soy veneno en dosis breves, bálsamo si me tragas;
alcohol en la sangre y la sangre en la boca.
Amo, como y duermo del mismo modo, infinitamente;
confío y me parten, me entrego y me parten:
a quien más he querido me ha llamado paranoica,
a quien más he rechazado me ha enseñado el cielo;
quien me busca no me halla, quien me evade me encuentra.
Soy la reina de las fracasadas, diosa de las miseradas
tras conjuro no llego, tras mortaja, me atengo;
odio la mentira, la falta de fe, juntas forman mi mayor virtud.
Me falta el aire y no abandono el tabaco,
me atengo a lo imposible y lloro por lo probable;
nací mujer, y es mi victoria construirme diablo,
soy el diablo y no una diabla más,
soy mi juicio y mi verdugo, mi cárcel, mi condena.
Cuando cae la noche, mi corazón late sin pausa,
asume la consigna de la sangre que hierve a solas,
del pubis abierto y el viento en las manos;
frente al espejo, reconstruyo mi nombre,
el reto de no ser, y en la ley del deseo:
¡soy el diablo, soy el diablo!
Advierto y no escuchan:
“No te fíes de mis manos, si te toman no te dejarán partir.
Esto que soy te matará, lentamente, reza por ti.”
Yo soy la reina de las fracasadas, diosa de las miseradas,
Y en la “ley del deseo”: ¡soy el diablo, soy el diablo”.
Reza por ti.
22.49/Julio 24, 2005.
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