Escribí esta Carta Editorial sobre la Guerra, la comparto para elevar también acá una oración por La Paz:
Cuando era niña, la guerra consistía en un juego de niñxs, en el patio de casa o en el jardín común. Cada niñx representaba un país y comenzaba diciendo: “declaro la guerra en nombre de…” y corríamos. Cuando era estudiante universitaria, la Guerra, ya no era un juego, sino el tema de mi exposición semestral en Derecho Internacional Público; la escribía con la primera letra en mayúscula y exponía los protocolos y trataba de hacer comprensible el tema, explicando minuciosamente su argumentación y debate. El tiempo transcurre y la guerra o (con la primera letra en mayúscula), la Guerra, deja de ser un juego, un tema de exposición y hoy la veo como un ejercicio de poder, una decisión política que aun cuando provoca destrucción, muerte y dolor, se afirma como una victoria, una necesidad de asumir soberanía… ¿y el dolor? ¿Y la muerte?
La manifestación de nuestro país con respecto a condenar el uso de armas químicas en el ataque a Siria tiene todo mi respeto y deferencia. No existe en mí razonamiento alguno que posibilite la destrucción humana. Eduardo Galeano, escritor uruguayo, se preguntaba: “¿Hasta cuando seguiremos creyendo que hemos nacido para el exterminio mutuo y que el exterminio mutuo es nuestro destino?” Y ahora mismo, nadie puede dar una respuesta, supongo que no sólo yo siento este desconcierto y baso mi hipótesis en los señalamientos en contra de estos hechos, emitidos por las diversas naciones, en las que orgullosamente se encuentra nuestro país. Porque como señalara la escritora norteamericana, Susan Sontang, en su obra Ante el dolor de los demás, “Durante mucho tiempo algunas personas creyeron que si el horror podía hacerse lo bastante vívido, la mayoría de la gente entendería que la guerra es una atrocidad, una insensatez.” Sin embargo, el tiempo ha pasado y en el colmo del colmo, tenemos noticia de representantes de países, exclamando un prosaico: “esto no se va a quedar así, esperen consecuencias.” Como si se tratara de un patio de juegos para niñxs. No puedo entenderlo, porque las imágenes que nos presentan los medios de comunicación son suficientemente devastadoras para conmover a cualquiera. Nos presentan la muerte, la miseria y el horror vivido por otrxs que como nosotrxs, somos parte de la misma humanidad, por más distancia geográfica, costumbres, idiomas. Y es que me gusta creer que el mundo es mundo y en este que nos toca vivir, debemos caber todos los mundos. Vuelvo a citar a Eduardo Galeano, para afirmar: “Si el mundo, este mundo, merece ser otro mundo, la marcha por la Paz, (…) merece millones y millones de pies.”
Hoy te invito a iniciar la semana creyendo en la Paz, como una oración matutina haz la Paz contigo, con tu familia, con tu vecindario, en tu trabajo… quizá entre todxs, con nuestra fe, podamos mover esa gran montaña que si seguimos impasibles, terminará por caernos encima.
vía: https://sumariosmtlbajio.
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