“Morgana” (2011), la película más
reciente del director Ramón Obón, nos lleva a recordar el espíritu de otra
cinta mexicana “Hasta el viento tiene miedo”. Se trata de la típica historia de
fantasmas. Tal es la experiencia del director a cargo de diversos guiones como:
“Las aventuras de El Santo”, “Santo contra los asesinos de otros mundos”, “El
imperio de Drácula”, entre otros.
Aproximadamente durante 79
minutos damos cuenta de la historia, de una joven que se sueña en la casa de su
niñez, un hermoso lago frente a la ventana y otra mujer que la invita a
sumergirse bajo el agua. La experiencia del director Obón, también responsable
del argumento, nos permite invocar motivos recurrentes en este tipo de cintas,
desde la casona en el bosque hasta el personaje adulto que refiere su trágica
historia de amor. “Morgana” consigue ser un ejemplo del cine gótico a la
mexicana que si bien no termina de morir, tampoco alcanza su esplendor.
El veterano cineasta parece olvidar
la evolución del género. Tan sólo con la cinta KM 31, observamos un nivel mayor
de sofisticación. Más allá de la tecnología y los efectos visuales, los cuales
no son requisito indispensable para la calidad de una cinta, lo cierto es que
en “Morgana” es persistente el drama de los vivos –el conflicto entre la chica
y su tía solterona, el novio y la mejor amiga–, más que la atención en su
espectral antagonista, por lo que cualquier indicio de terror se disipa.
El reparto cuenta con actores
consagrados, como Lilia Aragón y Luis Felipe Tovar, y jóvenes promesas como Alejandra Adame o
Alejandra Toussaint. Aun así no tienen mucho material con qué trabajar. Estamos
ante una cinta que tras su verbosidad a ser heredera de una tradición del
género de terror más cercano a nuestra identidad, pero sobre todo a la calidad del
cine mexicano por la que en la última década se ha caracterizado.
@jazzczcx

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