Y nos duró dos años, esa suerte de idas y venidas. Yo sabía que tenías muchas cosas por solucionar, pero no quise quedarme. Abrí este espacio por tu insistencia. No la de las entradas anteriores que es otra insistencia. Estoy hablando de la mujer que le estallaba el rojo por todas partes que puso una trampa para verme y que se quedó con todo lo que había que decir. Estoy hablado de con quien me duró dos años, las ideas y venidas y aún al final seguí llamándole el día de su cumpleaños. Dos años nos duró, Diabla, seguir por todos lados. Tú detestando mis puntos al final de una conversación, yo aborreciendo que cortaras una cita con alguna idea tajante. Nos duró dos años, porque no podías quedarte conmigo, si lo hacías no te quedabas en el mundo y no lo entendí, porque jamás me quedo en alguna parte. Diabla, dónde estarás ahora.
A veces me pregunto cómo puedo seguir pa' contar estas historias, después de todo, no había después en ninguna; las he nombrado a mi antojo, y ahora las cuento igual, pero todas son historia pasada, árbol demediado debo de ser yo, o arboleda con tantas historias inconclusas que debo de talar de vez en cuando si no me secarían.
Hoy, limpié las piedras, Diabla, las que dolieron y dejé de cargar pa' ponerlas en una pecera enorme que es sólo mía, y que a mí me corresponde limpiar, acomodar, darle vida.
Diabla, me habría gustado tanto seguir con nuestra historia. Dos años duró. Dos años... acá te recuerdo. Tú ya no estás, ni eres, yo ya no soy, pero estoy.
Buena tarde.
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