no eran tus ojos los que tomaba si no tus dedos, los de los pies, mientras se envolvían por la corriente del agua. Nos dijeron que la leyenda señalaba que debían mojarse los pies y dejar así todos los pesares, para que se los llevara la corriente, para que no siguieran en nuestro ánimo. Y lo hicimos, no sé si será cierto, pero por ese único instante tu sonrisa volvió a ser exactamente como la recordaba dos años atrás, cuando esta historia empezó, nuestra historia que entre tantos aromas, también tiene el aroma de saúco, de madera, de pino, de piedras, de cascadas, de sol, de recorridos en lago, en yate, en lancha, como en Catemaco... No, ahora no contaré de ese otro viaje, me quedo con el pedacito de Valle sobre mi escritorio, ese que tanto peleaste a los demás compradores para que se quedara conmigo, en mis plumas, lo sabías, sí, seguro, sabías que un buen día buscaría a Valle de Bravo, un pedacito por alguna parte y ahí lo encontraría entre mis plumas, cerquita del ordenador, pensando en ti, sin ti, porque estás por alguna parte, mientras yo, acá, pensando en Valle, sin extrañarte ni un poco. Ya sabes, jamás conseguí aprender. 

Estoy pensando en el frío que pasaste mientras tomé las fotos de la cascada que arropaba tus pies... ¡Caramba, debimos quedarnos allí, sonriendo!

miércoles, abril 25, 2012

La calma, la trama y mi guerra.

Me dicen que la tranquilidad y la calma es lo importante, lo urgente, lo necesario, lo que debe de hacerse, a lo que debo de asirme. No creo una palabra. Quiero lo que adentro me abrasa, me quema, me aturde, me invade. No quiero calma ni estabilidad. Quiero esta guerra y esta llama. 

Con el paso del tiempo lo que he aprendido es que la tensión produce resultados, que la locura crea acción, rotunda, sin descensos. Quiero mi guerra, mi batalla a diario, mi locura, porque así me sé, porque así me reconozco, me encuentro. No quiero, no quise tu paz, quise tu guerra; no acepto tu equilibrio, quiero el desatino. 

Hoy no acepto la armonía como el resultado de la calma. No, la armonía viene de la discrepancia, del desequilibrio, de la tensión de los puntos, de la diferencia. Quiero esa diferencia. No estoy hablando de polaridades, no quiero saber de puntos extremos, no quiero entender de negro o blanco, no quiero bueno o malo, no quiero. Me gusta la carcajada y el silencio y ello no me hace polarizante, me convierte en mí y me descara, me descubre, me encuentra. 

Eso quiero, la guerra, antes que tu paz; el conflicto antes que la monotonía. Quiero esas noches de boda que dice Joaquín Sabina; quiero la luna montada en mi hombro antes que vista por el cristal, quiero prender la estufa con el cerillo, antes que seguir temiendo a una fuga de gas. Quiero el desnudo antes que el vestido que imagine. Quiero, sí, eso quiero la trama, aunque venga el desenlace; leer una y otra vez una historia que me haya gustado, aunque ya la conozca. Quiero la trama, sí, con el nudo y el conflicto, con la forma en que lleva a otra historia, con la segunda historia, con el color en la historia. Ser el personaje de color antes que el nombre sobre el papel. Quiero la rabia y el coraje y la mordida. Quiero el insomnio antes que la monotonía del sueño correcto. Hoy lo quiero todo, lo quiero con todo y eso, eso, me da calma. 


Buena noche, calma. Buen día, en pie de guerra. 

lunes, abril 23, 2012

Punto y aparte

Te quiero. Te quiero por todos lados. Te quiero con el cabello al viento y mientras aplaudes. Te quiero cuando cantas y cuando bailas, te quiero con el orgullo y la misma causa. Te quiero a ti y a tu sonrisa. Te quiero a tus manos que balbucean las palabras y gritan las lágrimas. Te quiero a ti y a tu llanto. Te quiero a ti  y a tu enojo. Te quiero a ti y a tu sarcasmo. Te quiero. Te quise desde el primer café y la primer llamada. Te quiero desde antes que lo pensara, mientras intentaba tomarte una foto. Te quiero con aquellos viejos tenis y aquella chaqueta que tanto odiaste. Te quiero. Te quiero a ti y a aquel momento en el auto cuando grité que te quería por la ventana y reíste. Te quiero desde entonces, desde hace tanto, desde las horas no vividas y las horas compartidas. Te quiero. Te quiero a ti y a tus manos. Te quiero a ti y a tus pies de "esclava", al sonido de tus pasos y a tu forma de hacer el sueño. Sí, te quiero cuando duermes y cuando callas. Te quiero a ti y a tu dolor de cabeza, a tu gripa y a tu gusto por la cerveza con más que limón para saborearla. Te quiero. No hay razones para quererte, no tengo un "te quiero" porque... no, sólo tengo el  "te quiero" para dártelo. Aún así, con todos tus nombres, con todos tus aciertos y tus virtudes, con los miles de deseos que comparto a tu lado y las cientos de palabras que en tu nombre repito, voy a quedarme quieta. Voy a olvidarme de estar cerca, voy a asirme de la pluma, del ordenador, de la cámara fotográfica y voy a dejarte ir, ahora, hasta jamás. 

Te quiero e imagino conformarme de este mundo en adelante, estructurarme, encontrarme, habituarme. Te quiero a ti y a tus sueños y a tus afectos y a tus deseos, por eso me marcho, para esto me marcho. Te quiero, te voy a querer, así como ver llover, como saber que no será la última vez, no será la primera, pero es el instante preciso en que todo está y ocurre como un momento perfecto. 

Te quiero a ti. Punto y aparte.