viernes, abril 12, 2013

Llamadas telefónicas y Paul Auster


Terminé mi llamada telefónica y fue entonces cuando recordé el inicio de la novela “Trilogía de Nueva York”, de Paul Auster: “Todo empezó por un número equivocado, el teléfono sonó tres veces en la mitad de la noche y la voz al otro lado preguntó por alguien que no era él.” Sin embargo, el escritor, guionista, director de cine estadounidense, Paul Auster, Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2006, Premio Leteo 2009, nos lleva ahora a “El cuaderno rojo. Historias verdaderas”, editado recientemente por Seix Barral, un pequeño libro de no ficción, en el que comparte algunas de las razones para escribir. 

Ante la mirada del lector se abren anécdotas trágicas y cómicas. La del niño apocado –el propio Auster–, que vio morir a Ralph, su compañero de colegio a tan sólo un metro de él, tocado por un rayo que lo fulminó porque, quizá, tan simple como la tragedia, había cedido su lugar a Auster. Tal vez sin este evento el escritor no habría podido plantearse: “…cómo el azar decide de repente la vida y la muerte de las personas, (…). El mundo es un misterio azaroso.” 

En “El cuaderno rojo…” también suena el teléfono y el autor nos habla de la muerte de su padre, de la hora en que recibió la noticia, de esas breves ocho de la mañana en que pasado y presente se mezclaron, para convertirse en lo más cercano a la melancolía que se desliza en sus letras (como a esta hora en quien esto escribe). “Los teléfonos son enigmáticos y amenazadores.” Sentencia el autor. Y continúa diciendo: “…el teléfono es una ruleta rusa, aunque el muerto no sea el que recibe el disparo, la llamada telefónica…” 



Estamos ante “El cuaderno rojo…”, el sitio en que el autor habla de sí, nos conduce con esa suerte de metaficcionalidad, el autor que habla del autor; es Paul Auster un personaje y autor del personaje, se enuncia y se denuncia. Nos acerca a sus orillas y nos permite conocer el color de sus abismos. Los ruidos que le reclaman y los silencios que lo insultan. Una obra, sin dudarlo, tan personal como nuestra. La muerte de su padre, su travesía como escritor, su soledad, su locura y su claustrofobia urbana. La forma en que vive y sortea la maldición: “Ser escritor es convertirse en un extraño, en un extranjero: tienes que empezar a traducirte a ti mismo.” Y con estas palabras damos cuenta que “El cuaderno rojo. Historias verdaderas.”, no sólo constituye el espacio en que podemos acercarnos a uno de los escritores imprescindibles de las últimas tres décadas, si no también a sus motivos literarios, a sus sin razones y a sus requiebros. Quizá sea por ello que podamos sentir un tenue escalofrío si recibimos una llamada telefónica, un domingo a las ocho de la mañana, aunque no sea la gran manzana. De algún modo, Paul Auster, desde ya, es un escritor tan neoyorkino, como nuestro. 


Lo imprescindible del autor: “Trilogía de Nueva York”,1996; “Leviatán”, 1997; Editorial Anagrama.

@jazzczcx

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