lunes, septiembre 17, 2012

Las palabras.

Leí que las palabras son gratis y se deben de compartir. Leí que el silencio es una forma agresiva pasiva; leí que las palabras alivian la tensión. Leí... palabras que hablaban de palabras y pensé en las palabras y el poder que poseen, atribuido, concedido, vivido. Extraordinariamente leí también sobre el silencio y la magia que conlleva, recordé al poeta, "... las mejores palabras de amor están entre dos gentes que no se dicen nada..." Y callé. 

Me gustan las palabras, pronunciarlas, escribirlas, deletrearlas, vivirlas, gritarlas, escucharla, asumirlas, tomarlas, rebatirlar, jugar con ellas, volver a encontrarlas. Me gusta que me despeinen, sobre todo los verbos, que me unan o me separen, me cuenten o me adormezcan. Me gustan las palabras, tomadas como largas bebidas, comerlas o mordisquearlas. Me gustan las palabras, es parte de lo que hago y de cómo vivo, pero en forma casi absoluta es, sin duda, lo que le da sentido a mi vida. Las palabras. La magia de las palabras. Así que lo acepto: no puedo con el silencio que grita vacío y no puedo con la insensatez de las palabras que sólo son ruido. No hay modo conmigo o quizá es que no han dicho la palabra correcta.

Hace mucho, mucho tiempo, escuché que alguien sólo dijo una palabra: "Sí", fue suficiente para que el milagro ocurriera. Acabo de recordar un verso: "una mujer dice sí y el agua se ahoga." Aquella mujer o aquél sí, también fue inolvidable. Porque dijo sí y porque el agua, toda el agua se ahogó, la de mis ojos, la de otros ojos, la de sus ojos. 

Buena noche, agua, buena vida. 

viernes, septiembre 07, 2012

Del cine


“La historia de la histeria”






La primera vez que vi el avance de la cinta “Hysteria”, dirigida por Tanya Wexler, el título por sí mismo me parecía atractivo. “La historia de la histeria” llegó a las salas de cine, pensé, y me sentí atrapada. La película narra la historia del invento que revolucionara el concepto de la sexualidad femenina en el siglo XIX, el “vibrador” y las peripecias que su descubridor atraviesa, el Doctor Mortimer Granville (Hugh Dancy). 

Evidentemente al transcurrir los minutos, sabemos que estamos frente a una comedia romántica cuyo motivo central es el invento del vibrador; la contraparte amorosa del Dr. Granville, será Charlotte Dalrumple Maggie Gyllenhaal), una feminista adelantada a su época, desafiante y valiente, tanto como para cuestionar al Dr. Granville sobre la propia existencia de la histeria como enfermedad. Considero que la actriz Maggie Gyllenhaal, es una de las actrices valiosas de su generación, sin embargo en esta cinta no sólo no luce como debiera, si no que se muestra opaca y sin la chispa necesaria con su pareja romántica.

Verdaderamente, al concluir la película, podemos cuestionarnos: si no habrá sido un rasgo histeroide dar semejante título a la historia. Después de todo, han conseguido atraer nuestra atención, llevarnos a la sala de cine, atraparnos con un notable diseño de producción, vestuario, pero la historia deja el sabor de la insatisfacción, pues el punto esencial de la película, el vibrador, tarda tanto en aparecer que para cuando llega, parece que lo hemos olvidado. Si bien el ritmo mejora, como espectadores no estamos equivocados: un tema tan universal, como seductor que no consigue llevarnos al clímax.

@jazzczcx

jueves, septiembre 06, 2012

Correspondencia




Apenas recordé este poema. Lo escribí hace doce años. 

Hoy se leen muchos, por aquel tiempo pensé que jamás diría este número. Lo comparto.


Correspondencia 

Díganle que la he querido

que estoy entera, dolorosa,

inexacta, nítida,

que sigo siendo

que estoy, no duermo.

Díganle que he sido

sustancial, incorpórea,

y de su cuerpo desgranado

se quedó conmigo

la necia costumbre de ahogarme.

Díganle, por favor,

cuando sea tarde

que le derrame la voz a las estrellas

para que nazcan y el cielo no se encamorre

como esta noche, mientras me marcho.

Díganle que la he querido,

que estoy desnuda, azuzada,

ovillada,

que estoy hendida,

y aún sigue latiendo fuerte

este lunar casi extinto

en el dedo chico de su mano.