En madrugadas como esta, lo admito, hay cierta incertidumbre sobre las palabras que elijo para escribir. Las formas precisas, el balance exacto entre lo que se ha dado a llamar "voz literaria" y lo que deseo decir. Sí, también es el minuto en que me hace falta "el cómplice lector".
Después de todo creo que no le daría a leer el o los textos, tal vez sólo compartiría la aria de ópera que en este momento escucho, mientras inevitablemente pienso: cuando llegues prometo que no habrá reclamos sobre el tiempo que has tardado. Sólo apresura el paso, la vida no se equivoca y sigue esperando.
Ahora sigamos al descanso, en una de tantas, en este sueño me dices tu nombre.
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| Los ojos que miran, las palabras que se dicen. Ese y no otro es el milagro. |

2 comentarios:
Supongo que este siempre debió ser el lugar más seguro, no? Un eterno beso.
Un eterno beso, mi querido siempre. Sí, el lugar más seguro.
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