lunes, abril 30, 2018

Escribí esta carta ...




A mis niñxs: Stiv, Demora y Mikel. 

- Escucha…


- ¿Qué, Azul, qué escucho?



- Escucha… ahí está de nuevo, ay, ese pájaro en la ventana. Me sigue a todas partes. 



- ¿Azul, estás segura que es el mismo?



- Estoy segura. ¡Cómo no voy a saber! ¡Pobre! Me sigue a mi casa, me sigue a la de mi tía, y ahora me sigue a la tuya. ¡Todas las mañanas, pobre! Debe estar cansado. 


Y Azul sigue uniendo imanes y piezas hasta formar naves, pequeñas esculturas y se muestra orgullosa. Sonríe y me pide que lo vea. Y yo tengo que mirar de nuevo, muchas veces para encontrar lo que me señala, porque soy adulta y olvido soñar. Azul, me ha desafiado. Tiene 8 años y sabe mejor que yo, que lo más importante está en el momento que vive. Azul, reconoce el canto de un pájaro desde cualquier ventana; Azul tiene compasión, por ese pájaro que la busca en todos lados y la encuentra, y ella le responde haciendo un silencio para escucharlo. 

Cuando era niña solía creer que la luna me seguía, como a Azul la sigue su pájaro por las mañanas. Luego crecí y entendí de la rotación de la tierra; sin embargo, me encanta olvidarme de ello y creer que la luna me sigue, ahora para cobijarme.

Hoy que es día de la niña y del niño, me ha dado no por recordarme niña, sino por reflexionar ¿en qué piensan lxs niñxs? Y se da el caso que tengo una nueva amiga, quizá la más joven de todas, su nombre es Azul. Por ella y a su lado, me di cuenta que lxs niñxs piensan en lo que miran, en lo que sienten, en lo que huelen, en los espacios en que se encuentran, en lo que decimos en su compañía. Lo sé, porque pasé 20 horas en su dulce compañía; a ratos escuchando, otras jugando, mirándola dormir; y durante ese tiempo comprendí lo mucho que me hizo bien su compañía. Azul no lleva mi sangre, como muchxs otrxs niñxs; ella llegó una tarde, a acompañar mi fin de semana porque había una emergencia en su casa, lo que ahora entiendo es que la emergencia estaba en la mía: Azul vino a recordarme ¿qué es ser niñx? Tan sencillo como dejarse estar, maravillarse ante un tazón de palomitas, reír a carcajadas, confiar en alguien que está dispuesta, como yo lo estuve, a compartir un momento con ella y disfrutarlo. 

Hoy creo que todxs lxs niñxs, nos recuerdan algo que la vida y las ocupaciones nos hacen olvidar y que pueden ser nuestrxs amigxs, no sólo nuestrxs hijxs, no sólo de nuestra familia, y que tenemos un compromiso con ellxs: hacer más espacio para que sus sueños y su imaginación, iluminen nuestros corazones. ¡Feliz día de la niña y del niño! 


Posdata.- Si ven a Azul, díganle que encontré las pastillitas de confianza.

martes, abril 17, 2018

los sueños que las contienen...



“Las mujeres toman siempre la forma del sueño que las contiene.” Juan José Arreola, Cláusulas, I.


Estas palabras vinieron a mi mente, mientras me pensaba durmiendo. ¿Por qué no sueño unicornios o caballos? ¿Por qué no tengo un gato que ronronee recuerdos y musite calma? Abro los ojos, porque estoy segura que mi despertar comienza cuando cruza el primer pensamiento que no habla, pero me hace saber que el día ha comenzado. ¿En qué soñamos las mujeres? ¿Cuántos mundos se vuelven continentes en nuestro corazón y mente y nos forman y conforman? ¿Qué forma me contiene y sostiene mi sonrisa y mis palabras, estas que escribo y las otras que digo, mientras miro los ojos de quien amo y me sujeto a su horizonte?


¡Toma la forma de tus sueños mujer/hombre, hermano-humano! Y abre las manos para que sueltes lo que te ate; abre los brazos para dejar ir y recibir la vida que inicia cada día. Sólo hoy, al fin y al cabo, este puede ser el primer día y mañana el siguiente en que asumas tu camino como propio, sólo tuyo y tus decisiones.


Ama hasta que no duela; abraza hasta que te fundas; besa hasta que confundas tu boca, con la otra, la que ya no te toca, pero también por ese momento ha sido tuya y la tuya se quedó prendida en otro rostro. Hazlo hoy, lo que puedes perder es la forma de ayer y a cambio encontrar la forma que te nombre.


Hoy que es el día del fin del mundo, vale la pena iniciarlo de nuevo.


¡Buen miércoles, Vida Mía, todo el miércoles!

lunes, abril 16, 2018

La Guerra


Escribí esta Carta Editorial sobre la Guerra, la comparto para elevar también acá una oración por La Paz: 

Cuando era niña, la guerra consistía en un juego de niñxs, en el patio de casa o en el jardín común. Cada niñx representaba un país y comenzaba diciendo: “declaro la guerra en nombre de…” y corríamos. Cuando era estudiante universitaria, la Guerra, ya no era un juego, sino el tema de mi exposición semestral en Derecho Internacional Público; la escribía con la primera letra en mayúscula y exponía los protocolos y trataba de hacer comprensible el tema, explicando minuciosamente su argumentación y debate. El tiempo transcurre y la guerra o (con la primera letra en mayúscula), la Guerra, deja de ser un juego, un tema de exposición y hoy la veo como un ejercicio de poder, una decisión política que aun cuando provoca destrucción, muerte y dolor, se afirma como una victoria, una necesidad de asumir soberanía… ¿y el dolor? ¿Y la muerte?

