¡Qué terror es la hoja en blanco! Recién termino de hablar del tema y me planto de nuevo frente a la hoja en blanco. Apenas pienso en las letras que escribo, debe ser el aire frío de la noche o la ausencia de calcetas... (¡Voy por calcetas!)
Escribo pensando que escribo, parte de la metaficcionalidad, tan llevada y traída como concepto en fechas últimas, no obstante de ser acuñada desde Don Quijote (Cervantes), Niebla, (Miguel de Unamuno), hasta El libro vacío (Josefina Vicens), Cristóbal Nonato (Carlos Fuentes), entre otros.
(Café, por favor)
Escribo a las tres de la mañana, porque no recogí ni un pedazo de tiempo para escuchar este teclado durante el día, a otra hora; escuchar la palabra silenciosa. No encontré la forma de acercarme a los secretos que rinden a los ojos cada caracter, cada letra que forma sílabas y luego palabras y luego frases y luego sentidos. Escribo a las tres de la mañana porque no tengo permiso, porque debería leer o dormir, pero escribo.
(Acá me quedo pensando... bebo café)
Mientras escucho que Silvio Rodríguez dice: "... sólo el amor alumbra lo que perdura/ sólo el amor convierte el milagro en barro...", escribo. Sí, escribo esta noche por amor y con amor... aunque de eso no haya dicho más que estas palabras que no dicen, pero están escritas.
Buena noche o buen día, amor.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario