viernes, octubre 26, 2012

La maravilla de Burton

¡Qué maravilla es el cine! Definitivamente ir al cine, ver cine, es asombroso. En esta ocasión se trata de un evento por demás apreciado por la cinefilia en general, se trata de “Frankenweenie”, la nueva cinta de Tim Burton. Tan sólo la combinación de los nombres, mientras escribo, ya es una garantía para el asombro. 

La cinta tan esperada, aborda la experiencia del primer enfrentamiento con la muerte, el momento en que nuestra primera mascota fallece y comprendemos el dolor inenarrable de la perdida; pero también es la experiencia de la amistad incondicional y sin reservas. 

Víctor Frankestein es un niño inventor, un pequeño que ama la ciencia y que transcurre su día a día en compañía de Sparky (su perrito), un día ocurre lo peor y el pequeño Víctor deberá enfrentar lo ocurrido o atreverse a modificarlo. La cinta es a todas luces un homenaje al cine de horror clásico, tomando como punto de partida y referencia fundamental el clásico de Mary Shelley, la combinación realizada a partir de la mirada de Tim Burton, resulta entrañable. 



Dos elementos en particular hacen de esta cinta memorable: su realización en stop motion que combinado con efectos visuales consiguen una armonía visual y el doblaje en español que concede las características propias a cada personaje dotándolos de individualidad sin caer en lo burdo. 

Burton, consigue en Frankenweenie renovar la frescura de sus cintas anteriores, con su estilo característico. La película fluye naturalmente, creando un homenaje al cine clásico de horror. Queda por destacar que si los detractores del gran Tim Burton dudaron alguna vez del encantamiento del director, muy a la manera de Burton hay una respuesta dentro de la cinta: si funciona no sólo es porque tiene conocimientos es porque ha puesto el corazón, algo que “parecía” muerto “¡está vivo!” y es maravilloso.

jueves, octubre 25, 2012

Cuando fui mortal con Marías


Leía a Javier Marías en su columna semanal; leía y me intrigaba cómo serían los mundos, los otros, los del relato, aquellos que en cada palabra pudiera recorrer y trasladarme a las formas que acuña el escritor español, sencillas, transparentes. Luego llegó este libro “Cuando fui mortal”, publicado por Alfaguara, una coordenada de relatos escritos entre 1991 a 1995. Encontramos en el conjunto, personajes y situaciones de nuestra imaginación a la del autor: un médico español que visita de noche las casas parisinas de mujeres casadas; un guardaespaldas que deseará la muerte del hombre a quien protege; o un fantasma que conoce cuanto ocurrió en su vida. En total, doce relatos que van desde la crónica de costumbres contemporáneas a los cuentos de fantasmas. 

Javier Marías (Madrid, 1951), hijo del filósofo Julián Marías; es un escritor, traductor y editor español, miembro de la Real Academia desde 2006, donde ocupa el sillón R. Conocido como novelista y columnista del periódico español El País, el madrileño explora la cuentística y el relato desde hace ya algunas décadas y con cada una de sus piezas nos recuerda que si bien un escritor de cuentos no dispone de mucho tiempo, porque el lector no permitirá que éste transcurra en vano, con Marías el tiempo no sólo es un gran fugitivo, sino que su prosa consigue que lo olvidemos y nos adentremos a otras dimensiones. 

Javier Marías, recién ha presentado su libro “Mala índole” (Madrid; Alfaguara, 2011), considerado como la tercera recopilación de relatos, antecedida de “Mientras ellas duermen” y “Cuando fui mortal”, este último, del que hablamos ahora. El escritor desde la primera recopilación se refiere a sus relatos como aquellos que considera: “aceptables” o “aceptados”. En cada uno de estos relatos, el nombre del libro es a su vez un cuento, central o no, representa el espíritu del mismo, valga para quien escribe estas líneas hablar del segundo, como un punto intermedio que equilibran las recopilaciones. 

El maestro Javier Marías.


