miércoles, septiembre 10, 2008

El pinchazo

No me di cuenta antes que el minuto inicial al llanto, se siente un piquete agudo en la parte trasera de los ojos. Es como una aguja en sentido contrario al globo ocular, como si lo pinchara hasta abrirlo y estallan en gotas enteras hacia el frente, por las mejillas. Duele, es un pinchazo, pero es suficiente para recordar que "crecer duele".


Ando buscando a mi familia por toda la casa, encuentro en su sitio mis libros, mis textos, mi trabajo, mis películas, pero además de peces, tortugas y Lola, no encuentro nada más... y duele. No encuentro la sonrisa de mi hermana ni las voces de mis sobrinas, la sonrisa del peque ni la voz de mi hermano; no hallo nada de mi madre ni siquiera sus gafas y no tengo la alternativa de ir a visitarlos en transporte público o en el auto de alguno de mis amigos. Son muchas horas, no es la misma ciudad, en eso pienso cuando medito sobre verlos, entonces llego y me abrazo a mis rodillas y viene el pinchazo.


La verdad es que es una sensación desconocida, han pasado años y no hubiera pensado en desear abrir un "refri" en la misma ciudad en la que me encuentro, querer visitar a la abuela o buscar a mi prima con su Leonardo, mi sobrino, pero resisto. Tal vez porque la sensación va desapareciendo y aparecen los créditos de una película "Wings of Desire" (Las Alas del deseo) de Wim Wenders, o alcanzo a ver la carátula del libro que leo ahora"Historia de la Sexualidad 1, la voluntad de saber" de uno de mis autores favoritos Foucault, y lo entiendo: elegí, ese es el punto.


Comencé a ver la película, tras mi descubrimiento, y la primera secuencia, tan familiar (ya había visto el film), siempre me deja tranquila, hoy no fue la excepción:



"Cuando el niño era niño...


andaba con los brazos colgando.


Quería que el arroyo fuera un río...


el río, un torrente...


y que este charco fuera el mar.


Cuando el niño era niño...


no sabía que era niño.


Para él todo estaba animado...


y todas las almas eran una.


Cuando el niño era niño,


no tenía opinión sobre nada.


No tenía ninguna costumbre.


Se sentaba en cuclillas,


se levantaba corriendo,


tenía un remolino en el cabello


y no ponía caras cuando lo fotografiaban."

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