La manifestación de nuestro país con respecto a condenar el uso de armas químicas en el ataque a Siria tiene todo mi respeto y deferencia. No existe en mí razonamiento alguno que posibilite la destrucción humana. Eduardo Galeano, escritor uruguayo, se preguntaba: “¿Hasta cuando seguiremos creyendo que hemos nacido para el exterminio mutuo y que el exterminio mutuo es nuestro destino?” Y ahora mismo, nadie puede dar una respuesta, supongo que no sólo yo siento este desconcierto y baso mi hipótesis en los señalamientos en contra de estos hechos, emitidos por las diversas naciones, en las que orgullosamente se encuentra nuestro país. Porque como señalara la escritora norteamericana, Susan Sontang, en su obra Ante el dolor de los demás, “Durante mucho tiempo algunas personas creyeron que si el horror podía hacerse lo bastante vívido, la mayoría de la gente entendería que la guerra es una atrocidad, una insensatez.” Sin embargo, el tiempo ha pasado y en el colmo del colmo, tenemos noticia de representantes de países, exclamando un prosaico: “esto no se va a quedar así, esperen consecuencias.” Como si se tratara de un patio de juegos para niñxs. No puedo entenderlo, porque las imágenes que nos presentan los medios de comunicación son suficientemente devastadoras para conmover a cualquiera. Nos presentan la muerte, la miseria y el horror vivido por otrxs que como nosotrxs, somos parte de la misma humanidad, por más distancia geográfica, costumbres, idiomas. Y es que me gusta creer que el mundo es mundo y en este que nos toca vivir, debemos caber todos los mundos. Vuelvo a citar a Eduardo Galeano, para afirmar: “Si el mundo, este mundo, merece ser otro mundo, la marcha por la Paz, (…) merece millones y millones de pies.”


Hoy te invito a iniciar la semana creyendo en la Paz, como una oración matutina haz la Paz contigo, con tu familia, con tu vecindario, en tu trabajo… quizá entre todxs, con nuestra fe, podamos mover esa gran montaña que si seguimos impasibles, terminará por caernos encima.



vía: https://sumariosmtlbajio.wordpress.com/2018/04/16/16-abril-noticias/

lunes, abril 09, 2018

El miedo...



“El miedo ciega (…) el miedo nos mantendrá ciegos”. 
José Saramago 

¿En qué momento comenzamos a sentir miedo de la persona que recién llega a una tienda de autoservicio y se forma tras de nosotrxs? ¿Cuándo inició el sobresalto por la patrulla que hace su ronda, mientras vamos en el auto sin cometer falta alguna? La extrañeza y nerviosismo que hoy nos acompaña se ha convertido en la eterna vigilante de nuestros propios movimientos al entrar y salir del cajero automático, sí, los nuestros, como si también fuera posible que por impulso cometamos una falta contra otrx. ¿Qué ha pasado para que, -como lo señala el escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez, en su obra El ruido de las cosas al caer-  tengamos que aceptar que el miedo “... pasó de ser un asunto casual, una de esas malas pasadas que nos juega la memoria, a convertirse en un fantasma fiel y dedicado, presente siempre…”?

¡Cuán lejos queda pensar en el impulso natural que nos acompañaba como temprana alerta para cuidar de nuestros movimientos al encontrarnos en una pendiente y descender! Porque hoy, esa reacción natural de intentar atrapar aquello que veíamos próximo a nosotrxs, se ha convertido en un movimiento corporal inmediato de protección o, aún más, “la necesidad” de revertir el ataque lo más pronto posible, y sí, eso también es miedo.


Hace tiempo alguien me explicó que recibir una franca agresión sin motivo no es otra cosa más que la manifestación del miedo de la persona que agrede. ¿Es esto lo que ahora ocurre? ¿O es que la indolencia y la indiferencia nos está facturando y el miedo no es otra cosa que la culpa por mantener el silencio y no involucrarnos cuando alguien frente a nosotrxs está siendo dañadx? Parece que “evitar problemas” comienza a hacer efecto en nuestra conciencia.

Mientras escribo estas palabras una lluvia de imágenes cotidianas me llevan a reflexionar en el día a día de mi propia ceguera social. Nos importa la desgracia hasta que ocurre en nuestra casa, sea enfermedad o siniestro. Nos interesa cuando tiene nombre y apellido y está cerca o sabemos quién es, o peor aún creemos saberlo. Hoy sólo quiero que nos atrevamos a preguntarnos: ¿es demasiado interesarnos por lo que ocurre en nuestro entorno? ¿de verdad es una pérdida de tiempo detenernos a pensar que todxs somos el prójimo de alguien, y por lo tanto el transeúnte o quien va al volante es también nuestrx prójimo? Quizá ahora mismo estarás por preguntarme ¿y la inseguridad? ¿y el rol de las autoridades? Yo, en este minuto, sólo puedo reflexionar en lo que nosotrxs como sociedad consciente podemos hacer por acompañarnos e involucrarnos con ayuda mutua, porque no merecemos la ceguera y el espanto constantes, así, no lo merecemos y sólo por eso vale la pena intentar asumirnos como un tejido social tan resistente que quiera contenerse lxs unxs a lxs otros, porque el esfuerzo lo vale. 


Vía: https://sumariosmtlbajio.wordpress.com/2018/04/09/09-abril-noticias/