Ayer, entre la información leída, tropecé con un titular en el periódico El Universal: Soledad la epidemia del Siglo XXI. Inmediatamente a mi mente acudieron algunos títulos de obras que no proceden precisamente del Siglo XXI, por ejemplo: El laberinto de la soledad, del poeta y ensayista Octavio Paz; la novela Cien años de soledad del escritor colombiano Gabriel García Márquez, y las referencias seguían, pero en ninguna de ellas encontraba que fuera un malestar propio de cierto siglo. Leí con detenimiento en donde se destaca:“… que la soledad y el aislamiento social pueden representar un riesgo para la salud pública, mayor que la obesidad y equiparable a fumar 15 cigarrillos al día.” Y ahí me detengo, porque desde mi perspectiva la soledad no es lo mismo que el aislamiento, no son sinónimos ni calles de una misma manzana, no son extremos que se toquen: son ofertas de vida, hasta cierto punto cartas en la baraja que una toma o deja, para que otra la tome.
Recuerdo los versos de Mario Benedetti, poeta y escritor uruguayo, en su poema Soledades:
después de la alegría viene la soledad
después de la plenitud viene la soledad
después del amor viene la soledad
¿Qué es entonces la soledad? ¿La ausencia de alguien es soledad? ¿Estar rodeada de personas aunque no haya algo en común es una apuesta porque no llegará la soledad o al contrario? Quizá estas interrogantes que formulo parezcan no tener sentido, pero sólo por buscar una comparación que represente lo que digo, nuevamente pregunto: ¿el grito que se da en la punta de una montaña o en el desierto, sigue siendo grito aunque no haya quien lo escuche? Así me parece que ocurre con la soledad, deviene o llega después de un instante y es también un instante. Como dice el poeta Benedetti:
los datos objetivos son como sigue
hay diez centímetros de silencio
entre tus manos y mis manos
una frontera de palabras no dichas
entre tus labios y mis labios
y algo que brilla así de triste
entre tus ojos y mis ojos
Sabes, yo sólo puedo hablar de soledad porque hace tiempo que cuando llega, la abrazo y le repito que todo estará bien. Sé que llega después de la alegría, de la plenitud, del amor, y que al menos a mí me permite hacer silencio y levar anclas para el siguiente viaje. Quizá porque sé:
que más allá de mi soledad
y de la tuya
otra vez estas vos
aunque sea preguntándote a solas
que vendrá después
de la soledad.
No es que tenga el inexorable conocimiento sobre la soledad, sólo entiendo que la soledad no es la epidemia del Siglo XXI, la soledad es esa terca y radiante compañía, tan radiante como cada día que iniciamos o como la noche a la que nos abrazamos.
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| Photo by: Jasmín Cacheux |

2 comentarios:
Totalmente de acuerdo Maestra, felicidades.
Gracias, abogado. Un gran abrazo.
(Los formales)
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