El viernes de la semana pasada (19/10/07), después de mucho "batallar" fuimos al cine. La estrategia era ver al menos una de las películas del Tour de Cine Francés, ya que por exceso de "quehacer" no se podía participar de su totalidad. Así que lo intentamos el jueves primero, sin éxito. Por fortuna el viernes los ánimos se enfriaron en la taquilla y no hubo impedimentos extraordinarios, pudimos comprar el boleto sin el temor que hubiera una discusión y policías.
"Ir al cine", es parafraseando a Metz, es "Ir de viaje", esta vez de vacaciones con una familia al parecer convencional, con hábitos relativos a un verano en Europa; la presencia de un vecino, parece que convierte esta aparente historia cotidiana, con un pasaje visual, extraído de lo mejor que se ha hecho en últimas fechas.
Desde la exposición de los créditos, hasta la dimensión personal o emocional, el desarrollo de “El hombre de su vida” (L’Homme de sa vie, 2006), a la cual se le ha denominado La cinta más intensa, fuerte, reflexiva, del 11º Tour de cine francés, se convierte -y esa, y no otra es la palabra- en una estructura visual maravillosa, porque lo maravilloso como tal tiene el carácter sorpresivo, la posibilidad implícita de decir "estaba allí tal forma y no la vi, hasta que... la mostraron"; eso es lo maravilloso en este film, imágenes que han estado allí probablemente, pero que en la yuxtaposición, en la composición de la pieza, como un material único, se nos presentan reveladoras. Las letras de los créditos, las que están inscritas en las paredes que forman palabras conforme avanza el sol, los rostros de los dos hombres, juntos, enmarcados por una ventana, o al lavarse y beber agua, uniéndolos por completo. Esta composición, esta fuerza visual con la que se argumenta y sustenta cada imagen permiten al espectador participar en el goce fílmico, en la emotividad.
Y qué decir de la narrativa que reitera escenas reforzando lo que ya se "ve", lo que se ha planteado en un instante, como el deseo, como el amor, porque un instante puede recorrer la vida de dos seres; el director Zabou Breitman incorpora un espléndido interludio con música, los personajes cumplen la promesa del deseo, la pantalla se contrae, los personajes se liberan: humanos.
Hugo y Frédéric no representan la historia de amor en clisé, ni siquiera la idea del "intruso" es convencional; "El hombre de su vida", es una historia de los sentidos, es un pasaje a la reflexión, es una cortina de momentos articulados y sencillos; es la historia de la abuela, justo en el pasaje de la puerta que tiene fuerza de viento; es la historia de la adolescente que observa las partículas de la sangre, la suya, frente al microscopio; pero es también una madeja vital, como la piel, como el rencor, como el dolor, como el desamparo y como la confusión, tan humana como honesta, tan visual como olfativa.
Hugo (Charles Berling) abre la puerta de su casa y el fondo rojo da lugar a los sentidos; Frédéric (Bernard Campan) lo mira correr y resbala hacia el interior de sí, mientras su hijo en tono sorpresivo lo regresa al sitio, pero no a la realidad. Hugo es el catalizador, la medida sin mesura en la existencia de Frédéric (Bernard Campan); el guión, del realizador Zabou Breitman y Agnes de Sacy, posee una profundidad que no se resuelve por el texto abundante ni las palabras engarzadas sino que se cobija por la luminosidad de las escenas planteadas; por la musicalización de las emociones, por el final que no es, pero está.
La historia de "El hombre de su vida", es eso una historia, pero va más allá de ir de principio a fin, lo diré con palabras de Juan José Arreola "La distancia más corta entre un punto y otro es la línea recta, pero hay quienes prefieren la curva", este es el caso, es el maravilloso caso que posee este film. Si me detengo un poco, debo aceptar que la compañía -con quien asistí al cine-, contribuye suficiente para recomponer lo que se ve, lo que se mira, lo que se escucha, lo que se entiende, al fin y al cabo "El hombre de su vida", es también una propuesta constante por un amor no convencional, un amor que conforme avance el sol podrá descubrir la palabras que lo conforman, como el mío.


1 comentario:
Master!
Publicar un comentario