Leí que las palabras son gratis y se deben de compartir. Leí que el silencio es una forma agresiva pasiva; leí que las palabras alivian la tensión. Leí... palabras que hablaban de palabras y pensé en las palabras y el poder que poseen, atribuido, concedido, vivido. Extraordinariamente leí también sobre el silencio y la magia que conlleva, recordé al poeta, "... las mejores palabras de amor están entre dos gentes que no se dicen nada..." Y callé.
Me gustan las palabras, pronunciarlas, escribirlas, deletrearlas, vivirlas, gritarlas, escucharla, asumirlas, tomarlas, rebatirlar, jugar con ellas, volver a encontrarlas. Me gusta que me despeinen, sobre todo los verbos, que me unan o me separen, me cuenten o me adormezcan. Me gustan las palabras, tomadas como largas bebidas, comerlas o mordisquearlas. Me gustan las palabras, es parte de lo que hago y de cómo vivo, pero en forma casi absoluta es, sin duda, lo que le da sentido a mi vida. Las palabras. La magia de las palabras. Así que lo acepto: no puedo con el silencio que grita vacío y no puedo con la insensatez de las palabras que sólo son ruido. No hay modo conmigo o quizá es que no han dicho la palabra correcta.
Hace mucho, mucho tiempo, escuché que alguien sólo dijo una palabra: "Sí", fue suficiente para que el milagro ocurriera. Acabo de recordar un verso: "una mujer dice sí y el agua se ahoga." Aquella mujer o aquél sí, también fue inolvidable. Porque dijo sí y porque el agua, toda el agua se ahogó, la de mis ojos, la de otros ojos, la de sus ojos.
Buena noche, agua, buena vida.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario