“El miedo ciega (…) el miedo nos mantendrá ciegos”.
José Saramago
¿En qué momento comenzamos a sentir miedo de la persona que recién llega a una tienda de autoservicio y se forma tras de nosotrxs? ¿Cuándo inició el sobresalto por la patrulla que hace su ronda, mientras vamos en el auto sin cometer falta alguna? La extrañeza y nerviosismo que hoy nos acompaña se ha convertido en la eterna vigilante de nuestros propios movimientos al entrar y salir del cajero automático, sí, los nuestros, como si también fuera posible que por impulso cometamos una falta contra otrx. ¿Qué ha pasado para que, -como lo señala el escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez, en su obra El ruido de las cosas al caer- tengamos que aceptar que el miedo “... pasó de ser un asunto casual, una de esas malas pasadas que nos juega la memoria, a convertirse en un fantasma fiel y dedicado, presente siempre…”?
¡Cuán lejos queda pensar en el impulso natural que nos acompañaba como temprana alerta para cuidar de nuestros movimientos al encontrarnos en una pendiente y descender! Porque hoy, esa reacción natural de intentar atrapar aquello que veíamos próximo a nosotrxs, se ha convertido en un movimiento corporal inmediato de protección o, aún más, “la necesidad” de revertir el ataque lo más pronto posible, y sí, eso también es miedo.
Hace tiempo alguien me explicó que recibir una franca agresión sin motivo no es otra cosa más que la manifestación del miedo de la persona que agrede. ¿Es esto lo que ahora ocurre? ¿O es que la indolencia y la indiferencia nos está facturando y el miedo no es otra cosa que la culpa por mantener el silencio y no involucrarnos cuando alguien frente a nosotrxs está siendo dañadx? Parece que “evitar problemas” comienza a hacer efecto en nuestra conciencia.
Mientras escribo estas palabras una lluvia de imágenes cotidianas me llevan a reflexionar en el día a día de mi propia ceguera social. Nos importa la desgracia hasta que ocurre en nuestra casa, sea enfermedad o siniestro. Nos interesa cuando tiene nombre y apellido y está cerca o sabemos quién es, o peor aún creemos saberlo. Hoy sólo quiero que nos atrevamos a preguntarnos: ¿es demasiado interesarnos por lo que ocurre en nuestro entorno? ¿de verdad es una pérdida de tiempo detenernos a pensar que todxs somos el prójimo de alguien, y por lo tanto el transeúnte o quien va al volante es también nuestrx prójimo? Quizá ahora mismo estarás por preguntarme ¿y la inseguridad? ¿y el rol de las autoridades? Yo, en este minuto, sólo puedo reflexionar en lo que nosotrxs como sociedad consciente podemos hacer por acompañarnos e involucrarnos con ayuda mutua, porque no merecemos la ceguera y el espanto constantes, así, no lo merecemos y sólo por eso vale la pena intentar asumirnos como un tejido social tan resistente que quiera contenerse lxs unxs a lxs otros, porque el esfuerzo lo vale.
Vía: https://sumariosmtlbajio.wordpress.com/2018/04/09/09-abril-noticias/

No hay comentarios.:
Publicar un comentario