martes, septiembre 18, 2007

Un semáforo en rojo

No decía: "¡Alto!"





Decía, gritaba: "¡Sigue!"









Creo en las partidas de ajedrez y solía creer en los reinados, de pequeña imaginaba familias -me reconozco gregaria-, imaginaba que juntos caminaban, por alguna razón siempre juntos, y así era como descansaban o discutían, pero al final se quedaban. ¡Eso...! Quedarse o no, era lo que me gustaba y aburría, de mis propios cuentos; hasta que un día pensé, eso pensé por primera vez ¿quién soy, por qué aquí, de dónde vengo, a dónde voy? Lo recuerdo, en la esquina del parque, frente a un semáforo a los once años, en un alto que resonó en mi cerebro, y se abrió la puerta, ahí estaba: obtuve la mirada más larga que tengo, la misma que me perseguiría hasta "jamás", esa la que decía ¡escribe! "Esto eres, ya no hay otra forma".

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