En “Cuando fui mortal”, el relato, Marías advierte al inicio: “A menudo fingí creer en fantasmas y fingí creerlo festivamente, y ahora que soy uno de ellos comprendo por qué las tradiciones los representan dolientes e insistiendo volver a los sitios que conocieron cuando fueron mortales.” ¿Qué es vivir? Parece preguntarnos Javier Marías con este relato ¿cuándo se es verdadero? Quizá la palabra correcta es sincero ¿cuándo se llega a ser sincero; necesariamente tras la muerte? La vida, entonces, exige una cadena de imposturas, una sucesión absurda de equívocos que acaso no habrán de comprenderse hasta después de la muerte. Recorrer la vida de un hombre en este relato es también colocar en un escaparate la nuestra, comenzar a recordar todo aquello que nos configura, hasta llegado el momento apartamos suavemente el vidrio y reconocernos esa vida, como nuestra.

@jazzczcx

Pasa

Ese instante en que el mundo no acaba de comenzar parece interminable, lo cierto es que pasa. Como el agua que fluye y el deseo y los cordones de los zapatos que tarde o temprano una aprende a atar, porque sí, porque es vida que se vive y pasa.

¿Sabe usted qué no pasa? El color del cielo y el sonido del mar que tanto extraño por estos días, eso no pasa. Lo sensible, eso no pasa.

A veces echo de menos la playa y la arena y los ojos de las pequeñas y el sonido de la palabra "tía" reventando por cada paso. Pasa. Porque llega la luz de estas calles y escucho mi nombre, por el que me nombro y me conforto. Una llega a hacer familia lejos, y entonces una ve su historia multiplicada y sonríe porque pasa, la vida también se puede vivir diferente.

Leía de pequeña la oración que afirma que en la vida se debe de tener un hijo, plantar un árbol, escribir un libro. También se puede vivir diferente. Yo tengo plantas que dan flores y las regalo a mi amor; tengo una perrita que amo y escribo una historia, la mía, y a cuatro manos, la nuestra. ¿Ya ve? Todo pasa. Hace tiempo que no veía que lo que no hay es porque está en un mejor sitio; lo que hay es, fuerte, sin mediaciones. Seguro también pasa, puede ser que se transforme. Eso, en ello vamos trabajando, ella pone su paciencia, yo la voluntad porque todo se transforme y cuando pase, sigamos como el agua que fluye. Mientras dejo una foto de Mina, ella pasa, por la casa, por mis ojos...


Mina, atenta a la vida. 

martes, octubre 09, 2012

Esta noche

Me gusta pensar en esta noche, mientras Mina, mi perrita, duerme y tengo calma, aunque también tenga asma. Me gusta porque leo y escucho música y pienso en ti. Aunque debería de seguir leyendo "Hombre al agua" de Fabrizio Mejía.

Me gusta esta noche, porque la tarde la dibujé en tus sueños, mientras dormíamos. Me gusta porque vivir a tu lado es sencillo. Y ríes y bromeas y te quedas. Me gusta porque tus palabras están y me abrazan sin más qué decir.

Ahora debo de regresar al libro, a la canción, a la letra, al lápiz, a la línea, a la noche en que leo, mientras duermes porque lo sabes, aquí estoy, contigo.

miércoles, octubre 03, 2012

Escribiendo a las tres

¡Qué terror es la hoja en blanco! Recién termino de hablar del tema y me planto de nuevo frente a la hoja en blanco. Apenas pienso en las letras que escribo, debe ser el aire frío de la noche o la ausencia de calcetas... (¡Voy por calcetas!)

Escribo pensando que escribo, parte de la metaficcionalidad, tan llevada y traída como concepto en fechas últimas, no obstante de ser acuñada desde Don Quijote (Cervantes), Niebla, (Miguel de Unamuno), hasta El libro vacío (Josefina Vicens),  Cristóbal Nonato (Carlos Fuentes), entre otros. 

(Café, por favor)

Escribo a las tres de la mañana, porque no recogí ni un pedazo de tiempo para escuchar este teclado durante el día, a otra hora; escuchar la palabra silenciosa. No encontré la forma de acercarme a los secretos que rinden a los ojos cada caracter, cada letra que forma sílabas y luego palabras y luego frases y luego sentidos. Escribo a las tres de la mañana porque no tengo permiso, porque debería leer o dormir, pero escribo. 

(Acá me quedo pensando... bebo café)

Mientras escucho que Silvio Rodríguez dice: "... sólo el amor alumbra lo que perdura/ sólo el amor convierte el milagro en barro...", escribo. Sí, escribo esta noche por amor y con amor... aunque de eso no haya dicho más que estas palabras que no dicen, pero están escritas.  

Buena noche o buen día, amor.