viernes, abril 19, 2013

Con la bestia en el corazón




Mientras caminaba por los pasillos de la librería era la primera vez que escuchaba hablar de la escritora rumana, Herta Müller, premio nobel de literatura 2009, nacida en 1953 en la parte de Banato Suabia de Rumanía. Leí acerca de ella que tras sus estudios en de filología germánica y románica, en 1976, inició su vida profesional como traductora en una fábrica de maquinaria. Me pareció interesante saber que cuando se negó a colaborar con el servicio secreto fue perseguida e interrogada y que ello trajo como consecuencia que se le prohibiera viajar y publicar. 

Tras buscar alguna obra que me permitiera escuchar lo que decía, tropecé con “La bestia del corazón” (Siruela, 2009). Al principio me costó un poco adaptarme a su estilo, pero luego una vez que silencié mi entorno lo disfruté mucho. Las primeras líneas me maravillaron: “Cuando callamos, nos tornamos desagradables, dijo Edgar. Cuando hablamos, nos tornamos ridículos.” La historia de un grupo de amigos que ven en el suicidio de una joven estudiante del sur de Rumania, quien intenta con ello escapar de la pobreza durante el régimen de Ceaucescu, una razón para resistirse contra el sistema. 

“…Cómo habría que vivir pensé para encajar con lo que se piensa…” 


A lo largo de las páginas de La bestia del corazón, caminamos con este grupo de jóvenes que buscan que su individualidad no sea destruida. Nuevamente, como en otras novelas de la misma autora, el escenario social de corrupción, desolación, hastío del mundo. Relatado en primera persona, mas con el transcurrir de las páginas, pronto sabemos que se trata de un personaje colectivo, el mismo que bien pueden ser los oprimidos o los opresores y va recreando la atmósfera; es, a su vez, el único personaje que no tiene nombre, los demás sí, cada uno de sus amigos, quizá como un simbólico desenlace de aquello a lo que tanto se resistía, la anulación de la identidad. 

Cuando el suicidio está consumado, en la primera parte de la novela, llega el enfrentamiento con la muerte: “Vi la bestia de su corazón. Pendía cerrada en la bombilla. Estaba encorvada y cansada. (…) Cómo habría que vivir pensé para encajar con lo que se piensa en cada momento. Cómo lo hacen los objetos que pasan en la calle y pasan desapercibidos cuando pasamos a su lado, aun cuando alguien los ha perdido.” 

Esta es una novela de la palabra y del silencio. Es también una novela de recuerdos, quizá de la propia autora o la memoria colectiva; lo cierto es que llegado un punto la autora nos recuerda que <<la bestia del corazón>> es también aquella que nos hacer ser quien somos, por más que deseemos abandonarnos no conseguiremos ser objetos, pasar desapercibidos, aun si nos sentimos perdidos, pues como afirma: “La hierba despunta sobre la cabeza. Cuando hablamos queda segada. Pero también cuando callamos. Y entonces, la segunda y la tercera hierba crecen a su antojo. Y pese a todo, somos afortunados.” 


@jazzczcx

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